HIM se despiden de Madrid: Y el príncipe de las tinieblas se hizo luz

 

HIM se despiden de Madrid: Y el príncipe de las tinieblas se hizo luz

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HIM EN LA RIVIERA
PATRICIA CANO
 
Actualizado 16/06/2017 13:25:51 CET

MADRID, 16 Jun. (EUROPA PRESS - David Gallardo) -

Como suele suceder en cualquier gira de despedida que se precie, HIM dijeron adiós a Madrid a sala llena, con La Riviera abarrotada hasta el máximo de su aforo permitido con 1.500 fans que agotaron las entradas en apenas unos días, allá por el mes de enero.

Tal es el predicamento que la banda finlandesa sigue manteniendo entre el público capitalino, a pesar de que quedan muy lejos ya los años de máximo eramonamiento mutuo, cuando el éxito se desbordó en 1999 con aquel Razorblade Romance que puso a Ville Valo y los suyos en órbita.

Un disco esencial en la trayectoria de HIM (His Infernal Majesty), iniciada en 1991 en Helsinki y que terminará a finales de este año, después de que el grupo se haya despedido convenientemente del público europeo ahora, y estadounidense en otoño.

En el camino, ocho discos de estudio, el último de ellos Tears on Tape, de 2013. Un epílogo a una obra que alcanzó su cima con Razorblade Romance, Deep Shadows and Brilliant Highlights (2001) y Love Metal (2003), siendo este último, además, el que resume la música de HIM.

Porque los finlandeses hacen metal pero son inevitablemente románticos en su oscura y gótica languidez, con el vocalista Ville Valo como magnético e icónico vampiro al frente. En la penumbra, ante el micrófono, encadenando éxitos que ahora se revelan atemporales.

Y el gentío aúlla a la luna llena mientras atronan Buried alive by love, Heartache every moment y Your sweet 666. Triunvirato pretérito que deja claro que la banda ha venido a despedirse regodeándose en su legado. Reivindicándose como autores de canciones por encima de todo, más allá de etiquetas.

Son los tres mencionados álbumes los que reciben la respuesta más impetuosa por parte de una parroquia que se apelotona contra las primeras filas en una muchedumbre pertinentemente uniformada con el sempiterno color negro como seña de identidad.

Y se suceden Resurrection, Kiss of a Dawn, Sacrament, Tears on Tape, Wings of a Butterfly, Stigmata Diaboli, Gone with the Sin, Bleed well y la contundencia de It's all tears, en la que Ville demuestra su amplio rango vocal, de lo gutural a lo melosamente melodioso, pasando por agudos chillidos de garganta rota.

El recital se parte en dos con la popular versión guitarrera que HIM hacen del Wicked game de Chris Isaak, a la que siguen Killing loneliness y la coreadísima Poison girl, con uno de esos estribillos pegadizos que les acercan al pop rock para todos los públicos y que, de hecho, les llevó al éxito mayoritario con el cambio de siglo.

Turno para Heartkiller antes del gran momento de la noche, inevitablemente para Join me in Death, el clásico por excelencia de HIM, el que resume toda su propuesta y concentra toda su esencia, con todos los asistentes coreando y alzando los móviles para registrar y compartir el momento.

Un momento en el que viajan en el tiempo hasta hace casi veinte años, cuando la banda finlandesa más vendedora de la historia entró fulminantemente en sus vidas como el enamoramiento a traición en esa noche que tanto inspira a HIM en general y a Ville Valo en particular, convertido para el recuerdo en el vampiro romántico definitivo.

Porque por mucho que Hollywood se empeñe en Robert Pattinson y la saga Crepúsculo, para otra generación es Ville su vampiro favorito. Y es que les canta In joy and sorrow, Right here in my arms y The funeral of hearts y el gentío se deja llevar hacia las tinieblas sin remordimiento alguno.

Unas tinieblas que no son figuradas en este caso, pues la puesta en escena de la velada es básicamente contenida penumbra con algunos momentos puntuales de explosión lumínica controlada. Y eso no cambia para el tramo final de los bises, para cuando el sonido inicialmente embarullado ya es del agrado generalizado.

Y para cuando el inicialmente hierático cantante ya se despendola arropado por el indudable músculo del resto de la banda. Es así como en las últimas canciones la despedida se convierte en alegre celebración sin lágrimas con el karaoke generalizado de Pretending.

Porque HIM dicen adiós satisfechos con lo hecho y perpetrando una considerable tormenta sónica en Soul on Fire, antes del broche final con Embrace by love and death, perfecto epílogo para más de noventa minutos de solemne adiós. En un abrazo colectivo por el amor y la muerte, en la noche en la que su majestad infernal, el príncipe de las tinieblas, se hizo luz. Y se fue.

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