Rock in Rio Lisboa sucumbe ante Bruce Springsteen: A todo que sí

Bruce Springsteen en el Rock in Rio
ROCK IN RIO
Actualizado 20/05/2016 18:44:31 CET

MADRID, 20 May. (del enviado especial de EUROPA PRESS, David Gallardo) -

   Cualquier parecido del River Tour en Europa respecto al que recorrió Estados Unidos desde mediados de enero es pura coincidencia. La idea original, consistente en interpretar el doble álbum The River en su totalidad y en el mismo orden para celebrar su 35 aniversario, se mantuvo en territorio americano pero se ha difuminado al cruzar el Atlántico.

   La cita en Rock in Rio Lisboa era la tercera de este tramo europeo de la nueva turné de Bruce Springsteen & The E Street Band, tras el estreno en Barcelona y la segunda acometida en San Sebastián. Y como sucedió en ambas y sucederá este próximo sábado 21 de mayo en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, el respeto a ese concepto primigéneo es básicamente nulo.

   Porque por los motivos que sean, el rockero de New Jersey ha decidido que el público del viejo continente o no está preparado o no desea adentrarse en los recovecos de su celebérrimo disco de 1980. Y una vez asumida esta conclusión, la opción es una huída hacia adelante consistente en encender la gramola de los éxitos aparentemente sin orden ni estructura, en un modo aleatorio que resulta, en cualquier caso, tan solvente como convincente.

   Un azar (que no es tal, claro) que se centra en el 95 por ciento del repertorio en temas de Springsteen hasta 1984, con la salvedad de un par de excepciones de 2002. Y no pasa nada en realidad, pues el público del músico estadounidense acude a su liturgia con una premisa ya aceptada de antemano: a todo que si.

ENÉRGICO ARRANQUE

   Dando de lado al disco supuestamente protagonista de la gira y sin nuevo trabajo que presentar en esta ocasión, se suceden los grandes éxitos desde el avasallador arranque con Badlands, No surrender y My love will not let you down, al que siguen Cover me y Darkness on the edge of town, interpretados por una banda que va calentándose progresivamente, al igual que los 67.000 asistentes a esta jornada inaugural del festival Rock in Rio Lisboa.

   Llega entonces el primer recuerdo al álbum The River con un maestro de ceremonias que se adentra por primera vez entre la multitud, regalando las primeras sonrisas y los primeros gestos de complicidad con las primeras filas, agigantados gracias a las pantallas que jalonan ambos lados del enorme escenario que acapara todas las miradas en el igualmente mastodóntico Parque da Bela Vista.

   Arremangándose ya en serio a pesar de que canta ligeramente desacompasado y más lento que el ritmo impuesto por músicos, como siempre comandados desde el fondo del escenario por el auténtico motor de la E Street Band, que no es otro que Max Weimberg, baterista prodigio de la naturaleza que aporrea con tanto sentido como inapelable contundencia, desde la primera a la última canción de la velada.

   Turno después para The promised land por petición popular mediante el clásico cartel que Springsteen recoge del público, antes de otro momento festivo perteneciente a The River gracias a la pizpireta y desenfadada Out in the street, que precede un tramo más solemne y casi diríase que sombrío con Downbound train, I'm on fire y Atlantic city.

   A estas alturas han sonado dos canciones de The River y cuatro de Born in the USA, a las que se suman a continuación las muy festivamente celebradas Darlington County y Working on the highway (haciendo en este punto ya seis del mencionado exitoso disco de 1984). Tras ellas, Johnny 99 mantiene la velocidad de crucero pisando ligeramente el acelerador.

EL JEFE ENTRA EN CALOR...

   A mitad de recital, el momento que de alguna manera da sentido a todo con una intensa y emotiva interpretación de The River que concluye con un largo y evocador falsete de un Springsteen que, aunque en ocasiones da la sensación de haber aprendido a dosificarse a los 66 años (algo impensable en el pasado), se calienta a partir de este punto y ya no sabe detener la maquinaria que se incendia con Because the night y el selvático solo de guitarra de Nils Lofgren.

   Ración de gospel-rock-de-estadio con Spirit in the night y Springsteen de nuevo jugando con los fans más cercanos, antes de que se encadenen las dos únicas canciones del siglo XXI que sonarán esta noche, Lonesome day y The rising, ambas muy coreadas y cumpliendo a la perfección como punto de inflexión antes de que Rock in Rio Lisboa sucumba definitivamente ante El Jefe con una inapelable sucesión de pelotazos, amplificados por un sonido potente y razonablemente limpio salvo en momentos puntuales.

   Thunder road, Born in the USA, Born to run, Glory Days, Dancing in the dark y Tenth Avenue Freeze-Out conforman el tramo más celebrado por el público 'menos entendido y más ocasional', pues entre estas seis canciones están sin duda algunas de las más conocidas y queridas de los más de 43 años de trayectoria musical de Bruce Springsteen, quien a estas alturas no para de reírse y de dar las gracias al respetable. Pero toca ir pensando en la despedida y cierre.

   Aunque los conciertos de Barcelona y San Sebastián superaron las 3 horas y media, la cita en Lisboa es en un festival y el final con Twist and Shout y La Bamba llega cuando el minutaje se acerca 'apenas' a las dos horas y media, con el público en un ardoroso punto de ebullición similar al de la banda, en la que de un tiempo a esta parte cobra mayor protagonismo el saxofonista Jake Clemons, sobrino del recordado Clarence, fallecido en 2011 e importante baja para la E Street Band, por lo que es recordado (junto al teclista Danny Federici) en imágenes en las pantallas en el tramo final.

DESPEDIDA EN ACÚSTICO

   Ya con los músicos retirados detrás del telón, Springsteen regala "one more for Lisboa" en formato acústico desde el centro del escenario. Se trata de This hard land, emocional despedida que incita al recogimiento mientras esperamos a que la maquinaria se enfríe y deje de echar ese humo provocado por las 2 horas y 40 minutos de macizo y corpulento atracón rockero que a sus más fieles sabe a poco pero que colma con creces a los ocasionales.

   Una velada de éxito y de celebración con un lema infalible, 'a todo que sí', que también vale para el festival en general, pues el público de la franquicia Rock in Rio (ya sea en Brasil, Estados Unidos, España o Portugal) acude precisamente con esa actitud. Y así se sube a la noria, se arroja por tirolina o se adentra en una sucursal de Fnac levantada entre los puestos de comida y de todo tipo de marcas.

   Y no hay mayor problema si lo que toca es hacer media hora de cola para conseguir un sofá hinchable rojo de una conocida marca de telefonía, mientras atronan los conciertos de Stereophonics y los héroes locales Xutos & Pontapés atrona y las imágenes de lo que acontece sobre el escenario se repiten en las diversas pantallas repartidas por todo este (cómodo y bien pensado para el consumidor) recinto que más que una ciudad del rock es un centro comercial al aire libre en el que cualquier cosa es posible. Lo dicho: a todo que sí.

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