20 de febrero de 2020
 

El acusado de matar a un sordomudo en el Metro de Barcelona dice ser inocente

Actualizado 01/10/2008 19:17:41 CET
EP

BARCELONA, 1 Oct. (EUROPA PRESS) -

El acusado de matar a un sordomudo lanzándolo a las vías del tren cuando un convoy entraba en la estación de Metro de Navas de Barcelona aprovechó su derecho a la última palabra para volver a declararse inocente y pedir que lo ingresen en un centro psiquiátrico para tratar la esquizofrenia que padece.

"Soy inocente, y espero que el jurado tenga la suficiente capacidad para determinar la menor pena posible, porque, como he dicho, soy inocente y no creo que tenga que estar en prisión; lo que necesito es estar en un centro psiquiátrico, que me cuiden", concluyó David Z.G., un barcelonés que entonces tenía 29 años y padece esquizofrenia.

En cambio, en base a todas las pruebas y testimonios vertidos durante el juicio con tribunal popular que se celebra en la Audiencia de Barcelona, el abogado de la defensa admitió que "no hay duda" de que su cliente fuera el autor de los hechos, y "negar esto es engañarse a si mismo", sentenció.

Durante la tercera sesión del juicio con tribunal popular que se celebra en la Audiencia de Barcelona, todos los psiquiatras que examinaron al acusado de matar a Joaquín A., un vendedor de cupones de la Once de 52 años, afirmaron que sufre esquizofrenia indiferenciada pero discreparon sobre si padecía un brote psicótico que anulaba sus facultades mentales en el momento de los hechos, el 21 de febrero de 2007.

Los forenses presentados por la Fiscalía dijeron que el joven negó haber cometido el asesinato cuando, por lo general, los esquizofrénicos reconocen sus actos pero los justifican con las alucinaciones que ven o las voces que oyen en su interior. Además, los cuadros delirantes pueden durar semanas.

"En este caso, se nota que miente porque es un hecho muy bien planificado", explicó el doctor Lluís Borràs, quien recordó que el acusado presuntamente se colocó detrás de la víctima con la cara semicubierta y esperó el momento oportuno --la entrada del suburbano-- para tirarla del andén. "Sabía que era un acto mal hecho", concluyó.

Sin embargo, los doctores Maria Gemma Hurtado y Álvaro Muro sostuvieron que David Z.G. era víctima de un brote psicótico --y, por lo tanto, tenía sus facultades mentales anuladas--, aunque no lo contara porque "no todo psicótico en todo momento tiene que contarlo todo" sobre su delirio, explicó el especialista.

"Que esconda cosas o mienta no implica que fuera consciente", agregó la psiquiatra, quien trató al procesado en el Centro Torribera, psiquiátrico de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), donde llegaba agresivo por la interacción de la enfermedad con las drogas pero se iba poco después porque "no suponía un peligro", según los forenses de la parte acusatoria.

Muro también explicó a los miembros del jurado que el acusado le dijo que días antes empezó a sufrir alucinaciones, a ver manchas de sangre y caras desfiguradas en la televisión y que la piel de su hermano tenía un color extraño, lo que lo llevó a pensar que no era él.

Según le contó, en el momento del crimen estaba sentado en un banco cercano a la estación de Navas de la Línea 1, cuando miró el reloj, vio un reflejo, miró al sol y vio una nave extraterrestre y como un alienígena bajaba de ella con "exactamente" su mismo aspecto y entraba en el Metro. Poco después, David Z.G. fue detenido.

En vistas de las declaraciones de los psiquiatras, el abogado de la acusación decidió aplicar la atenuante de alteración psicológica y rebajar de 20 a 17 años de prisión la pena solicitada, pero mantuvo los 125.000 euros que pide para la hija de la víctima; cantidad que, a su entender, Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) debería afrontar subsidiariamente por no haber tomado ninguna medida de seguridad en el acceso a la estación.

El fiscal también rebajó su petición de 17 a 14 años de cárcel por un delito de asesinato con alevosía con la agravante de disfraz, al entender que concurre la eximente incompleta por el trastorno mental que padece el acusado.

IMÁGENES DE UN ASESINATO

La presentación de pruebas finalizó con el visionado de dos vídeos grabados por las cámaras de videovigilancia. En ellos se puede ver como, sobre las 15.20 horas, el acusado, que frecuentaba un comedor social de la zona, llegó al poco concurrido andén lateral de la estación de Navas hacia el Hospital de Bellvitge y se paró a escasos metros del túnel por donde entran los convoyes.

Poco después llegó la víctima --quien iba hacia la avenida de Madrid, en el barrio de Sants, donde vendía cupones--, y, cuando el tren entró en la estación, David Z.G. propinó un fuerte empujón a Joaquín A. y subió corriendo las escaleras. Segundos después, fue alcanzado por varios usuarios que presenciaron los hechos y que le retuvieron hasta que llegaron los Mossos d'Esquadra.

Los trenes entran en las estaciones a 35 kilómetros por hora, por lo que la conductora del convoy no pudo evitar atropellar a la víctima, que murió por la importante hemorragia producida por las fracturas craneales y costales, y sólo logró frenar a unos metros del otro extremo del andén.