LOGROÑO, 12 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Colegio Profesional de Educadores Sociales La Rioja ha señalado, a través de un comunicado, que "la educación social reclama su lugar en los centros educativos de La Rioja", ya que el "bienestar del alumnado no puede improvisarse".
La reciente noticia sobre la presencia de coordinadores de convivencia en 116 centros educativos de La Rioja "vuelve a poner sobre la mesa un debate que lleva años pendiente en el sistema educativo: quién debe asumir realmente las funciones vinculadas al bienestar, la convivencia y la protección del alumnado", ha señalado el Colegio Profesional.
La implantación de la figura del coordinador o coordinadora de Bienestar y Protección, contemplada en la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), "representa una oportunidad histórica para reforzar la protección del alumnado en los centros educativos".
La ley reconoce una "realidad evidente": la escuela del siglo XXI "no solo educa en contenidos, sino que también debe prevenir situaciones de violencia, detectar vulnerabilidades, acompañar emocionalmente al alumnado y trabajar con las familias y la comunidad". Sin embargo, "la forma en que se está desarrollando esta figura en La Rioja genera una profunda preocupación entre los profesionales de la Educación Social".
La reciente resolución de la administración educativa establece que estas funciones "recaigan en profesorado del propio centro, mediante horas complementarias dentro de su jornada docente". En la práctica, esto significa que docentes cuya especialidad es Historia, Lengua, Matemáticas o cualquier otra materia curricular asumen, "además de su labor docente, responsabilidades relacionadas con la convivencia, la prevención de la violencia o la protección del alumnado".
"NO TODO PUEDE RECAER EN EL PROFESORADO"
"Nadie cuestiona el compromiso del profesorado", han señalado, para indicar que "al contrario" ya que "quienes trabajamos en el ámbito socioeducativo sabemos bien que los docentes llevan años sosteniendo situaciones complejas con una dedicación admirable". Pero precisamente "por respeto a esa labor es necesario decirlo con claridad: no todo puede recaer sobre el profesorado".
Las funciones que la LOPIVI atribuye al Coordinador de Bienestar "no son meramente administrativas ni organizativas". Se trata de tareas que requieren formación específica en intervención socioeducativa, mediación, prevención de conflictos, acompañamiento emocional, trabajo con familias y coordinación con recursos comunitarios. Ese es, precisamente, el campo profesional del Educador o Educadora Social.
La Educación Social "es una profesión reconocida académica y jurídicamente cuya formación universitaria está orientada a intervenir en contextos educativos, sociales y comunitarios con el objetivo de promover el desarrollo personal, prevenir situaciones de riesgo y favorecer la convivencia".
Por ello, el Colegio Profesional ha manifestado que "no se trata de una cuestión corporativa, sino que se trata de una cuestión de adecuación profesional y de calidad educativa", ya que "cuando la administración asigna estas funciones a docentes sin formación específica en intervención socioeducativa no solo se invisibiliza a una profesión preparada para ello, sino que además se sobrecarga al profesorado con responsabilidades que exceden su función docente".
Paradójicamente, muchos de estos docentes "terminan desempeñando tareas para las que no han recibido formación específica, mientras que el sistema educativo continúa prescindiendo del profesional cuya formación está diseñada exactamente para ese tipo de intervención".
El Educador Social, han dejado claro, que "no sustituye al profesorado, lo complementa". En aquellos territorios donde la figura del Educador Social "ya está presente en los centros educativos, su trabajo ha demostrado ser clave para mejorar la convivencia escolar, prevenir conflictos, reducir el absentismo y reforzar la relación entre el centro educativo, las familias y el entorno social".
Además, el Educador Social puede desempeñar una función especialmente valiosa, que es la de "acompañar al profesorado y a los tutores en la gestión de la convivencia y la dinámica de aula, ofreciendo herramientas socioeducativas, apoyo en situaciones complejas y formación específica en resolución de conflictos o educación emocional". "Esto no debilita la labor docente, al contrario, la fortalece".
Por eso resulta "especialmente difícil de entender que, pese a la creciente complejidad social que atraviesan los centros educativos, la figura del Educador Social siga ausente de manera estructural en el sistema educativo riojano".
Sin embargo, "mientras se crean nuevas responsabilidades vinculadas al bienestar del alumnado, la Educación Social continúa siendo sistemáticamente ignorada en la organización de los centros". "No se trata de abrir debates estériles ni de enfrentar profesiones que comparten el mismo objetivo: el bienestar del alumnado".
"Se trata de construir equipos educativos más completos y coherentes con los retos actuales", ha señalado el Colegio Profesional, porque, han apuntado "la escuela necesita docentes, necesita orientadores, necesita psicólogos, y también necesita educadores sociales".
Todo ello, "porque el bienestar del alumnado no puede depender únicamente de la buena voluntad o de horas añadidas a la jornada docente", sino que "necesita profesionales especializados, presencia estable en los centros y una apuesta institucional clara por el trabajo socioeducativo".