Crón.CELAM.- El Papa defiende una Iglesia independiente y subraya el fracaso de sistemas políticos sin Dios en el centro

Actualizado 14/05/2007 0:50:30 CET

Lamenta la ausencia de líderes católicos en el ámbito político, comunicativo y universitario en el subcontinente latinoamericano

APARECIDA (BRASIL), 13 May. (de la enviada especial de EUROPA PRESS, Laura Caldito) -

El Papa Benedicto XVI manifestó hoy su preocupación por las formas de gobierno autoritarias o sujetas a "ciertas ideologías que se creían superadas" en el subcontinente latinoamericano y puso en evidencia el "fracaso" de todos los sistemas, marxistas o capitalistas, que pongan a Dios "entre paréntesis". En este contexto, en la ceremonia de apertura de los trabajos de la V Conferencia del Episcopado de América Latina, el Santo Padre advirtió de que la Iglesia no puede ser la respuesta inmediata a los problemas políticos y, defendiendo una "sana laicidad", pidió a los católicos que estén presentes en la toma de decisiones y en la oposición contra las injusticias.

El Papa daba así comienzo a la conferencia que abordará hasta el próximo 31 de mayo los problemas a los que se enfrenta la Iglesia en la región, y que Su Santidad resumió denunciando el debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la pertenencia a la Iglesia católica debido "al secularismo, al hedonismo, al indeferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones pseudo religiosas".

Nada más comenzar su discurso ante los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos presente en la apertura de la Conferencia, Benedicto XVI abordó el estado de la fe cristiana en América Latina, que se enfrenta a "serios retos", que ponen en juego "el desarrollo de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos". En este marco, quiso hacer un llamamiento contra los intentos de volver a las religiones precolombinas, considerando que esta "utopía" no sería un progreso, sino "una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado".

Inmediatamente después, el Santo Padre abordó el estado de la sociedad actual, muy distinta a aquella a la que se enfrentaron los obispos en las anteriores conferencias episcopales de la región. Así, el Papa aludió a la globalización, un fenómeno que, "aunque en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la unidad", comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de "convertir el lucro en valor supremo". Para combatir este riesgo, dijo, la globalización debería regirse por la ética y poner todo al servicio de la persona.

En lo que respecta a América Latina y el Caribe, Benedicto XVI, aunque reconoció una evolución hacia la democracia, manifestó su "preocupación" ante formas de gobierno "autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad". Asimismo, su ataque se dirigió también hacia la "economía liberal" de algunos países de la región, que deberían tener presente "la equidad", dado el continuo aumento de los sectores sociales que se enfrentan a una "enorme pobreza" o que se ven "expoliados de los propios bienes naturales".

Para Benedicto XVI el "gran error destructivo" de las tendencias dominantes en el último siglo, tanto de los sistemas marxistas "como incluso de los capitalistas" es haber centrado su "realidad" en los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos, y no haber tenido en cuenta a Dios. Ya que, según el Santo Padre, "quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad" y sólo puede acabar "en caminos equivocados y con recetas destructivas".

"Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano", sentenció el Santo Padre, defendiendo su tesis en la evidencia del "fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis". En concreto, se refirió al sistema marxista, que, donde ha gobernado, según el Papa, "no sólo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa destrucción del espíritu". Pero esta destrucción también se ve en occidente, "donde crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de la felicidad".

"SANA LAICIDAD"

Sin embargo, Benedicto XVI consideró que no es la Iglesia quien debe establecer las estructuras políticas de una sociedad y, es más, afirmó, el respeto de una "sana laicidad" es algo "esencial en la tradición cristiana auténtica". Así, el Papa defendió la independencia de la Iglesia respecto de los poderes políticos para poder continuar su lucha contra las injusticias.

"Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinable", explicó el Sumo Pontífice. Por el contrario, dijo, la tarea de la Iglesia en el ámbito político es "formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas".

Así, recordó a los laicos católicos su "responsabilidad en la vida pública" y les pidió que estén presentes en "la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias". En este sentido, lamentó la ausencia de "líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada", que, en los ámbitos político, comunicativo y universitario, "sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas". De esta manero, instó a los movimientos eclesiásticos a que recuerden a los laicos su misión de "llevar la luz del Evangelio a la vida pública, cultural, económica y política".

FAMILIA, "PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD"

En su discurso, el Papa no podía obviar a la familia, "uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos", y que tan presente ha estado durante su visita pastoral a Brasil. Así, denunció nuevamente la situación a la que se ve arrojada esta institución --"patrimonio de la humanidad"-- debido "al secularismo y el relativismo ético, por los diversos flujos migratorios internos y externos, por la pobreza, por la inestabilidad social y por legislaciones civiles contrarias al matrimonio que, al favorecer los anticonceptivos y el aborto, amenazan el futuro de los pueblos".

La familia, aseguró el sucesor de Pedro, es algo insustituible "para la serenidad personal y para la educación de los hijos". Así, pidió el apoyo del Estado a las madres que quieran dedicarse en pleno a la educación de sus hijos, ya que, dijo, "el papel de la madre es fundamental para el futuro de la sociedad". Además, defendió que los padres sean "verdaderamente padres" y ejerzan su "indispensable responsabilidad y colaboración en la educación de sus hijos", que tienen el derecho "de poder contar con el padre y la madre. Para todo esto, es indispensable contar con una pastoral familiar intensa y promover "políticas familiares auténticas que respondan a los derechos de la familia como sujeto social indispensable".

Por otra parte, en su discurso, el Papa alemán hizo un llamamiento para que la nueva etapa de la Iglesia misionera de América Latina y del Caribe que ahora se inaugura se sustente en "el conocimiento profundo de la Palabra de Dios. En este sentido, instó a que se recurra también a los medios de comunicación para hacer llegar de una manera eficaz el mensaje de Cristo a un gran número de personas.

Después de la ceremonia de apertura de la CELAM, el Papa dejará Aparecida y volverá a Sao Paulo, para decir adiós a los brasileños en una ceremonia de despedida, prevista para las 19:50 horas (hora local, 00:50 hora peninsular española), tras la cual abandonará el país con destino a Roma, tras su primera visita al continente americano.