Actualizado 07/03/2019 19:07

Mujeres rohinyas: atrapadas en su hogar y sin independencia económica

8M.- Más Del 80% De Los Exiliados Rohinyas Son Mujeres Y Niñas, Según Las ONG
CÁRITAS

   Esta semana se celebran en todo el mundo manifestaciones para conmemorar el Día Internacional de la Mujer

   MADRID, 6 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Los rohinya son un grupo étnico musulmán de Myanmar (Birmania) calificados como la minoría étnica y religiosa más perseguida del planeta. Desde 1982 huyen de la escalada de violencia perpetrada por el ejército de Myanmar que les niega la ciudadanía, asentándose principalmente en Bangladesh.

   Sin embargo, fue en 2017 cuando el conflicto se recrudeció y más de 745.000 refugiados rohingya huyeron del Estado de Rakhine (Myanmar) a Bangladesh, escapando de la violencia en su país --un éxodo que fue calificado por la ONU de "limpieza étnica"-- y sumándose a otros 200.000 rohingya que se encontraban en el distrito de Cox's Bazar al haber sido desplazados en episodios previos de violencia.

   Han pasado casi dos años desde que este conflicto atrajo la atención mundial aunque Bangladesh acoge a refugiados rohinyas desde hace más de tres décadas. Pero, ¿cómo es el día a día de estas mujeres rohinyas?. Desde Cáritas Española, Mª Isabel Vilán, que ha viajado en numerosas ocasiones a Bangladesh, detalla a Europa Press que la cultura rohinya está marcada por los matrimonios a edad muy temprana, concertados, con familias muy numerosas, de hasta 8 ó 9 hijos.

MUJER REFUGIADA ROHINGYA CON SU HIJO

   Por ello, no es de extrañar que casi el 80% de los refugiados sean mujeres y niñas, añade Vilán, que alerta de que deben sortear obstáculos como las violaciones como arma de guerra, los matrimonios infantiles, la trata, la inseguridad cuando carecen del apoyo de una figura masculina así como la situación de vulnerabilidad psicológica a la que se enfrentan en la huida, "siempre acompañadas de sus pequeños".

   "Son madres tan jóvenes que llama la atención", señala Vilán, que cuenta casos de mujeres que "dan a luz en el fango, cogen a sus hijos y siguen andando hasta los campos de refugiados, aún con el cordón umbilical colgando. La dureza de la situación y su capacidad de superación y supervivencia refleja el empoderamiento de estas refugiadas, que aseguran que no volverán a sus aldeas", relata.

   Un ejemplo de esta situación se vive en Cox's Bazar (Bangladesh). A 21 de junio de 2018, la cifra de refugiados rohinyas ascendía a 918.936, de los que el 52% son mujeres y niñas, y el 16% madres solteras, según datos de ONU Mujeres, cuyo Centro Multifuncional en el campamento de Bhalukhali ha atendido a 9.922 mujeres y adolescentes, y 946 niños y niñas en sus primeros seis meses de funcionamiento.

niña refugiada rohingya @unicef

   "Las mujeres rohingya se enfrentan a muchos obstáculos en los campos. Llegan de una cultura fuerte y conservadora, con unos roles de género claramente definidos. Las mujeres tienen un papel en el hogar: crían a los hijos, cocinan y limpian. Los movimientos de las mujeres están a menudo limitados por los hombres", denuncia por su parte a Europa Press la especialista de comunicación de UNICEF Bangladesh, Karen Reidy, que indica que es frecuente que las adolescentes dejen la escuela cuando alcanzan la pubertad por lo que "son más susceptibles de sufrir matrimonio y trabajo infantil, así como trata de personas".

   "En situaciones de emergencia como la de la crisis rohingya, las mujeres se enfrentan a un riesgo mayor de sufrir violencia de género; desafortunadamente, los campos de refugiados rohingya no son una excepción. Está prohibido que las refugiadas participen las actividades para generar ingresos en los campos. Las privaciones económicas traen frustraciones que pueden derivar en conflictos domésticos", denuncia Reidy, sin olvidar que también sufren acoso cuando caminan por los campos y acceden a las letrinas.

   UNICEF Bangladesh dirige 13 espacios seguros para mujeres y niñas, en los que se ofrecen servicios de apoyo y prevención de violencia de género, servicios de derivación de víctimas, gestión de casos, asesoramiento, actividades recreativas y desarrollo de habilidades, unos servicios que llegaron a 32.000 mujeres y niñas en 2018.

   "El futuro de las mujeres pasa por la educación. Tenemos que evitar que sean generaciones de campos de refugiados", alerta por su parte Vilán. Cáritas Española ya trabajaba en la zona con las Cáritas locales para hacer frente a los desastres naturales que asolan la región, al tiempo que ofrecen otros proyectos a largo plazo basados en el bienestar social, desarrollo de habilidades y empoderamiento a las mujeres, a los que se sumó la atención por la crisis humanitaria. El último de ellos se puso en marcha hace pocos meses financiado por el Ayuntamiento de Burgos.

   "Ofrecemos apoyo psicológico y hacemos estudios de violencia dentro de los campos, donde es habitual la trata. Hay que evitar los matrimonios infantiles y promover que las niñas estudien. También promovemos sus capacidades, con talleres de cultura y manualidades", explica Vilán.

Mujer refugiada rohingya

   Una de estas historias de superación es la de Nur Nahar, una mujer rohingya de 35 años que ha vivido en un campo de refugiados de Cox's Bazar desde que tenía siete años. Actualmente trabaja como mentora para las mujeres refugiadas rohingya recién llegadas, como parte de un programa apoyado por ONU Mujeres.

   "Solía pensar que un día Myanmar nos devolverá y la violencia cesará. Pero no veo ninguna mejora de la situación. La tortura militar es peor y el número de rohingyas que huyen es mucho más elevado de lo que era durante nuestro tiempo", relata esta mujer, cuyo hermano de nueve años fue asesinado por el ejército birmano. Su trabajo en el campo se centra en servicios de asesoramiento e información de cuestiones prácticas como kits de higiene menstrual.

FUTURO INCIERTO

   A pesar de que los gobiernos de los dos países vecinos pactaron a finales de 2018 el inicio del proceso de retorno de la población refugiada a Myanmar, a principios de 2019 nuevos enfrentamientos provocaron casi 5.000 desplazamientos. En este mes de marzo, Bangladesh indicó ante la ONU que no podía acoger a más refugiados rohingyas procedentes de Birmania.

   "Los rohingya no tienen un estatus oficial de refugiados por parte del gobierno de Bangladesh. Por tanto, no tienen la posibilidad de dejar los campos, a menos que sea por una emergencia médica que requiera tratamiento especializado que no pueda administrarse en los hospitales de los campos de refugiados. Así, las mujeres, niños y hombres no tienen la oportunidad de dejar los campos y acceder a los servicios sanitarios o educativos de Bangladesh", afirma Reidy.

   "Para Bangladesh, estos ciudadanos no son del país aunque hayan dicho que los vayan a atender", alerta por su parte Vilán. "Hay mucho control sobre los campos de refugiados porque no quieren que se conviertan en un foco del integrismo islámico; también sobre las ONG, que necesitan visados para entrar. Sin embargo, en la realidad es difícil controlar la entrada y salida de los campos, que acogen a casi un millón de personas, según los últimos datos de ACNUR. Creemos que muchos se marcharán y se acabarán dispersando en los países cercanos", vaticina.

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