Archivo - El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, en una carta pastoral - ARCHIDIÓCESIS DE VALLADOLID - Archivo
VALLADOLID 1 Sep. (EUROPA PRESS) -
El arzobispo de Valladolid, Luis Javier Argüello, ha abordado en una carta pastoral la distinción conceptual entre el placer, la felicidad y la alegría cristiana como eje explicativo para comprender la convocatoria y el lema de la próxima Asamblea Diocesana, 'Sal y anuncia la alegría, en comunión'.
A través de un análisis del Nuevo Testamento y de la experiencia vital, el prelado ha detallado que el gozo evangélico difiere en su raíz y dinamismo de otras vivencias humanas como el placer inmediato, la eudaimonía aristotélica o el ocio festivo.
En la misiva, Argüello define el placer como la categoría más básica, caracterizada por ser una sensación pasiva y puntual ante estímulos externos que comparte la condición humana con los animales. Asimismo, advierte de que la felicidad aristotélica o eudaimonía requiere la coherencia de una vida entera según la virtud, aunque critica que la sociedad moderna la ha degradado al vincularla al poder autónomo y al consumo. Respecto a la fiesta, señala que no debe quedar reducida a un ocio organizado, sino recuperar su sentido profundo como afirmación del ser en comunidad y su remisión al culto.
Por el contrario, el arzobispo subraya que la alegría cristiana no es el resultado de una conquista ni del esfuerzo virtuoso propio, sino un don recibido que se configura como "fruto del Espíritu". Según ha explicado el responsable diocesano, esta experiencia puede coexistir con el dolor, las pruebas y la tribulación, a diferencia de la búsqueda de diversión en la sociedad de consumo, debido a que su fundamento reside en una comunión previa que la sostiene y que no depende de las circunstancias externas ni de la suerte.
En este sentido, Argüello fundamenta este gozo evangélico en la relación directa con una Presencia trascendente, citando el pasaje del encuentro entre Juan el Bautista y María como la expresión máxima de este estado no autoproducido. El prelado ha manifestado que el mandato de regocijarse en el Señor responde a una causa literal originada por el encuentro con Jesús, lo cual diferencia radicalmente esta vivencia de la consecución de honores, bienes o estados propios alcanzados de manera individual.
Finalmente, el arzobispo concluye que esta alegría pascual compartida impulsa a la movilización de los creyentes para salir a anunciarla en comunión con Dios y la Iglesia. Según ha expresado, el dinamismo de este gozo no se posee en solitario, sino que nace de la entrega y reafirma a los fieles como un pueblo congregado que celebra la fe en medio de las fragilidades actuales, anticipando una meta futura de júbilo definitivo.