MIRAN SHAH 10 Oct. (EP/AP) -
Cientos de habitantes de las regiones paquistaníes fronterizas con Afganistán despidieron hoy a las decenas de víctimas civiles por los bombardeos del Ejército de los últimos cuatro días contra bastiones insurgentes en la zona.
Los funerales se celebraron después de que los habitantes pidieran al Ejército de que detuviese las operaciones contra milicianos y talibán que iniciaron el pasado sábado y que desde entonces se han cobrado la vida de unas 250 personas.
Según habitantes de la región, aproximadamente 1.500 asistentes acudieron al entierro de 50 civiles, incluidas mujeres y niños, en la localidad de Epi, que ha sufrido algunos de los más intensos bombardeos. Sin embargo, Maulvi Gul Daraz, uno de los clérigos musulmanes que ofició los funerales, explicó que allí se han enterrado 27 cadáveres y que otros fueron trasladados a otra población cuando aparecieron varios helicópteros en el cielo y cundió el pánico ante un posible nuevo ataque.
Daraz describió Epi como una ciudad fantasma cuyos habitantes habían huido para salvar sus vidas cuando comenzaron los bombardeos. Algunas de las víctimas mortales fueron encontradas tiradas en la calle o entre los escombros de casas y tiendas completamente destruidas. Además, el clérigo indicó que decenas de heridos de todas las edades habían sido desplazados a Bannu, ciudad situada a 50 kilómetros al este.
Mientras, residentes en la ciudad de Mir Ali, cerca de Epi, informaron de un estallido de bombardeos poco antes del amanecer, por lo que diez personas acudieron a la base del Ejército en Miran Shah, la principal ciudad de la región, para pedir un descanso en los ataques, explicó Hafiz Muhamad Wali, un profesor de escuela que lideraba al grupo.
Fuentes militares "nos aseguraron que sólo por hoy no habría operaciones, por lo que los funerales podrán celebrarse y los heridos serán atendidos", declaró Wali a la agencia AP.
Por su parte, Farid Ullah, un hombre que también vive en Mir Ali, destacó que unas 10.000 personas de la zona se han visto obligadas a abandonar sus hogares, pero que, con el Ejército bloqueando las carreteras, han tenido que atravesar las montañas para llegar a ciudades seguras.