Comisión sobre Prisión Política y Tortura recoge testimonios de miles de chilenos sobre los vejámenes físicos y psicológicos que sufrieron
SANTIAGO, 29 Nov. (de la corresponsal de EUROPA PRESS Claudia Riquelme) -
Los testimonios de 35.000 chilenos que contaron sus experiencias a la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura han dejado al juicio de la historia impactantes testimonios sobre los padecimientos que vivieron durante la dictadura de Augusto Pinochet, comandante en jefe del Ejército y generalísimo de las Fuerzas Armadas chilenas.
Aunque la abundante literatura y los trabajos audiovisuales sobre lo ocurrido con miles de personas entre 1973 y 1990 daban cuenta de la cruda realidad de los torturados y de los prisioneros políticos, el horror de los apremios ejercidos contra las víctimas muestra que el régimen de facto no sólo irrumpió con las armas en la historia de Chile, sino que caló en lo más hondo del género humano, dejando una herida que muchos creen imposible de cerrar.
Después de que el presidente, Ricardo Lagos, diera a conocer anoche los resultados del informe, oportunidad en la que anunció medidas reparatorias para 28.000 de los 35.000 declarantes, la sociedad chilena se encuentra conmocionada por el relato de las víctimas, cuya identidad será resguardada durante los próximos 50 años.
El informe de la comisión, que trabajó durante un año y recorrió todo el país recopilando testimonios, da cuenta de más de mil centros de tortura, de los cuales 800 fueron establecidos como sitios en los que se practicaron vejámenes de manera sistemática. Los victimarios eran todos militares, integrantes de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, que actuaron en el marco de la "institucionalidad" de la dictadura, amparados por la legalidad de los organismos represivos.
También queda claro que las víctimas fueron mayormente civiles, todos jóvenes e incluso menores de 20 años, principalmente hombres y que a pocos se los sometió a un juicio justo, por lo que, tras sufrir apremios increíbles, fueron liberados en condiciones misérrimas sin que se formularan cargos en su contra.
TIPOS DE TORTURA
Los tipos de tortura que pudo establecer la comisión indican que el método más usado fueron las golpizas reiteradas, que incluyeron golpes de pies y puños o con objetos contundentes como culatas de las armas, maderos, las "lumas" (hierros forrados con caucho), piedras u otros objetos contundentes. Las víctimas también recibieron golpes y azotes con objetos flexibles o no contundentes como látigos, fustas o varillas de madera.
La mayoría de los torturados sufrió un apremio que era conocido como "el teléfono" y que consistía en golpes con mano abierta en ambos oídos. Además, se cuentan golpes reiterados en los ojos, boca, nariz, testículos, pechos, cuello, rodillas y otras partes sensibles del cuerpo. Los torturados eran pasados por el llamado "callejón oscuro", es decir, en medio de dos filas de uniformados que los golpeaban con pies, puños y culatas de fusiles.
Asimismo, los detenidos sufrieron apremios como que decenas de uniformados caminaran sobre sus espaldas mientras estaban tendidos en el suelo, fueron lanzados escaleras abajo, arrastrados por el piso mientras sus captores los sostenían del cabello, del cuello o de otro miembro, incluso los genitales.
Las "lesiones deliberadas" consistían en extracciones de partes menores del cuerpo (uñas, cabellos y dientes; cortes con arma blanca en las manos, piernas, genitales, espalda y otras partes del cuerpo, así como fracturas de brazos, pies, manos, dedos; heridas de bala; lesiones auditivas premeditadas provocadas por disparo de fusil junto a los oídos o por la exposición a sonidos agudos durante un tiempo prolongado, incluso hasta causar sangrado de oídos, boca y nariz.
CRUDOS RELATOS
La identidad de las víctimas permanecerá protegida los próximos 50 años, al igual que la de sus torturadores. En el segundo caso, el Gobierno ha explicado que será la justicia la encargada de dar con los responsables y de establecer las condenas, si es que hay procesos judiciales que lo permitan. Sin embargo, lo que ha quedado para el conocimiento público nacional e internacional son los crudos relatos de las víctimas.
Un hombre que fue detenido en una base aérea de Santiago cuenta que al llegar al lugar de detención fue golpeado duramente y estuvo tres horas de pie. "Después nos hicieron tender boca abajo y los custodios se paseaban por encima, el que levantaba la cabeza recibía el culatazo o patada en las costillas, la mayoría era golpeado ya que la loza ardía con el sol y no soportábamos tener la cara pegada al piso caliente. Eso duró todo el día, sin agua ni alimento", asegura.
Otro flagelado, esta vez en el Estadio Nacional de Santiago, el mayor centro de detención de la dictadura, dijo que "estando con los ojos vendados, le golpeaban "por todos lados". "Mientras me decían que no volvería a ver a mis hijos y esposa y que le harían daño sobre todo al menor, que tenía tres años.
En una muestra de crueldad ilimitada, otra víctima, detenida en el sur de Chile, cuenta que "el 19 de septiembre (de 1973, ocho días después del golpe) nos sacan del calabozo uno a uno para recibir golpes, un carabinero con un martillo de madera procede a darme un fuerte golpe en el dedo meñique de ambas manos, para luego con un alicate proceder a sacar las uñas". El mismo policía le sacó el bigote con el alicate y luego los dientes.
Muchos de los torturados contaron que rogaban a sus captores que los mataran para dejar de sufrir. Una mujer, que estuvo en un cuartel de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), que dependía directamente de Pinochet, contó a la comisión que "me trasladaron a otra pieza en donde me hicieron desnudarme completamente. Luego me amarraron las muñecas con los tobillos quedando totalmente encogida".
"Enseguida colocaron una barra entre mis muñecas y los tobillos quedando suspendida de un mueble. En esta posición me golpearon los oídos y me aplicaron electricidad en las sienes, en los ojos, en la vagina, en el recto y en los pechos", añade.
VEJÁMENES SEXUALES
Las mujeres, además de las torturas, sufrieron una gran violencia sexual, como esta víctima de la región de Valparaíso, detenida cuando tenía 14 años y contó a la comisión que fue amarrada a una camilla y que "un hombre comenzó a darme pequeños golpes con su pene sobre mi cuerpo. Otro hombre escribía cosas sobre mi cuerpo con un lápiz de pasta. Luego vino el interrogatorio. En seguida ordenó que me pusieran corriente en los senos, vagina y rodillas", explica.
Otra mujer, embarazada en el momento de la detención, relató que fue obligada a tener relaciones sexuales con la promesa de una pronta liberación. "Obligada a desvestirme, acariciada en pechos y amenazada de recibir las visitas nocturnas del interrogador; golpes eléctricos en espalda, vagina y ano; uñas de manos y pies arrancadas; golpeada en varias ocasiones con bastones de plástico y con culatas de rifles en el cuello", relata.
Estuvo "en el suelo con las piernas abiertas, ratones y arañas fueron instaladas y dispuestas en la vagina y ano, sentía que era mordida, despertaba en mi propia sangre; se obligó a dos médicos prisioneros a sostener relaciones sexuales conmigo, ambos se negaron, los tres fuimos golpeados. Fui violada incontables y repetidas veces, ocasiones en que debía tragarme el semen de los victimarios, o era rociada con sus eyaculaciones en la cara o el cuerpo", añade.