El turismo de lujo ya no se mide en estrellas hoteleras, sino en la pureza de las experiencias, el espacio respirable y la capacidad de un lugar para transformar el estado de ánimo de quien lo habita. En el sur de Gran Canaria, allí donde las corrientes del Atlántico se encuentran con la imponente geografía de las islas, existe un lugar que ha entendido a la perfección este cambio de paradigma.