Publicado 20/02/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Vuelve, Yolanda. O mejor, no te vayas demasiado lejos

MADRID 20 Feb. (OTR/PRESS) -

Casi en vísperas de que se produzca la reunión de varios partidos de izquierda-a-la-izquierda-del PSOE, sigue la incógnita en torno a qué papel va a jugar la vicepresidenta y ministra de Trabajo Yolanda Díaz en el movimiento que resulte de este encuentro, el sábado en Madrid, entre Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y los Comunes.

La mujer que creó el movimiento Sumar va a hacer tres años en el polideportivo Magariños parece haber decidido dar 'un paso a un lado' cuando estamos en un momento decisivo en la reorganización de un espacio político que, sumadas todas las formaciones que comparten la misma ubicación, aglutinaría unos cuatro millones de votos, hoy dispersos en más de una decena de formaciones que van y actúan por separado.

Vaya por delante que pienso que Sumar, un nombre que posiblemente desaparezca ahora del protagonismo que hasta ahora ha tenido, fue una buena idea, quizá no del todo bien ejecutada. No ha sido fácil la coordinación de los partidos regionales que lo integraban, y ello influyó no poco en el funcionamiento, un tanto desordenado, especialmente en materia de comunicación, del movimiento magenta. Pero intentar aglutinar a todos los que se sienten integrados en ese espacio a la izquierda de un PSOE que, por cierto, cada vez se inclina, aunque a su modo, más a la izquierda, ha sido una tarea necesaria, quizá un fracaso admirable.

Ello no implica que ahora Yolanda Díaz sea tratada como un juguete roto, alguien que ya no sirve para liderar un movimiento multipolar que tiene demasiadas, y demasiado pocas, cabezas visibles. Dio el paso inicial, y ahora estamos ante una refundación que intentará, parece que sin ella al frente, superar viejos agravios y 'vendettas' por parte de Podemos, enemistado a muerte con Díaz. Quizá la nueva, o no tan nueva, formación que surja del Círculo de Bellas Artes este sábado logre ese acercamiento y volver a los viejos tiempos de hace siete años, quién sabe.

Confieso que miro con esperanza el paso que se va a dar, aunque Díaz no esté oficialmente al frente, en la confianza de que ella, en todo caso, formará parte del círculo en el que se tomen las decisiones. Otra cosa sería, para mí, difícilmente concebible. Díaz ha sido una ministra de Trabajo 'progresista', como corresponde incluso a su tradición familiar, y una vicepresidenta que siempre ha intentado corregir, desde el progresismo, el rumbo del PSOE, cuando ella lo consideraba equivocado en algún sentido. Y los aspirantes a liderar esa izquierda-de-la-izquierda, con Gabriel Rufián al frente, carecen de la suficiente implantación y trayectoria como para convertirse en dirigentes con carácter nacional, por mucho que organicen 'charlas' multitudinarias, y quizá algo folclóricas, en los cenáculos madrileños.

Estamos, en todo caso, en un momento políticamente importante e interesante, en el que las fuerzas partidarias experimentan profundas transformaciones, y no solo claro, en la izquierda: la derecha se interroga sobre el camino a seguir en una hipotética alianza PP-Vox; el centro, desaparecido, trata de renacer en partidos minúsculos que, como en tiempos de UCD, frecuentan mentideros capitalinos y el propio PSOE, acosado, tantas veces por su propia culpa, desde numerosos flancos, se interroga por el clásico 'quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos'.

Eso, sin contar con la influencia que, para bien o para mal, tendrá sobre el PSOE la recomposición del espacio a su izquierda: ¿cuántos votos perdería o ganaría el partido fundado por Pablo Iglesias (Posse, naturalmente) hace ciento cuarenta y siete años teniendo una opción lo bastante sólida y unitaria a su izquierda? ¿Serviría esa opción para 'corregir' el rumbo, tambaleante en algunos puntos, de ese PSOE ahora gobernante?

El tema, ya lo vemos, no es precisamente baladí, ni me parece secundario el hecho de que una figura tan destacada como la de Yolanda Díaz permanezca hoy como interrogándose sobre su futuro político, cuando hace apenas tres años se proclamaba, y lo creíamos, próxima presidenta del Gobierno de España. Sé que no todos compartirán esta frase que ahora escribo, pero no me resisto a hacerlo: 'Vuelve, Yolanda, que te perdonamos'. O no te vayas demasiado lejos, mejor.

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