MADRID, 24 (EUROPA PRESS)
Este lunes (22 de junio) y martes (23 de junio) han sido los más cálidos de este mes en España desde al menos 1950, con una anomalía media peninsular de +7,1ºC, según ha señalado el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), José Ángel Núñez, basándose en datos provisionales.
Núñez ha especificado además que, durante esta ola de calor, tres días se han situado entre los diez más cálidos de la serie histórica del mes de junio: el 21, 22 y 23 (el domingo, el lunes y el martes). Una vez desagregados los datos entre máximas diurnas y mínimas nocturnas, las noches del lunes y el martes fueron las más cálidas del mes.
En este contexto, se han producido multitud de efemérides en estaciones con series largas, sobre todo en el norte del país. Por ejemplo, este 23 de junio se registraron 43,7°C en Tama (Liébana), el récord absoluto de temperatura máxima en Cantabria (computando todos los meses del año).
Además, el portavoz de AEMET ha indicado que en el Aeropuerto de Bilbao se superaron los 40ºC los días 21 y 23 y es posible que este miércoles también se sobrepase nuevamente ese umbral. Hasta este momento, sólo se habían registrado 18 días con máxima mayor o igual a 40ºC entre 1947 y 2025. Sólo en un año de los 80 de la serie, se alcanzaron o superaron los 40°C en Bilbao en dos ocasiones, en 2022: con 40,9ºC el 18 de junio y 41,2ºC el 17 de julio.
Por su parte, ha indicado que "prácticamente seguro" que el cambio climático ha potenciado el efecto invernadero en la atmósfera, por lo que las olas de calor y los episodios muy cálidos cada vez son más frecuentes y se producen de forma más temprana y, al revés con los episodios fríos.
LAS OLAS DE CALOR AUMENTAN A RAZÓN DE 3,3 DÍAS POR DÉCADA
En lo que respecta a las olas de calor, Núñez ha explicado que en España se han registrado 78 olas de calor desde 1975 sin contar con la actual, es decir, 458 días. Hasta el año 2000, hubo 129 días en ola de calor. En comparación entre 2001 y 2025 se registraron 329, es decir, más del doble.
Además, ha apuntado que las olas de calor en España son cada vez más frecuentes, duran más días, afectan cada vez a más provincias y tienen más intensidad. En concreto, cada diez años aumentan a razón de 3,3 días, se extienden a 3,2 provincias y se hacen 0,26ºC más intensas. "En la primera década de la estadística, entre 1975 y 1984, el promedio era de 3 días en ola de calor al año. Los últimos 10 años, entre 2016 y 2025, el promedio fue de 22 días de ola de calor al año", ha indicado.
En un escenario futuro "optimista" de emisiones de gases de efecto invernadero "medias" se podrá pasar de este último promedio a 47 días a finales del siglo XXI. En un escenario de emisiones altas, el número de días podría ser de 60 y en un escenario de emisiones muy altas, de 77.
Asimismo, ha precisado que si bien las noches muy cálidas han aumentado en número en toda España, este incremento es especialmente llamativo en las comunidades mediterráneas, donde ya eran frecuentes hace décadas. "Hablar de noches tropicales en el Mediterráneo, aquellas cuya temperatura mínima no baja de 20 °C, ya no tiene sentido, porque casi el 100% de las noches del verano tienen estas características", ha explicado.
De esta manera, ha explicado que el promedio de noches tropicales en el aeropuerto de Barcelona --fuera de la ciudad-- era de 19 entre 1950 y 1980. En los últimos diez años, la media ha subido a 80, con el máximo absoluto de 104 noches que se registró en el 2022. En Valencia, en un observatorio urbano, el promedio entre 1950 y 1980 era de 46; mientras que en la última década es de 90, con el máximo absoluto del año pasado de 113 noches.
El portavoz de AEMET ha apuntado a que hay varias causas que explican esto. Si bien la principal es el cambio climático, también está el fenómeno de la isla de calor en las grandes ciudades, donde la propia estructura urbana impide la circulación de aire de las típicas brisas de tierra nocturnas.
A su vez, los materiales que componen la estructura urbana como el asfalto, el tráfico y los edificios contribuyen a una mayor concentración del calor en el centro de la ciudad durante el día, calor que luego resulta más difícil disipar a lo largo de la noche. "Además, los materiales de construcción de la ciudad evacuan muy rápido la humedad y no se puede producir el típico enfriamiento por evaporación que se produce en zonas de huerta fuera de la ciudad donde abunda la vegetación", ha explicado.