Actualizado 29/03/2007 02:00

Rafael Torres.- ¿Cuánto cuesta?

MADRID 29 Mar. (OTR/PRESS) -

La ignorancia del presidente del gobierno en relación al precio de un café, natural por cuanto debe hacer tiempo que no se toma y paga uno en un bar y porque el del Congreso está subvencionado y sólo cuesta setenta y tres céntimos, sí deja, en cambio, algún motivo de preocupación por el simbolismo que trasciende de la anécdota: la cuestión no es que el presidente deba conocer el precio actual de una taza de café en un bareto, sino que debe saber cuánto le cuesta al ciudadano que le formuló la pregunta, esto es, qué repercusión tiene ese gasto en sus ingresos. Porque si no conoce cuánto le cuestan las cosas a la gente porque él no hace gasto de ellas en su actual cargo (la vivienda, que la tiene gratis en Moncloa; el transporte, que también por el uso de vehículos oficiales; la prensa, porque se la llevan cada mañana...), no podrá entender cabalmente las fatigas y los apuros, la menesterosidad casi, de esa gran parte de la población que observa que mientras la economía nacional crece, la suya particular mengua sin remedio.

Pero dejando a un lado el asunto del cafelito, que no es tan baladí como parece, las respuestas a otras preguntas que los ciudadanos formularon al presidente en televisión desvelaron también un cierto alejamiento o aislamiento de la realidad, circunstancia que no contribuyó a disipar el guión y el aliento en la nuca de sus asesores de imagen, que hicieron con el presidente un pésimo trabajo. ¿Qué es eso de obligar a una persona tan educada como Zapatero a tutear a sus interpelantes? Según el marketing político, político y americano, eso del tuteo a troche y moche crea cercanía, proximidad, pero con ello se despojó al personaje de una de sus principales bazas, la esmerada educación. También se quisieron cargar su ingenuidad, su espontaneidad, todo eso que compone su halo, su carisma y su enganche electoral, y menos mal que no lo consiguieron del todo pese a lo que perseveraron en ello los asesores esos del demonio.

Con todo, y para evitar futuras disfunciones a cuenta del café, se podría unificar el precio, a los setenta y tres céntimos del Congreso, del solo, el cortado y el con leche.

Rafael Torres.

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