Abe busca rematar su mandato con la resolución del histórico conflicto territorial con Rusia

Vladimir Putin y Shinzo Abe
REUTERS / POOL NEW
Publicado 22/12/2018 8:45:14CET

TOKIO, 22 Dic. (Reuters/EP) -

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, inicia su séptimo año de mandato con el objetivo en mente de resolver el gran conflicto territorial que ha lastrado sus relaciones con Rusia desde el final de la II Guerra Mundial, el estatus definitivo de cuatro islas -- las islas Kuriles del Sur para Rusia, los Territorios del norte para Japón --, y cerrar su periodo al frente del país con un acto que dejaría un legado histórico: la consecución de la paz total en Japón.

Esta disputa territorial se remonta a los últimos días del conflicto internacional, cuando las fuerzas soviéticas ocuparon las islas de Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai, habitadas entonces por unos pocos japoneses. El conflicto por este archipiélago ha impedido que Moscú y Tokio firmen un acuerdo de paz, por lo que técnicamente siguen en guerra desde entonces.

Ahora, 2019 se ha convertido en un año crucial para que Abe dé carpetazo a este relato, comenzando por su visita a Rusia el mes que viene, en el marco de la cumbre rusojaponesa que le reunirá con el presidente Vladimir Putin. "Le quedan dos años y nueve meses. Si Abe quiere resolver esta situación por su propia mano, nos encontramos en una carrera contra el reloj, pero como siga tal y como va ahora, va a acabar sin nada", explica su antiguo confidente Muneo Suzuki.

Sucede que varios expertos consultados por Reuters tienen serias dudas de que Putin esté por la labor de alcanzar un acuerdo. El presidente sabe que la mayoría de los rusos se ha mostrado en contra de entregar las islas a Japón, lo que además supondría un alto en un ciclo expansionista demostrado en Crimea y, parcialmente, en el este de Ucrania -- donde respalda a separatistas prorrusos --.

Hasta ahora, Abe ha apostado por una resolución basada en la vía comercial, preferiblemente a través de un concierto económico regional a cambio de que Rusia aborde, antes de nada, la cuestión de la soberanía.

Sucede que tanto Abe como Putin saben que no existe ninguna otra manera por un tercer factor: Estados Unidos, firmante de un acuerdo con Tokio por el que podría desplegar su fuerza militar en territorio japonés, incluyendo cualquier isla que resultara devuelta, algo que Rusia no está dispuesta a tolerar bajo ningún concepto.

Rusia ha usado esa circunstancia, su poder militar aplastante, en su propio beneficio para coger por el mango la sartén de las conversaciones. Hasta el punto de que Putin ha llegado incluso a sorprender al primer ministro japonés en pleno diálogo, al anunciar el pasado mes de septiembre en plena rueda de prensa que cualquier acuerdo en este sentido tendrá que firmarse sin condición previa.

"DOS MÁS ALFA"

En noviembre y desde Singapur, Abe reiteró su intención de resolver el conflicto personalmente. En esa ocasión, el primer ministro explicó que había acordado con Putin acelerar las negociaciones a partir de una declaración conjunta firmada en 1956 donde Moscú se ofrecía a ceder las dos islas más pequeñas cuando terminaran las negociaciones para un tratado de paz.

"Queremos resolverlo por nuestra propia mano", declaró un enérgico Abe, quien parecía haber encontrado un punto de agarre. "Parecía determinado", precisó el ex diplomático Kazuhiko Togo, "a cerrar esta cuestión a través de la llamada "fórmula 'Dos más alfa'": la entrega a Japón de Shikotan y Habomai, y el compromiso para desarrollar en conjunto -- el "alfa" de esta expresión -- Iturup y Kunashir.

No es la solución exactamente idónea para Abe. Su electorado conservador quiere todas las islas para Japón con tanta insistencia que la solución "dos más alfa" ni siquiera se discute en público hasta el punto de que el ministro de Exteriores del país, Taro Kono, tuvo que pedir perdón por ignorar directamente las preguntas de la prensa en una rueda de prensa reciente.

RUSIA, CON SUS PROPIAS CONDICIONES

La condición que plantearía Rusia en un caso extremo se basta ella sola para dinamitar el posible acuerdo: su categórica negativa a que Estados Unidos extienda la presencia militar que mantiene en Japón a cualquier isla que fuera devuelta al Gobierno nipón.

Todo porque Rusia considera las islas una posición militar estratégica que ha ido consolidando durante los últimos meses. Sin ir más lejos, el Kremlin anunció el pasado lunes que había construido nuevos barracones y garajes de vehículos pesados.

Japón emitió una protesta al respecto, que Rusia intentó aplacar con la convocatoria de un nuevo encuentro para discutir una solución económica, pero la realidad es que cualquier transferencia de soberanía pasa inevitablemente por el llamado Tratado de Seguridad entre Japón y EEUU, por el que Washington tiene derecho a establecer bases militares en las islas.

"Abe quiere salirse con la suya y limitarse a declarar verbalmente que Estados Unidos no tendrá presencia militar. Eso no le satisface a Rusia ni de lejos", según el analista y profesor de la Universidad de Temple, James Brown.

Y el tiempo se agota. "Ésta es su última oportunidad", avisa Togo. "Porque todos sabemos el tiempo que queda. Lleva diciendo desde hace seis años que es su prioridad absoluta. Cualquier golpe que reciba, le va a pesar más que nunca".