PRESIDENCIA DE UZBEKISTÁN
Criado en un orfanato, el presidente de Uzbekistán ha mantenido la independencia de su país frente a Occidente y Rusia
BISHKEK, 2 Sep. (Reuters/EP) -
El presidente de Uzbekistán, Islam Karimov, quien según fuentes diplomáticas ha muerto a los 78 años tras sufrir una hemorragia cerebral, se veía a sí mismo como el protector de su país de Asia Central contra la amenaza del islam radical. Para sus críticos, era un brutal dictador que usó la tortura para permanecer en el poder.
Karimov, quien llevó a la antigua república soviética a su independencia de Moscú en 1991, reveladoramente eligió a Tamerlán, el gobernante del siglo XIV de Asia Central y conquistador con una inclinación a los asesinatos masivos, como héroe nacional de Uzbekistán.
El presidente no toleró ninguna disidencia durante sus 27 años en el poder, resistió obstinadamente la presión para reformar la moribunda economía uzbeka y guardó celosamente la independencia de su país frente a Rusia y Occidente.
En un enérgico rechazo a los llamamientos de Occidente a respetar los Derechos Humanos, Karimov dijo en 2006: "No interfiráis en nuestros asuntos bajo el pretexto de impulsar la libertad y la democracia (...) No nos digáis qué hacer, de quién ser amigos y cómo orientarnos".
Bajo su mandato, Uzbekistán, un país de 32 millones de habitantes que se encuentra en la antigua Ruta de la Seda que une Asia con Europa, se convirtió en uno de los más aislados y autoritarios.
Karimov advertía regularmente de la amenaza que planteaban los milicianos islamistas para la estabilidad de la vasta región de Asia Central, rica en recursos naturales, pero sus detractores le acusaban de exagerar los peligros para justificar su represión contra la disidencia política.
"Tales personas deben ser disparadas en la cabeza", dijo de los islamistas en un discurso ante el Parlamento en 1996. "De ser necesario, si carecéis de determinación, yo mismo les dispararé", agregó.
BAILE DIPLOMÁTICO
Las relaciones de Uzbekistán con Estados Unidos y la Unión Europea quedaron congeladas cuando sus tropas suprimieron brutalmente un levantamiento popular en la localidad de Andiján, en el este, en mayo de 2015. Cientos de civiles murieron, según los informes de testigos y grupos de defensa de los Derechos Humanos.
Karimov cerró la base militar estadounidense en Uzbekistán, establecida tras los atentados del 11-S por parte de Al Qaeda. Occidente impuso una serie de sanciones contra Uzbekistán y congeló los visados a altos cargos uzbekos, empujando a Karimov a mejorar las relaciones con Rusia.
Pero a medida que Occidente fue aflojando lentamente su postura sobre Uzbekistán, un productor de algodón, oro y gas natural, Karimov ofreció una ruta de tránsito vital para los suministros de carga de Estados Unidos en la guerra en el vecino Afganistán.
Ante el deterioro nuevamente de la relación con Rusia, Uzbekistán suspendió en 2012 su pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva liderado por Moscú y que agrupa a varias antiguas naciones soviéticas y es visto por algunos analistas como el contrapeso regional a la OTAN.
CRIADO EN UN ORFANATO
Karimov nació el 30 de enero de 1938, hijo de madre tayika y padre uzbeko. Creció en un orfanato del Estado y posteriormente ascendió rápidamente en las filas del Partido Comunista Soviético. Fue miembro del Politburó Soviético y líder del Partido Comunista uzbeko desde 1989 hasta que la Unión Soviética cayó en 1991.
Tras la independencia, la economía permaneció firmemente regulada por el Estado pese a la presión del Fondo Monetario Internacional y otros órganos para introducir reformas de mercado y liberalizar el mercado de cambio.
Karimov mantuvo a la prensa local fuertemente amordazada y prohibió a los grandes medios internacionales como la BBC trabajar en el país. Human Rights Watch (HRW) dijo en marzo de 2011 que se había visto obligada a cerrar su oficina local tras 15 años en el país, explicando que sus investigadores no habían recibido visado y acreditaciones para trabajar.
Dando descripciones detalladas de varios casos de tortura en las cárceles uzbekas, incluidos devotos musulmanes, HRW aseguró que "las confesiones obtenidas bajo tortura son a menudo la única base para las condenas". "Los métodos usados comúnmente usados incluyen golpes con porras, electroshock, colgar de muñecas y tobillos, violación y humillación sexual, asfixia con bolsas de plástico y máscaras de gas, y amenazas de daño físico a familiares", añadió.
En un revés para las antiguas tradiciones comerciales del país, Karimov cerró muchos mercados al aire libre, una fuente de noticias y cotilleos así como de ingresos para muchos, en el marco de una campaña contra lo que describió como comercio de mercado negro.
Como en los tiempos soviéticos, para evitar ser escuchados por sus vecinos, los uzbekos recurrieron a la privacidad de sus cocinas para discusiones en susurros sobre política.
DOS HIJAS
Karimov tiene dos hijas. Una de ellas, Gulnara, intentó posicionarse como una estrella del pop tanto en el país como fuera, convirtiéndose en una de las personas más poderosas de Uzbekistán y controlando presuntamente un vasto imperio empresarial.
Pero varios medios, incluida la BBC, informaron en 2014 que había sido puesta bajo arresto domiciliario, y Gulnara no ha vuelto a aparecer en público desde entonces.
Su hija menor, Lola Karimova-Tillyaeva, ha ganado notoriedad pública y actualmente es embajadora ante la UNESCO. En 2013 dijo a la BBC que no había hablado con Gulnara desde hacía 12 años.
Algunos en Uzbekistán ven un simbolismo oscuro detrás de la elección de Tamerlán por parte de Karimov como héroe nacional uzbeko en lugar de su nieto Ulughbek, un reformista de corte liberal. "El Todopoderoso nos concedió mucha gracia a nuestro pueblo, nuestra nación, enviándonos a un hombre tan magnífico como Amir Temur (Tamerlán)", dijo Karimov en un discurso en 1996. "Debemos darle gracias al Creador por esto 1.000 veces", añadió.