MADRID 22 Feb. (EUROPA PRESS) -
La organización Human Rights Watch (HRW) ha anunciado este viernes la muerte de un activista sirio bajo custodia en el hospital militar de Harasta el 16 de febrero, al tiempo que ha apuntado que un segundo detenido habría fallecido en noviembre, citando como fuente a un reo recientemente liberado.
Omar Aziz, de 64 años de edad, falleció la semana pasada en el hospital militar de Harasta, mientras que Ayham Ghazzoul, de 26 años, había muerto en un edificio de la Inteligencia Militar en Kafr Suseh en noviembre de 2012.
HRW ha destacado que estas muertes "subrayan la urgente necesidad de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pidan a las autoridades sirias que garanticen acceso inmediato y sin restricciones a observadores internacionales a todos los centros de detención"
"La muerte de Aziz y la temida muerte de Ghazzoul son otro recordatorio de la necesidad de que se levante inmediatamente el velo de secretismo sobre las prisiones sirias", ha dicho la directora de HRW para Oriente Próximo, Sarah Leah Whitson. "¿Cuántas más muertes en custodia debe haber antes de que el Consejo de Seguridad pida a Siria que abra sus centros de detención?", se ha preguntado.
Asimismo, HRW ha expresado su preocupación por el estado de salud de otros activistas en base a las pruebas a informaciones facilitadas por otros presos y familiares, al tiempo que ha destacado que algunos de los reos permanecen incomunicados durante meses y que muchos de ellos podrían haber sufrido torturas.
Un familiar de Aziz ha señalado que el activista fue trasladado desde la prisión de Adra al hospital militar de Harasta el mismo día de su fallecimiento, provocado por complicaciones cardíacas derivadas de una elevada prisión sanguínea, que Aziz sufría antes de ser detenido y por la que tomaba medicación.
Sin embargo, un testigo que vio a Aziz en Adra ha matizado que sus condiciones de salud deterioraron drásticamente desde su detención, que se produjo el 20 de noviembre. Las fuerzas de seguridad le mantuvieron incomunicado en Mezze, Damasco, hasta el 12 de febrero, cuando fue trasladado a Adra.
Esta fuente ha añadido que Aziz perdió mucho peso y que fue maltratado y encerrado en una celda de 4x4 metros cuadrados junto a otras 85 personas, tal y como ha recogido HRW en su comunicado. Asimismo, ha apuntado que el propio Aziz le confirmó que no había sido torturado y que se le habían entregado los medicamentos de forma regular.
El fallecimiento del activista le fue comunicado a la familia a través de un reo recientemente liberado, ya que las autoridades no se pusieron en contacto con los familiares tras la muerte. Tras acudir al hospital militar de Harasta, la familia confirmó el fallecimiento.
Aziz viajó a Siria en 2011 desde la localidad saudí de Riad, donde trabajaba para una empresa informática y comenzó a trabajar junto a un grupo informal de activistas para entregar ayuda humanitaria en los barrios periféricos de Damasco.
Por otra parte, la muerte de Ghazzoul fue comunicada a la familia también por un preso recientemente liberado, que aseguró haberle visto morir en un centro de detención de Kafr Suseh el 9 de noviembre.
Al parecer, la muerte fue provocada por las heridas que sufrió unos días antes tras ser agredido por miembros del Sindicato Nacional de Estudiantes (NSU), un organismo estudiantil pro gubernamental, y dos miembros de la 'shabihha' --milicia paramilitar-- tras su detención. A pesar de las peticiones de la familia al Gobierno para que informe sobre su estado, las autoridades no se han pronunciado.
"Una constelación de abusos rodea cada incidente de detención arbitraria en Siria, desde la negativa del Gobierno a reconocer quién está bajo su custodia hasta informes de torturas durante la detención", ha dicho Whitson. "La comunidad internacional, y ante todo los aliados de Siria, han de presionar para que el Gobierno ponga fin a estos claros abusos", ha remachado.