MADRID, 1 Feb. (EUROPA PRESS) -
La figura de Robert Walser, escritor y poeta suizo, es poco
conocida en nuestro país pese a que se han publicado varias de sus
obras en castellano. Walser nació en Biel, Suiza, en 1878 y su
producción literaria se concentró entre los años 1904 y 1925, año en
que problemas nerviosos de origen hereditario comienzan a apartarle
de la vida cotidiana. En 1933, Walser ingresará de forma voluntaria
en un manicomio del que sólo saldrá el día de su muerte.
Sin embargo, a pesar de esta semblanza, cabe decir que Robert
Walser alcanzó un notable prestigio como literato y obtuvo el aval de
la crítica de su tiempo. También es cierto que, pese a ello, y como
le había ocurrido con todos los oficios que intentó aprender o
activar, la carrera literaria tampoco le sacó de su situación de
precariedad.
Hoy Siruela saca a la luz una de sus novelas más importantes, 'El
ayudante', publicada originalmente en 1908 e inmejorablemente
recibida por la crítica del momento. 'El ayudante', que ahora leemos
en traducción de Juan José del Solar, es ciertamente una novela de
perfecta factura, un completo mecanismo de entrelazado de una
historia particular con otras historias particulares, con un lugar y
una época. No obstante, Walser configura el universo de la novela
aparentemente sin pretensiones.
Se limita a contar algo que conoce, algo que sabe que ocurrió. En
realidad, es verdad, narra su propia experiencia de seis meses como
ayudante del ingeniero Tobler en una preciosa casa de campo, estancia
que coincidió con el desmoronamiento de la empresa de inventos
técnicos y con la ruina total de la familia Tobler. La condición
paradójica de novela completa y efectiva y su apariencia de escritura
desenfadada se manifiesta en la técnica empleada por Walser.
'El ayudante' está escrita con una aparente naturalidad no exenta
de cierto pudor, lo que da la impresión de que se habla de las cosas
como si fuera de pasada. Pero Walser sabe subrayar y fijar la
atención del espectador en aquellos aspectos que resultan
sustanciales, no únicamente en el desarrollo de la historia (el
hundimiento de la casa Walser) sino, lo que es más importante, en
aquellos hechos que permiten ir comprendiendo el conjunto de la
situación general, tanto en lo referente a las circunstancias
socioeconómicas, como a lo personal, a los caracteres que componen el
cuadro.
Al terminar el libro el lector tiene perfectamente claro por qué
ha sucedido lo que ha sucedido, y sin embargo, permanecen en su
cabeza muchos interrogantes sobre cosas esenciales de la vida.
Desde un punto de vista más exclusivamente técnico, es
significativo el uso combinado de la tercera persona omnisciente y
del monólogo interior con forma de segunda persona, monólogo en
general de Joseph, el ayudante, pero que es trasladado de uno a otro
personaje en las ocasiones en que el autor lo juzga necesario. No
estamos ante una novela experimental, sí ante un libro que no sigue
otro impulso que el de la naturalidad consciente.
'El ayudante' pasa revista a una sociedad entera desde el punto de
vista de la sencillez de un hombre, el ayudante Joseph Marti,
intimidado por su tiempo, sumergido en una profundidad que se siente
mejor cuanto más cerca de la naturaleza, un fracasado que, desde su
exclusión a medias, es capaz de diseccionar lo que le rodea, de
reaccionar.
En definitiva, estamos ante una novela que da un perfil distinto
de la literatura alemana de principios del siglo XX y es un trazado
ejemplar de la vida y sociedad suiza de la época, un buen libro de un
autor que debería leerse más y conocerse mejor.
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(EUROPA PRESS)
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