Stéphane Charbonnier, Charb, el dibujante y director de Charlie Hebdo que no quiso vivir de rodillas

Charb, director de Charlie Hebdo, posa en las oficinas de París en 2012
Foto: REUTERS
Actualizado 15/01/2015 15:14:02 CET

MADRID, 7 Ene. (EDIZIONES) -

Stéphane Charbonnier, más conocido como Charb, ha sido una de las 12 víctimas mortales que hasta ahora ha dejado el atentado terrorista contra la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo. Era uno de los principales dibujantes de la revista y su director desde mayo de 2009.

Charb ha sido asesinado con 47 años. Nacido el 21 de agosto de 1967 en Conflans-Sainte-Honorine, en el departamento de Yvelines, región Île-de-France, publicó sus primeros dibujos en el periódico de su colegio, en la ciudad de Pontoise.

Su vida laboral se ha centrado en el dibujo de viñetas, a excepción de unos meses en los que trabajó para la empresa francesa de publicidad BTS.

FICHA POR EL NUEVO CHARLIE HEBDO

En 1991 empezó a trabajar con uno de sus ídolos, el dibujante Cabu -también abatido en el tiroteo- en la publicación satírica 'Le Grosse Bertha', creada en 1991 con el objetivo de mostrar la oposición de sus promotores a la Guerra del Golfo.

Un año más tarde Charb abandonó esta revista para participar junto a Cabu en la refundación de Charlie Hebdo, un semanario satírico de izquierdas, muy polémico y criticado por sus ofensas a los sentimientos de musulmanes, cristianos y judíos, entre otros colectivos e individuos.

En julio de 1992 se lanzó el nuevo Charlie Hebdo, en la que los nuevos fichajes, como Charb, Oncle Bernard, Renaud, Luz y Tignous, se juntaron con las firmas más conocidas de las ediciones de los 70, como Cavanna, Delfeil de Ton, Siné, Gébé, Willem, Wolinski y el propio Cabu.

Charb no solo trabajaba para Charlie Hebdo sino para varias otras publicaciones, tales como 'L'Écho de savanes', 'Télérama', 'Fluide Glacial' (donde firmaba mensualmente 'La fatwa de l'Ayatollah Charb') y 'L'Humanité'.

También colaboró en 2007 y 2008 con el programa de televisión 'T'empêches tout le monde de dormir'. Apoyaba al Partido Comunista Francés y a la coalición Front de gauche.

Sus dibujos se caracterizan, para sus admiradores, por el espíritu corrosivo y la irreverencia; para sus detractores, por la mala educación y el pésimo gusto. El lema junto a su rúbrica era: "Charb n'aime pas les gens" (Charb no quiere a la gente).

Por ejemplo, entre sus personajes destacan los antihéroes Maurice y Patapon: el primero es un perro bisexual, anarquista y amante de los excrementos y el sexo y el segundo un gato asexual, fascista y ultra liberal que ama la muerte y el sufrimiento de los demás. La escatología y la pornografía eran pasto de sus viñetas.

DIRECTOR AMENAZADO

En mayo de 2009 Charb sustituyó a Philippe Val en la dirección de la revista. Sabía los riesgos a los que se exponía, tres años más tarde de la polvareda levantada en todo el mundo por la publicación de unas caricaturas de Mahoma, el profeta de los musulmanes. En ellas se ridiculizaba al primero y se llamaba "cons" (gilipollas, tontos) a algunos de sus seguidores.

Como director mantuvo la misma línea polémica, irreverente y ofensiva de su antecesor. En noviembre de 2011, tras la publicación del número especial 'Sharia Hebdo', las oficinas de la revista fueron incendiadas con cócteles molotov y su página web hackeada.

Tras este atentado, el director Charb fue puesto bajo protección de escolta permanente. Estaba amenazado de muerte por el islamismo radical, en un contexto histórico especialmente conflictivo en este sentido.

Charb continuó publicando caricaturas de Mahoma e incluso una historia en cómic del fundador del Islam, en 2013, en la que, según la revista, participaron especialistas en estudios islámicos. La enemistad entre Charlie Hebdo y el mundo árabe, especialmente el radical, no dejaba de crecer.

En 2012 declaró al francés Monde: "No tengo hijos, ni mujer, ni coche ni crédito... Puede que sea un poco pomposo esto que voy a decir, pero prefiero morir de pie a vivir de rodillas". Este 7 de enero dos terroristas islamistas armados con fusiles irrumpieron en su redacción y pusieron fin a su vida.