MADRID 24 Jul. (OTR/PRESS) -
Sí, lo confieso: fui una fumadora empedernida durante por lo menos veinticinco años. Bueno, un poco más.
Encendía un cigarro al levantarme y apagaba el último antes de dormirme. Así día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que un dia en que arrastraba una bronquitis que me provocaba una tos persistente, fiebre, dolor de cabeza y ademas me impedía respirar, escuché al médico que me atendía decir lo que seguramente llevaba años diciéndome: tienes una drogodependecia con el tabaco. Di un respingo, tosi hasta casi ahogarme, y le mire con aprensión.
Fue en ese instante cuando decidí "intentar", solo "intentar", dejar de fumar. Así, cuando "superé" la bronquitis, comencé un camino que me resultaba difícil: no encender un pitillo al levantarme y olvidarme de los dos paquetes, o más, dependiendo del dia, que fumaba a diario. Lo pase mal, muy mal: sentía ansiedad, me costaba concentrarme cuando me sentaba a escribir, estaba nerviosa, me dolía la cabeza... No les voy a engañar: me gustaba fumar. Aún hoy, si alguien fuma cerca de mi el tabaco "rubio" que entonces fumaba, tengo que vencer la tentación de pedir que me pase un cigarrillo.
Pero eso sí, han pasado casi tres décadas sin haber sucumbido a la tentación y la tentación ha sido persistente. Como ex fumadora me he leído con atención el proyecto de la ministra Monica García para desterrar el tabaco de los hábitos de los ciudadanos.
Creo que es un proyecto importante pero que en este momento le viene bien al gobierno para disimular los otros temas que ocupan las portadas y que tienen que ver con la corrupción. Una manera de disimular que tenemos un Presidente, y un gobierno que nos deben a los ciudadanos el derecho de manifestarnos en las urnas.
Pero no por eso es menos necesario e interesante el debate sobre esta ley. La primera conclusión es que los ciudadanos de a pie no podrán fumar, pero quienes tienen una situación económica mas que desahogada, podrán hacerlo en sus "piscinas" privadas, en las fiestas que celebren en los jardines de sus chalets, y por supuesto en sus yates, ademas de poder viajar a playas paradisíacas en el otro extremo del mundo donde podran fumar lo que les de la gana, etc, etc. Tampoco será necesario viajar lejos porque, incluso en países de nuestro entorno, podrán fumar sin problema.
De manera que serán los ciudadanos de a pie sobre los que recaera el cumplimiento de la ley de doña Mónica García.
O sea que, salvo que la ministra mande "drones espias" sobrevolando chalets y lugares donde solo tienen acceso unos cuantos elegidos, habrá unos ciudadanos que no puedan fumar en público y otros que lo seguirán haciendo en lugares restringidos al común de los mortales.
Creo que es necesario "educar" y "convencer" desterrar el tabaco. La lista de "males" que provoca no deja lugar a dudas. El principal es que el tabaco mata. Estoy de acuerdo en que no se debe fumar a las puertas de un colegio ni en determinados lugares, pero si se permite beber en cualquier parte, si se permite drogarse en cualquier rincón, si se permiten tantas cosas, molestas unas y claramente inconvenientes para la salud otras, acaso doña Mónica debería "repasar" y matizar su lista de lugares prohibidos. Y lo digo desde mi condición de ex fumadora voluntaria.