Actualizado 15/11/2007 20:46 CET

Una emigrante gallega se convierte en la primera extranjera en presidir el Parlamento de Ginebra (Suiza)

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 15 Nov. (EUROPA PRESS) -

La diputada socialista de origen gallego Dolores Bolay --conocida como Loly Bolay-- se convirtió hoy en la primera extranjera que preside el Parlamento del cantón de Ginebra, al conseguir 68 votos a favor de su candidatura, frente a 15 abstenciones y cinco votos en blanco.

Loly Bolay es natural de Corme, en el municipio coruñés de Ponteceso, pero reside en Suiza desde 1968, cuando emigró a ese país con sólo 17 años de edad. Hace 10 años decidió cambiar la trayectoria profesional que había desarrollado en la banca y como jefa de personal en una multinacional francesa especializada en productos químicos por la política, cuando salió elegida como diputada socialista en el cantón suizo donde reside.

Tras tres legislaturas como diputada hoy se convirtió en presidenta de la Cámara de Ginebra, donde los grupos de izquierda sólo cuentan con los 17 escaños de los socialistas y los 15 de los ecologistas de un total de 100 diputados. El resto está en manos de grupos políticos de derecha y de extrema derecha, pero se negociaron los apoyos gracias a la "política de consenso" que caracteriza a Suiza, según resaltó Loly Bolay, que hasta ahora era la vicepresidenta primera del Parlamento.

El secretario xeral de Emigración de la Xunta, Manuel Luis Rodríguez, acudió a la sesión parlamentaria de hoy en la que Bolay se convirtió en la primera extranjera en presidir la Cámara de Ginebra y resaltó la satisfacción por que una ciudadana de origen gallego ocupe un puesto de esta relevancia. Además, la presidenta del Parlamento gallego, Dolores Villarino, ya la felicitó vía telefónica.

Después de casi 40 años emigrada, Dolores Bolay, de 57 años, accedió a este puesto con un discurso sobre "la integración" de los extranjeros en la sociedad suiza, a partir del papel como "tierra de refugio" que jugó Ginebra en los siglos XVIII y XIX y con una apelación a la necesidad que este país tuvo de mano de obra inmigrante desde los años 60 de la pasada centuria.

ENTREVISTA.

"Este no sería el país que es sin los emigrantes", aseveraba hace dos días en una entrevista a Europa Press, en la cual reclamó que Suiza desarrolle una política de inmigración que no conciba este fenómeno "sólo desde una óptica utilitarista". Así, lamentó que el discurso de la extrema derecha, que reforzó su liderazgo tras su triunfo en las legislativas del pasado mes de octubre, aliente "racismo y xenofobia", pero también hace autocrítica para reconocer que los socialistas tampoco supieron "responder a las llamadas de los extranjeros".

Después de 39 años de residencia en Suiza, esta emigrante gallega aseguró que sus compatriotas "están muy bien vistos" en Suiza porque "van a trabajar", pero recordó momentos "difíciles" al principio porque se encontró con "mucha xenofobia". Paradójicamente, reconoció que en la actualidad "hay personas gallegas con una opinión negativa de la inmigración", por lo que instó a la reflexión.