El acusado de asesinar a un médico en Grado reconoce los hechos y acepta 26 años y medio de cárcel

Publicado 24/06/2019 11:25:57CET

   OVIEDO, 24 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El acusado de asesinar a un médico en Grado en agosto de 2016 reconoció este los hechos y asumió una condena de 26 años y medio de prisión. La vista oral se iba a celebrar a partir de hoy en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, ante un Tribunal de Jurado, aunque la admisión de culpabilidad por parte del acusado hizo innecesario su desarrollo.

   El hombre deberá además indemnizar con 37.500 euros a una de las hijas de la víctima y con 25.500 a la otra y no podrá acercarse o residor en Grado ni Oviedo en un periodo de 35 años.

    La Fiscalía del Principado de Asturias solicitaba inicialmente 30 años de prisión y prohibición de acudir o residir en Grado y Oviedo durante 35 para el acusado de asesinar a un médico en Grado en agosto de 2016.

   Según recoge el escrito del Ministerio Fiscal, la víctima F.C.M., nacido en 1933, médico jubilado, con domicilio habitual en Oviedo, acudía frecuentemente a Grado, donde había desarrollado la mayor parte de su carrera profesional y donde, a pesar de estar jubilado de la sanidad pública, seguía pasando consulta privada.

   Asimismo el hombre era propietario de una finca en la localidad próxima de La Barraca, también en Grado, a donde iba a cuidar de sus plantas. Para realizar tareas en la finca, tales como limpiar la maleza, podar las plantas, etcétera, solicitaba en ocasiones la ayuda del acusado, residente en la propia barriada, sin trabajo fijo ni más ingresos que lo que le daban los vecinos por trabajos ocasionales en sus fincas.

   Así, según el fiscal, durante el mes de agosto de 2016, al marcharse F.C.M. de vacaciones, había encargado al acusado regar las plantas y limpiar los accesos de su finca, pero el trabajo realizado por el acusado había sido muy deficiente, a juicio del médico. El día 28 de agosto, el acusado se desplazó a la finca de la víctima y, alrededor de las 12.20 horas le pidió que le pagara 10 euros por el trabajo realizado.

   El médico le respondió que no tenía billetes pequeños y le enseñó la cartera, que contenía unos 80 euros, todo en billetes superiores. En ese momento, el acusado, que tenía un cuchillo, se supone en principio que para realizar trabajos en la finca, decidió matar al doctor para apoderarse del dinero que llevaba en la cartera y que le acababa de enseñar.

   Así, en el momento en que F.C.M. se subía a su vehículo para marcharse, el acusado comenzó a golpearlo reiteradamente con la puerta, causándole varias heridas contusas en hombro y muslo derecho y, cuando ya se había caído al suelo, en la cabeza. Inmediatamente después, con el cuchillo que llevaba, y con el fin de originarle el mayor sufrimiento posible, le produjo múltiples heridas por cortes poco profundos en cara, cuello, tórax y manos. Finalmente, le asestó una cuchillada en el cuello de 24 centímetros y medio de longitud, que le produjo la muerte por shock hipovolémico. La herida era mortal de necesidad.

   A continuación, el acusado se apoderó de la cartera y del teléfono móvil de F.C.M. Minutos después, tras guardar los 80 euros, arrojó la cartera de la víctima, con documentación y fotos personales, al interior de una alcantarilla de la glorieta que comunica la carretera N-634 y la autovía A-63, en las inmediaciones de la población de Grado.

   El acusado también se deshizo del teléfono móvil, tirándolo a un riachuelo que corre paralelo a la N-634. Ambos efectos fueron recuperados posteriormente por la Guardia Civil. El acusado arrojó igualmente el cuchillo, envuelto en una bolsa de plástico, a un contenedor de basura pero no pudo ser recuperado.

   La víctima, en el momento de su fallecimiento, estaba viudo y tenía dos hijas, conviviendo con una de ellas.

   El acusado es consumidor de sustancias estupefacientes desde hace muchos años, pero en el momento de cometer el hecho descrito estaba a tratamiento con metadona, por lo que no tenía necesidad física de consumir otras sustancias con el fin de evitar el síndrome de abstinencia, manteniendo inalterables sus facultades para distinguir el bien y el mal y actuar en consecuencia.

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