Publicado 07/06/2024 08:00

Fernando Jáuregui.- ¿Qué más tiene que pasar de aquí al domingo?

MADRID, 7 Jun. (OTR/PRESS) -

El horizonte, en este soleado casi comienzo de verano, no puede tener, sin embargo, nubes políticas más negras. ¿Qué más tiene que pasar de aquí al domingo para contribuir a hacer más tensa la marcha a las urnas? Uno, que ya está curado de espanto, tiende a pensar que cualquiera de las muchas cosas que se gestan en la penumbra puede salir de golpe a la luz y trastocar súbitamente el resultado que nos indican las oficialmente prohibidas encuestas.

Pocas veces un final de campaña con tantas tensiones, incógnitas y con tanta bronca. Con la Fiscalía enfrentada con algunos jueces, con la mujer del presidente del Gobierno interviniendo, en momentos muy difíciles para ella, en mítines electorales, casi suplantando el protagonismo de una candidata que se convierte, contra lo que es su talante, en vociferante. Con la Fiscalía europea pidiendo a la Guardia Civil que vigile los ‘papeles’ que puedan afectar a lo que ya se llama ‘caso Begoña’.

Y con todos los movimientos telúricos que usted pueda imaginar –y no es fácil imaginarlo todo—, incluyendo en ello la irrupción del Tribunal Constitucional en la Comunidad clave para el futuro de lo que sea la política española: hablo, claro, de Cataluña, que es cuestión que aflorará ya el mismísimo lunes, opacando los titulares de mañana a los titulares de hoy. La batalla poco soterrada por la presidencia de un Parlament que puede condicionarlo todo. O sea, que el ‘caso Gómez’ cederá algo de cuerpo en la letra de los titulares a otros ‘casos’: regresa Puigdemont al protagonismo. Y entonces lo de menos será casi –casi- el veredicto de las urnas ‘europeas’, entre comillas.

Primero: ¿cuánto influye el ‘caso Begoña Gómez’ en el previsible resultado de las elecciones europeas del domingo? Respuesta de algunos expertos consultados: parece que no mucho. La antipatía que provoca la mujer de Pedro Sánchez en los sectores que no son precisamente afectos al presidente estaba ya descontada. Los partidarios están dispuestos a mirar hacia otro lado, revele lo que revele la prensa, haga lo que haga el juez instructor: el PSOE es mucho partido.

Entonces, segundo: ¿puede ganar el PSOE las elecciones, sobrepasando a un PP algo desdibujado, como le suele ocurrir en tantas rectas finales de campaña? Los mismos expertos te dicen: si la campaña durase un mes más, a este ritmo de polarización, por no decir confrontación, podría ser que el PSOE al menos empatase en la práctica con el PP. Hoy, los últimos trackings indican, y espero no ser sancionado por la Junta Electoral por decirlo, que los ‘populares’ mantienen una ventaja tan ligera que hará que en la noche electoral del domingo todos reivindiquen haber ganado, o casi. Pero vaya usted a saber, claro.

Tercero, ¿qué puede dar un vuelco en las próximas horas a los resultados previsibles? Quién sabe: sospecho que todos van a forzar la máquina, y eso significa más confrontación, más tensión, más judicialización de la política, más intervenciones insospechadas. Da la impresión de que, pese a ser apenas –y nada menos- europeas estas elecciones, estamos en la primera fase de unas elecciones generales, lo cual sigue siendo un hito posible en un horizonte no lejano. Eso dependerá, claro, no poco de Puigdemont, que sigue siendo el principal factor de imprevisibilidad con su amenaza nada velada de que, o se convierte en president de la Generalitat (cosa a mi entender casi imposible a la luz de hoy), o tira del mantel y todo –o sea, el Gobierno de su ya casi enemigo Sánchez- rodará por los suelos.

Y entonces, cuarto ¿será el momento de la famosa y negada moción de censura de Feijoo? Despacio. Los cenáculos y mentideros capitalinos bullen con especulaciones y rumores de contactos más o menos directos entre enviados especiales afectos a Junts y a su mentor con gentes próximas a Feijoo –sí, se dan nombres--. Pero no consta que eso haya llegado a puerto alguno; constato, simplemente, que algo se mueve, y que podría moverse mucho más. Y que cualquier semi-bulo mal intencionado o manipulado podría significar un salto, hacia arriba o hacia el barranco, para cualquiera de las dos opciones principales en liza, o sea, las de siempre. Por tensión que no quede. Y por manos que irrumpen desde las cloacas, tampoco.

Advierto: puede que este comentario, a la vista de la velocidad con la que aquí transcurre todo, se quede viejo incluso antes de publicarse. No sé, obviamente, qué más puede pasar, ni qué va a decirse en los mítines de cierre de campaña este viernes, pero seguro que no serán palabras de concordia, acuerdo ante la construcción de la Unión Europea ni paz entre los contendientes. Un síntoma más, por si hiciese falta, de la anormalidad en la que vivimos.

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