Archivo - Protestas en Lima contra el nombramiento de José Jerí como presidente, en octubre de 2025. - Europa Press/Contacto/Carlos Garcia Granthon
MADRID, 21 Feb. (EUROPA PRESS) -
El Congreso de Perú destituyó esta semana en una moción de censura a José Jerí, séptimo presidente que ha pretendido gobernar el país en los últimos diez años, a dos meses de la primera vuelta de las nuevas elecciones, en otro capítulo más de una perenne debacle institucional sin parangón en la región, en donde la inestabilidad se ha convertido en un modelo de gobernanza.
Los cuatro meses de Jerí al frente del Gobierno han representado el segundo mandato más corto de está última década, solo superado por el breve Manuel Merino, obligado a dejar el cargo a los cinco días después de que dos personas murieran y otro centenar salieran heridas por la represión policial durante la ola de protestas que sacudió el país en noviembre de 2020.
Anterior presidente del Congreso, Jerí fue investido en octubre de 2025 tras la destitución de Dina Boluarte, desacreditada por numerosos casos de corrupción, la represión mortal de manifestantes en las protestas de 2022, además de comparecer en las encuestas como la líder peor valorada de América Latina.
Su nombramiento generó rechazo el mismo día después de que salieran a la luz una serie de mensajes sexistas en sus redes sociales, pero sobre todo por una acusación de agresión sexual por la que aceptó como castigo someterse a terapia.
Una forma de tratar con las mujeres que ha vuelto a quedar en entredicho durante su mandato tras conocerse también que varias jóvenes habían sido contratadas por el Estado tras realizar visitas nocturnas a la residencia oficial.
Sin embargo, el principal escándalo que ha motivado la mayoría de las siete mociones de censura que ha ido acumulando estos cuatro meses tiene que ver con los encuentros clandestinos que mantuvo con empresarios chinos de dudosa reputación, en un caso que la prensa local bautizó como 'Chifa Gate', en referencia al nombre con el que se conocen en Perú a los restaurantes de comida asiática.
La prensa reveló imágenes de estos encuentros con Zhihua Yang, un empresario con acuerdos con el Estado, en alguna de las cuales se ve al ya expresidente acudiendo encapuchado. Ante el revuelo, Jerí intentó disculparse y encuadró las reuniones en la organización de los actos por el Día de la Confraternidad Peruano-China.
En paralelo, se supo que el también empresario chino Ji Wu Xiaodong, procesado por tráfico ilegal de madera, visitó al mandatario en varias ocasiones en el Palacio Presidencial a pesar de estar bajo arresto domiciliario.
LA INCAPACIDAD MORAL PERMANENTE
La destitución de Jerí ha reafirmado de nuevo el poder del Congreso para poner y quitar presidentes. De esta lista, el único que ha logrado cumplir con su mandato constitucional ha sido Ollanta Humala, entre 2011 y 2016, ahora en prisión, destino recurrente, por otro parte, de la gran mayoría de los jefes de Estado electos.
A excepción de Francisco Sagasti, que completó el periodo desde la salida de Merino y las elecciones de 2021 en las que se impuso Pedro Castillo --cesado y ahora preso por intentar disolver el Congreso--, el resto han sido destituidos a través de la llamada vacancia presidencial, por la cual basta con una votación para declarar moral o físicamente incapaz al presidente.
Este mecanismo del que gozan los congresistas merma la capacidad del presidente, que de salida parte en muchas ocasiones sin la suficiente fuerza para tejer alianzas parlamentarias en un sistema político viciado por intereses particulares, e incluso sin un apoyo sólido de su propio partido, como se evidenció en el caso de Pedro Castillo, abandonado por Perú Libre.
En lo que respecta a Jerí, su salida llegó con una moción de censura, mucho más sencilla de ejecutar ya que basta con el aval de una mayoría simple. No obstante, algunos constitucionalistas advirtieron de que el mecanismo legal era la vacancia, ya que la censura es para ministros y congresistas, no para el jefe de Estado.
Ahora, el mismo Congreso ha elegido a José Balcázar, diputado octogenario del izquierdista Perú Libre, sancionado por prevaricación cuando ejercía como juez del Supremo, acusado de robar por su colegio de abogados, y como parlamentario, conocido por oponerse a la ley contra el matrimonio infantil.
CÁLCULO ELECTORAL
En pocas semanas los peruanos acuden a votar para elegir al noveno presidente en los últimos diez años entre una ristra de hasta 36 candidatos, entre los que destacan la ultraderechista Keiko Fujimori --en el que será su cuarto intento por llegar a la Casa Pizarro--; el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, exministros como Jorge Nieto o Fiorella Molinelli, y el prófugo de la justicia Vladimir Cerrón.
Nunca antes los peruanos habían podido elegir entre tantos aspirantes, algunos de los cuales en caso de no llegar a la Presidencia podrían ocupar un escaño en la Cámara de Diputados, o bien en el Senado, pues partir de julio de 2026 regresa el sistema bicameral a Perú, reforzando así aún más si cabe el poder del Legislativo.
Escándalos y la peor crisis de seguridad de los últimos años a parte, la salida de Jerí responde al cálculo electoral de los partidos con varios congresistas que aspiran a mantener su escaño en la siguiente legislatura. Un juego político que se ha desarrollado también durante la última votación para elegir a Balcázar, que se ha beneficiado de esta disputa entre las derechas peruanas.