Javier Fernández, el emigrante que se convirtió en pionero

Javier Fernández Juegos Olímpicos Invierno Pyeongchang
REUTERS / DAMIR SAGOLJ
Actualizado 17/02/2018 11:56:44 CET

MADRID, 17 Feb. (EUROPA PRESS) -

Javier Fernández (Madrid, 15 de abril de 1991) dio un paso más, seguramente el definitivo, este sábado para formar parte de la mejor historia del deporte español, un lugar en el que, antes de conseguir el bronce en PyeongChang 2018, lo único que le faltaba, había entrado ya por méritos propios y que cierra un palmarés labrado a base de sacrificio y lejos del país que le vio nacer.

No es el patinaje sobre hielo un deporte que tenga una gran tradición en España, donde apenas hay pistas ni licencias federadas en comparación con las grandes potencias mundiales. Javier Fernández supo convencer con su calidad que era un diamante por pulir, pero tuvo que buscar en el extranjero las opciones para hacerse una realidad. De momento, su figura ya ha hecho que empiecen a surgir otras como Javier Raya, Felipe Montoya, Sara Hurtado, Celia Robledo o Luis Fenero, que también se han marchado fuera a mejorar.

Este madrileño de Cuatro Vientos descubrió el patinaje sobre hielo con apenas 6 años gracias a su hermana Laura, que acudía a clases. Una vez con el 'gusanillo' dentro, descartó otros deportes más populares para centrarse en este y convertirse pronto en el mejor de España ayudado por la dirección de Carolina Sanz, su primera entrenadora, y pese a no gustarle 'demasiado' trabajar.

A partir de ahí, comenzó su periplo lejos de Madrid, su familia y de los estudios. Primero se tuvo que ir a Jaca (Huesca), luego a Andorra y finalmente al otro lado del charco, a Nueva Jersey (Estados Unidos), junto al prestigioso técnico ruso Nikolai Morozov, que también le llevó a Rusia.

Su relación con Morozov no fue demasiado extensa en el tiempo y fue entonces cuando se topó con Brian Orser, excampeón del mundo y doble medallista olímpico. El canadiense, entrenador también de Kim Yuna y Yuzuru Hanyu, sí supo sacarle el máximo partido al madrileño, que se mudó a Toronto para dar el salto definitivo de calidad y no parar desde ese momento.

Javier Fernández descubrió el patinaje artístico a los españoles. Se hizo el amo de Europa sin encontrar resistencia, encadenando hasta seis títulos consecutivos desde 2013, pero supo también codearse con los mejores del mundo, sobre todo a partir del disgusto de Sochi 2014 donde poco más de un punto le privó de un bronce. Ese revés fue una plataforma desde la que comenzó a extender su palmarés más allá del Viejo Continente.

El bronce mundialista de 2014, apenas un mes después de los Juegos, fue la primera piedra. Pero no paró en su ambición y pese a entrenar junto al mejor de su época, su amigo Yuzuru Hanyu, fue capaz de encadenar dos oros mundiales en 2015 y 2016 batiéndole, lo que hizo aumentar la expectativas para PyeongChang 2018 donde por fin se sacó una espina clavada con el bronce olímpico.

Capaz de interpretar al pirata Jack Sparrow, a un superhéroe, al Quijote o a Charles Chaplin, valores añadidos a su patinaje, donde destaca su cuádruple Salchow, su mejor salto y que curiosamente no le funcionó esta temporada ni en la final de esta noche, Fernández sabe que, pese a su edad, a punto de cumplir 27 años, su recorrido en este deporte está llegando a su fin.

Cuando llegue ese momento, este pionero en el mundo del deporte español, como lo fueron Severiano Ballesteros o Ángel Nieto hace años o Carolina Marín en la actualidad, puede que se dedique a hacer crecer su deporte en España, el país del que se tuvo que marchar para convertirse en uno de los mejores deportistas españoles de la historia.