Un alumno y un profesor de formación profesional en Baleares. - CAIB
PALMA, 25 Jul. (EUROPA PRESS) -
Mohamed llegó a Mallorca buscando "tener una opotunidad y una nueva vida" tras verse obligado a interrumpir sus estudios, mientras que Carlos, español, tuvo que reconducir su carrera estudiantil después de que la mala relación con sus profesores hiciera que le invitaran a "abandonar la escuela".
Aunque las historias de estos jóvenes son dispares, esconden un nexo en común: lo que parecían dos casos más de abandono escolar encontraron una segunda oportunidad gracias a estrategias centradas en el fomento de la confianza con sus profesores o la comprensión de sus experiencias de vida.
Sus testimonios forman parte del estudio 'Superando brechas: estrategias innovadoras para mejorar el compromiso de los estudiantes de FP inicial y las aspiraciones futuras de estudiantes nativos y migrantes', publicado recientemente por tres investigadores de la Universitat de les Illes Balears (UIB).
El texto académico, que firman Elena Quintana, Carlos Vecina y Júlia Vilasís, parte de la premisa de que las elevadas tasas de abandono escolar impactan de manera negativa en las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes.
Más si cabe en un contexto como el de España, que presenta una de las tasas más altas de abandono escolar de toda la Unión Europea (UE), que en 2024 se situaba en el 13%. Una cifra que se agrava en función del perfil --entre los hombres es del 15,7% y entre los inmigrantes, del 29,6%-- pero también del territorio, con Baleares superando el 20% y cuadriplicando a regiones como el País Vasco.
CASOS DE DOS CENTROS MALLORQUINES
El análisis se basa en los casos de 45 alumnos, tanto nativos como migrantes y de entre 16 y 29 años, que cursaban un ciclo de formación profesional (FP) en dos centros mallorquines que imparten programas de segunda oportunidad, aquellos dirigidos a jóvenes que por diferentes razones se han salido del sistema educativo.
Los autores han llegado a la conclusión de que este tipo de iniciativas no solo permiten elevar el nivel educativo, sino que también son eficaces para aumentar el compromiso estudiantil, reconstruir la motivación por el aprendizaje, reducir el riesgo de abandono y mejorar la empleabilidad.
Y lo han hecho centrándose en el papel "clave" que juegan iniciativas como el proyecto COSI.ed, que se implantó entre 2020 y 2024 en once entidades de cinco países europeos con el objetivo de aplicar metodologías colaborativas para prevenir el abandono escolar.
Este incluye estrategias de cocreación, que fomentan la confianza y la responsabilidad compartida entre los estudiantes y los docentes, y de enfoque indirecto, que ayuda a los profesores a comprender mejor las experiencias de vida de sus alumnos para ofrecerles intervenciones adaptadas a sus necesidades reales. También o enfoques como el de la alfabetización en igualdad, que ayuda a comprender a los jóvenes desde perspectivas alejadas de los estereotipos.
LOS JÓVENES MIGRANTES, CENTRADOS EN TRABAJAR
El estudio, publicado en el 'Journal of Vocational Education & Training', ha sido elaborado mediante la aplicación de un enfoque mixto que permite realizar una comparación entre la educación formal y la de segunda oportunidad. Para ello se tomó una muestra de 45 jóvenes --solo una de ellos era mujer--, de los cuales 28 eran españoles y 17 extranjeros.
Aunque partían de situaciones diferentes, la mayoría (26) no había completado la educación secundaria obligatoria (ESO). Once sí la habían finalizado, siete habían cursado bachillerato o un FP de grado medio y uno había estudiado un grado superior.
Los investigadores separaron a sus objetos de estudio en cuatro categorías. Por un lado situaron a los migrantes cualificados, mayormente latinoamericanos que pese a poseer títulos superiores en sus países enfrentan "barreras de homologación y discriminación estructural".
Es el caso, por ejemplo, de César, licenciado en Administración de Empresas en su país natal, Venezuela, que sin embargo se ha visto forzado a realizar un ciclo de formación profesional ante las "tremendas dificultades" para encontrar un trabajo en Mallorca.
Roberto, uno de los estudiantes de Jovent que reconoció que antes de empezar el programa de segunda oportunidad no sabía qué sería de su futuro, también encaja en este grupo.
"Ahora todo ha cambiado tanto... Tengo todo claro. Cuando acabe tengo un contrato para seguir trabajando en la empresa en la que hago prácticas. Planeo quedarme ahí toda la temporada y, si todo va bien y quieren que me quede, me harán fijo. Y como resultado de todo ello, quiero sacarme la licencia de patrón de embarcaciones de recreo para seguir progresando en el mundo náutico", explicó.
Luego están los migrantes no cualificados, principalmente africanos que interrumpieron sus estudios por necesidades socioeconómicas de su proceso migratorio, como Mohamed.
"Solo quiero tener una oportunidad, una nueva vida, empezar de cero. Es duro, pero ahora sé que mi decisión de venir aquí fue lo mejor para mi futuro y estoy contento con ello", dijo el estudiante de Naüm.
Pese a estas diferencias en su punto de partida, el estudio certifica que todos los estudiantes de origen migrante tienen una "clara intención" de entrar en el mercado de trabajo una vez completen su formación.
"ME INVITARON A ABANDONAR LA ESCUELA"
Unas expectativas que contrastan con los jóvenes españoles, algunos de ellos mallorquines, que participaron en el estudio. Buena parte pretendía seguir estudiando o trabajar mientras proseguían con su formación académica.
Los investigadores también dividieron a los nativos en dos subgrupos. Por un lado van los jóvenes locales no cualificados, atraídos por la practicidad de estos programas, y por otro los estudiantes locales que abandonaron la educación por "relaciones conflictivas y baja autoestima académica".
"Los profesores del instituto eran horribles... Nunca nos escuchaban, solo repetían la teoría y nos ponían exámenes. Ahora los profesores son magníficos, nos dicen: 'somos profesores, pero también amigos'. Y es verdad, esa es la sensación que nos dan. Nos explican, nos hablan, nos sonríen, se ríen con nosotros. Es muy guay", expuso Manuel, quien encaja en el primero de los supuestos.
Carlos, en cambio, es de los segundos: "Mi relación con los profesores era muy mala, y eso me afectaba. No me entendían ni no me trataban bien. Me sacaban de clase sin motivos y siempre era yo el culpable. Por eso abandoné. De hecho, me invitaron a abandonar la escuela".
La prueba cuantitativa, más allá de los testimonios de los diferentes perfiles, está en la evaluación que los alumnos encuestados dieron a sus docentes. Mientras los de su primera etapa educativa recibieron un 2,4 sobre cuatro, los de sus centros de segunda oportunidad obtuvieron un 3,6.