Crónica Francia.- Rebelión en un suburbio de París tras la muerte de dos adolescentes

Actualizado 26/11/2007 21:08:35 CET

El accidente en que se ha visto envuelto un coche policial hace temer una reedición de las revueltas de 2005

VILLIERS-LE-BEL, (FRANCIA), 26 Nov. (EUROPA PRESS) -

La localidad francesa de Villiers-le-Bel, un suburbio de apenas 30.000 habitantes situado unos 20 kilómetros al norte de París, fue anoche escenario de una ola de violencia desatada por la muerte de dos chavales de 15 y 16 años, Moushin y Larami, que chocaron con un coche de la Policía en un cruce cuando viajaban a bordo de una motocicleta de 'cross'.

Los cuerpos de los chicos, que no llevaban casco, estuvieron durante una hora en la carretera hasta que efectivos de los Bomberos se desplazaron al lugar para recoger los cadáveres.

Aunque las primeras hipótesis de la investigación abierta para esclarecer las causas del accidente descartan que la patrulla policial provocara el siniestro, muchos testigos niegan esta versión.

La cólera de los jóvenes del barrio más conflictivo de Villiers se desató al conocer los hechos y el balance de momento se eleva a 40 policías y un bombero heridos, un concesionario con entre 30 y 40 coches quemados y una comisaría de Policía completamente calcinada.

Las opiniones de los vecinos oscilan entre quienes entienden el enfado por la muerte de los chavales y quienes se quejan de los destrozos, pero en ambos lados se comparte el temor de estar ante un nuevo Clichy-sous-Bois, el suburbio parisino que en 2005 fue escenario de tres semanas de disturbios y coches quemados y llevó al entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, a calificar de "gentuza" a los autores de los disturbios.

Su sucesora al frente de la cartera, Michèle Alliot-Marie, fue hoy más comedida y pidió "serenidad" para que la investigación concluya lo más rápidamente posible. En la misma línea, desde Beijing, donde se encuentra de viaje oficial, el presidente Sarkozy, deseó que "todos se calmen y que se deje a la justicia determinar la responsabilidad de unos y de otros".

Por su parte, el primer ministro, François Fillon, ha telefoneado a los padres de los chiquillos para trasladarles sus condolencias y les ha prometido que se hará todo lo posible para "investigar la verdad".

HIPOTESIS

Según las primeras hipótesis de la investigación conocidas a primera hora de la tarde, la inspección general de la Policía Nacional ha descartado la responsabilidad de los policías en el accidente, argumentando que los chavales iban muy rápido y se saltaron un ceda el paso.

Pero testigos del accidente niegan esta versión. Algunos, como un joven negro que conocía a los fallecidos y que estaba hoy a primera hora de la mañana en el lugar del siniestro, acusa incluso a los policías de "cobardes" por haber dejado los cuerpos "más de una hora tirados en la calle", hasta que llegaron los bomberos a recogerlos.

"No fue un accidente. Lo que la gente vio no es un accidente. Abusan de su poder. Los polis son la mierda, la mierda. Esto es para rebelarse. Hay una buena razón para rebelarse. Esto tiene que reventar. No es un accidente, es un asesinato", relata el joven ante la prensa.

La Fiscalía ha abierto una investigación para determinar si los hechos pueden ser constitutivos de "homicidio involuntario" o "denegación de auxilio a personas en peligro".

"Los niños iban al colegio de mis hijos y no hemos podido dormir. No hay que perseguir así a los chicos. La gente estaba enfadada, muy enfadada", cuenta otra vecina de Villiers que bajó a la calle al escuchar el golpe de la moto contra el coche de la Policía.

Pero frente a los que entienden la cólera de los jóvenes están los que sufrieron en primera persona las consecuencias de la violencia, como Vincent Pétillon, el dueño del concesionario de coches situado al lado de la central de Bomberos.

Entre treinta y cuarenta coches quemados, dos años para levantar un nuevo edificio porque el actual ha sido completamente devastado por las llamas y treinta trabajadores que se quedarán en paro a consecuencia del cese de la actividad de una empresa que lleva en Villiers quince años y tiene un taller de reparación desde hace cuarenta.

En 2005, Pétillon ya se vio obligado a aumentar la seguridad de los locales, pero hasta ahora no había sido afectado en primera persona por las revueltas.

"ERAMOS REHENES"

Vila, una mujer que vive en un bloque de pisos desde cuyas ventanas se divisa el cuartel general de los Bomberos y el concesionario de coches devastado, narra cómo a eso de las 19.30 horas de ayer unos 200 jóvenes les convirtieron en rehenes durante hora y media "armados y con cócteles molotov".

"Estábamos cercados, la policía no podía llegar y los bomberos no podían salir. Tuvimos miedo, un miedo inexplicable. Va a ser lo mismo que en Clichy-sous-Bois. Creo que esta noche volverán a empezar, no sé cómo pero volverán. Me soprendería que esto se acabara, porque han muerto dos".

La cólera se desató en uno de los barrios más delicados de Villiers, una localidad rodeada de campo en apariencia tranquila y sin grandes muestras evidentes de deterioro económico que esconde grandes diferencias entre barriadas y una conflictividad larvada que sólo necesita un pretexto para explotar.

"En ese barrio hay droga y hay de todo. Es verdad que la vida es cara, que los jóvenes no tienen dinero y están mal en sus barrios. Los negros no quieren a los blancos y los franceses les concentran y luego se vuelven agresivos", explica una vecina. El barrio donde estalló la cólera después del accidente está habitado en su mayoría por población negra y, en menor medida, de origen árabe.

"TENSION PALPABLE"

El portavoz del Sindicato General de Policía de Val-D'Oise, Francis Debuire, ve los hechos como el resultado de "una tensión palpable" desde las revueltas de 2005 que, a su juicio, jamás se atenuaron. "Hay --dice-- un clima de tensión permanente en ese barrio donde cada intervención policial es objeto de cócteles molotov".

Debuire también se defiende de las acusaciones que apuntan a los policías como causantes del accidente y dice temer lo peor en las próximas horas.

"Será la guerra entre los que aprovechan para romperlo todo y la Policía, que intenta hacer su trabajo lo mejor posible. Lamentablemente no espero días felices para la Policía nacional", augura el portavoz del sindicato policial, que se queja asimismo de la falta de efectivos y de medios.