Manos Unidas afirma que el "drama" de los refugiados es el resultado de "las ansias de poder de algunos países"

Actualizado 19/06/2017 14:07:31 CET
Manos Unidas muestra su preocupación junto a la comunidad internacional ante el
MANOS UNIDAS

   MADRID, 19 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Manos Unidas muestra su preocupación junto a la comunidad internacional ante el "drama" de las personas refugiadas, que de manera general, "hunde sus raíces más profundas en causas políticas y económicas y es el resultado de las ansias de poder y de influencia de algunos países", asegura Fidele Podga, coordinador de Estudios de la ONG. Por ello, con motivo de la celebración del Día Mundial de los Refugiados que se conmemora cada 20 de junio, Manos Unidas recuerda que 2016 ha sido un año de "tristes récords" cuando 65 millones de personas se vieron obligadas a dejar sus hogares en todo el mundo, según datos de Naciones Unidas. De ellos, 21,3 millones son ahora refugiados, la mayoría menores de 18 años.

   "Todas estas personas abandonan sus raíces impulsados por el deseo de huir de la guerra, de la persecución, del racismo o de la violencia y con la mente puesta únicamente en sobrevivir, --afirma Podga--. Muchos de ellos se quedan, literalmente, en el camino, donde la debilidad, las inclemencias del tiempo y la falta de recursos se encargan de poner fin a sus sueños de libertad. Otras veces, estos deseos se ahogan en las aguas de unos mares que engullen las destartaladas embarcaciones sobrecargadas de mercancía humana. Y, en otras ocasiones, los que consiguen llegar a su ansiado de destino de paz se dan de bruces con barreras infranqueables y muros donde lamentar su mala suerte".

   Una de estas 21 millones de personas es Fátima, quién huyó de Siria junto a su familia hace ya cinco años. Desde entonces vive a las afueras de la localidad libanesa de Abra, cerca de Sidón, en Imán, un complejo de viviendas abandonadas, un "campo de refugiados en vertical", afirma. Al principio, sus únicos vecinos eran los lobos y los perros salvajes que merodeaban la zona. Ahora conviven con más de 30 familias que también escaparon del horror de la guerra.

   "Todo fue muy difícil. De la noche a la mañana tuvimos que malvender todas nuestras pertenencias para escapar del peligro. Nos vimos aquí, solos y desprotegidos, intentando hacernos a un lugar desconocido en un país extraño", relata Fátima que, a sus 63 años, se ha visto convertida en el sostén de parte de su familia y cuida de su última nieta, una niña a la que han llamado Hiba, "regalo de Dios".

   Además de la pequeña Hiba, en la casa viven otras diez personas: el marido de Fátima, Abed El Kader, de 77 años, que, con la mente rota por la guerra, vive en "su propio mundo" y Maher, el menor de los seis hijos del anciano matrimonio, que huyó de Siria con su segunda mujer y sus seis chavales. De ellos, los tres mayores, fruto de su primer matrimonio, presentan graves deficiencias físicas y psicológicas.

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APOSTAR POR LA 'GENERACIÓN PERDIDA'

   En los últimos tres años, Manos Unidas ha apoyado 37 proyectos destinados únicamente a población refugiada y desplazada, por un importe superior a los dos millones de euros y es en Oriente Medio donde se están desarrollando algunos programas donde el acceso a la educación es una prioridad absoluta. "El que los niños tengan una rutina es fundamental para sus vidas", señala África Marcitllach, responsable de proyectos de Manos Unidas en la zona.

   "Para nosotros es de especial importancia la que llaman 'generación perdida'; todos esos niños que se encuentran con que su vida se paró cuando estalló la guerra y para quienes la violencia forma parte destacada de la rutina, --asegura Marcitllach--. Incentivar la educación es incentivar la paz, la resiliencia, el progreso y el futuro. Porque el mayor problema con el que nos estamos enfrentando en nuestro trabajo diario es la falta de esperanza".

   Además, no sólo se centran en los más pequeños, sino que dan apoyo al resto de la población para cubrir sus necesidades básicas como a las mujeres que han huido solas y que tienen que sacar adelante a sus hijos sin ayuda de nadie. "En este sentido una de las cosas que más me emocionan es oír a estas mujeres decir que, con los cursos de alfabetización que están recibiendo, ahora son capaces de entender lo que pone en los paquetes del supermercado o de entender lo que dicen los carteles de las calles", afirma.

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