EDIZIONES, 17 Abr.
Antes de ver el vídeo pongámonos en situación (Si no eres padre te vendrá bien para hacerte una idea. Si lo eres, puedes hacerte una idea de lo que vas a ver y, quizá, hasta te resulte familiar): Acabas de convertirte en padre (por primera, por segunda o por tercera vez, eso da igual), a la emoción de tener a tu hijo contigo se le suman otras cuantas y una ración generosa de sueño. Sueño porque no duermes más de dos o tres horas seguidas -con suerte-, especialmente los primeros días en los que el bebé ha de alimentarse más seguido.
Al paso de los días, tu rutina de 'no sueño' se va consolidando y, aunque sea zombi, ya te levantas a atender a tu hijo de manera automática. Tanto si eres la mamá, como si eres el papá, los dos juntos o por separado, dar el pecho, el biberón, sacar gases o acunar al bebé se convierten en tu único trabajo, un trabajo a tiempo completo y sin descanso.
Sabiendo esto, imaginaos cómo de cansado debe estar el padre que protagoniza el siguiente vídeo para actuar de esta manera. El hombre, claramente derrotado, se está echando una cabezadita en el sillón. En la escena no aparece nadie más, pero de fondo se oye el llanto de un bebé de pocos días. El plano se abre y la madre de la criatura es quien la tiene en brazos, pero, curiosamente, es el padre quién, dormido y por instinto hecho rutina, da palmaditas al aire.
Una situación de lo más cotidiana con la que muchos padres se han sentido identificados. ¿A vosotros también os ha pasado? ¿Cuantos de aquí mecen hasta el carrito de la compra sin darse cuenta?