Charles Chaplin: Cinco de sus clásicos fundamentales

Charles Chaplin en Luces de la ciudad (City Lights)
UNITED ARTISTS
Actualizado 16/04/2018 11:17:31 CET

MADRID, 16 Abr. (EDIZIONES) -

El 16 de abril de 1889 nacía Charles Spencer Chaplin. De padres artistas, poco tardó este joven inglés -cuyo lugar exacto de nacimiento sigue siendo todo un misterio- en abrazar el mundo del espectáculo y, más concretamente, el del cine. Y en el séptimo arte marcó un antes y un después; se convirtió en icono.

Apenas cumplida la veintena llegó a Los Ángeles con la cabeza llena de ideas. Las mismas que, poco a poco y haciéndose hueco en la industria -fundación de United Artists mediante-, fue plasmando en sus películas entre los años 20 y los 50, periodo durante el que dejó su mayor legado.

A los 88 años de edad, la luz de Charles Chaplin se apagó la Navidad de 1977 en su residencia de Vevey, Suiza. Pero para la eternidad quedaron cintas como La quimera del oro (1925), Luces de la ciudad (1931) y El gran dictador (1940) y, por supuesto, el mítico personaje de Charlot.

Por eso, como homenaje en el aniversario de su nacimiento, repasamos 5 de sus clásicos fundamentales.

EL CHICO (1921)

Un retrato de la pobreza en los años 20 a través de la virtuosa y original mirada de Chaplin. Uno de sus mejores largometrajes; seguramente el más triste. El vagabundo (Chaplin) se encuentra a un bebé desamparado (Jackie Coogan) y lo cuida entre pillerías hasta que lo reclaman para ingresar en un orfanato. Divertida y conmovedora.

EL GRAN DICTADOR (1940)

La película más exitosa de Chaplin como director. Un barbero judío y un tirano anti-judíos guardan, curiosamente, un asombroso parecido. A partir de ahí se desencadenan una serie de casualidades que se acaban convirtiendo en este aplaudido alegato contra el fascismo. Para rematarlo, un discurso para la historia.

LA QUIMERA DEL ORO (1925)

Una de sus películas más hilarantes, con fragmentos históricos de humor físico y que da buena muestra del manejo que Chaplin tenía de la escena. Interpreta a un buscador de oro que llega a Alaska a comienzos de siglo, pero una tormenta de nieve lo lleva a refugiarse en la cabaña de un bandido. Charles Chaplin por antonomasia.

TIEMPOS MODERNOS (1936)

Brillante sátira política y social sobre la industria y La Gran Depresión, no por ello menos divertida que el resto de sus largometrajes. Su famoso The Tramp (Vagabundo) es, en esta ocasión, un humilde trabajador que un día pierde la razón y es despedido. Desde la cárcel, y más tarde fuera de prisión de nuevo, sigue con su lucha por sobrevivir.

LUCES DE LA CIUDAD (1931)

El Chaplin más romántico y emotivo. Su Charlot se enamora de una chica ciega a la que no cuenta que está en la vil ruina. Así, para esconder su verdadera identidad y, sobre todo, ayudar a la joven a recuperar la vista, el protagonista pasa una y mil penurias con tal de conseguir el dinero. Hermosa, divertida y con un hondo poso de melancolía.

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