Burundi: La crisis de los refugiados se extiende al este de África

Refugiados burundeses en Tanzania
Foto: PLAN INTERNACIONAL/ SALA LEWIS
  
Actualizado 06/06/2015 9:40:50 CET

KIGOMA (TANZANIA), 6 Jun. (Por Steve Williams, gerente de Respuesta a Emergencias de Plan Internacional Tanzania) -

   Mientras la atención del mundo sigue puesta en Nepal y en las consecuencias del terremoto, otra emergencia humanitaria está desintegrando el este de África. Tras la decisión del presidente de Burundi de presentarse a un tercer mandato, un hecho que ha sido calificado como inconstitucional por la oposición del país, la violencia derivada de las protestas ha provocado la huida del país de miles de burundeses hacia los estados vecinos.

   Lo que empezó como un goteo de refugiados a principios de mayo se ha convertido en una avalancha de gente que ha alcanzado, desde la frontera, diferentes aldeas de Tanzania. Se calcula que más de 100.000 refugiados han cruzado ya la frontera tanzana. Unos 70.000 de ellos están atrapados en el pequeño pueblo de Kagunga mientras esperan tomar el barco que diariamente realiza traslados al otro lado del lago Tanganica, hasta los campamentos de refugiados.

   En Kagunga, los refugiados se apilan unos junto a otros, entre la ladera y la línea de costa. Ni siquiera tienen espacio para levantar refugios improvisados. Las familias se sientan unos encima de otros mientras esperan su turno para cruzar el Tanganica, en cuya otra orilla les esperan más condiciones infrahumanas.

   Tras recibir la petición de Plan Internacional para responder a esta emergencia, me llevó 36 horas llegar desde mi oficina en el centro de Londres al aeropuerto de Kigoma, en Tanzania. Al bajar del avión, el equipo de la organización que trabaja en terreno me llevó directamente al campo de tránsito principal, ubicado en el estadio de fútbol de la ciudad, donde se reúne a los refugiados antes de ser transportados a un campamento permanente, llamado Nyarugusu, a dos horas hacia el interior.

   Sin embargo, como el campamento de Nyarugusu ya está repleto y las autoridades no pueden lidiar con este ritmo de llegada, las familias se han mantenido en el refugio temporal durante días. En el estadio, mientras camino por lo que fue el túnel de los jugadores, el olor es lo primero que me golpea.

Foto: Plan Internacional/ Sala Lewis

   El agua potable y los servicios de saneamiento son muy limitados aquí. Entonces salgo a la luz para contemplar un terreno de juego cubierto de gente de extremo a extremo. Las familias se agrupan en torno a sus pertenencias. No me sorprende cuando un miembro del personal me dice que el cólera ha matado ya a 33 personas.

   La población del campamento fluctúa entre 1.000 y 3.000 miembros dependiendo del flujo de refugiados. Los niños y niñas están en todas partes. Algunos vagan por ahí con sus hermanos o amigos que miran fijamente, con los ojos abiertos, a la multitud de personas que esperan sus raciones de comida. Pero la mayoría se sientan en silencio, apartados y con los ojos vidriosos.

   Muchos de ellos han adelgazado y su cabello es irregular, mostrando signos de desnutrición severa. Los trabajadores humanitarios se mueven a su alrededor, destrozados y frustrados, lidiando con la situación como pueden.

   Oscar Kapande, trabajador de Plan Internacional en Tanzania, explica que la gente "está permaneciendo unida debido a que los lazos entre unos y otros son fuertes. No hay robos, la violencia es limitada, pero esta situación no puede durar mucho tiempo más. Hay muchas personas en situación desesperada. Estoy preocupado por los niños y niñas. Muchos han perdido a sus padres y están solos aquí".

   Plan Internacional fue una de las primeras organizaciones en enviar a un equipo de emergencias a Tanzania occidental. Además de trabajar con Cruz Roja en las actividades de prevención del cólera, ahora está colaborando con UNICEF y el Comité Internacional de Rescate (IRC) para construir "Espacios amigos de la infancia" para que los niños y niñas puedan recibir apoyo, y para atender además los casos más vulnerables en clínicas sanitarias con la agencia gubernamental correspondiente.

Foto: Plan Internacional / Sala Lewis 

   La especialista en Protección de la Infancia del IRC, Mónica Nyatega, explica los retos a los que se enfrenta la infancia. "Muchos de los niños y niñas han llegado aquí por su cuenta; han sufrido la separación de sus padres debido a las complicaciones de transporte; algunos de ellos los han perdido por culpa del cólera, o los tienen enfermos en el hospital. Algunos han huido de la violencia en su propia casa y no tienen nada", cuenta.

   De todas formas, hay algunas noticias positivas. La cara de Mónica dibuja una sonrisa mientras cuenta cómo su equipo pudo reunir a unos niños con sus padres cuando llevaban separados desde el día anterior. Los localizaron en una clínica.

   También se trabaja actualmente con el IRC en la campaña "Regreso a la escuela" para asegurarse de que el derecho a la educación de niños y niñas no se sacrifique en medio de esta experiencia tan traumática.

Es un comienzo, pero es insuficiente. Los próximos días serán cruciales, como suele ocurrir en estos casos. La comunidad internacional tendrá que reunirse si de verdad quiere situar esta emergencia entre sus prioridades, poder salvar vidas y comenzar a restaurar la dignidad entre la población de refugiados.