El marido de la jinete de la Policía Nacional fallecida el sábado pide que su muerte no sea "inútil"

Actualizado 04/08/2008 20:17:18 CET

El viudo critica que los altos mandos "desaparecían" cuando les preguntaba por las razones por las que su mujer no llevaba casco

MADRID, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -

El marido de la jinete de la unidad de caballería de la Policía Nacional que falleció el pasado sábado como consecuencia de la caída de su montura, que le produjo un traumatismo craneoencefálico al no llevar casco, pidió hoy que la muerte de su esposa no sea "inútil" y sirva para que se dote al cuerpo de los elementos necesarios de seguridad, según declaró en una carta dirigida a Elmundo.es recogida por Europa Press.

El viudo, Juan Carlos, relata en el documento que espera que a alguien "le remuerdan las entrañas y se sienta tan culpable de su muerte que dote a todos y a cada uno de los miembros del escuadrón de caballería del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil de un casco protector homologado". "No creo que cueste tanto dinero como para no poder afrontarlo desde el Ministerio del Interior, creo que con un par de dietas de alguno ya se equiparía a medio escuadrón", manifestó en la carta.

La fallecida pertenecía a la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana de Madrid, tenía 32 años y, aunque había nacido en Pamplona, "se había criado entre Zamora y Madrid".

En el documento Juan Carlos relata que llevaban dos años casados y eran "inmensamente felices juntos". El viudo cuenta que cuando se despidió de Bea, su esposa, ésta se dirigía a su trabajo "contenta y feliz porque iba a dirigirse a hacer lo que más le gustaba en este mundo: montar a caballo".

La amazona participaba en una exhibición en la Casa de Campo para celebrar el último curso especializado de la unidad de Caballería, donde los miembros de la Policía opositan dentro del Cuerpo. En concreto, la joven pertenecía a la promoción anterior. Tras el accidente, fue ingresada en el Hospital Clínico de Madrid con pronóstico grave.

Juan Carlos niega que su mujer sufriera un mareo "como intentaban decir algunos" y dice que fue una compañera de la agente la que le llamó para avisarle del accidente laboral de Bea. "Entonces llegué volando, intranquilo, nervioso, pero con la esperanza de que la caída fuera un brazo o una pierna rotos, o un golpe, pero nada de importancia".

EN COMA

Al llegar al Hospital San Carlos se encontró con que su mujer estaba en coma, "debatiéndose entre la vida y la mierte en una cama de urgencias". "Me quedé mudo, triste, solo quería llorar y, sin embargo, tenía que aguantar la llegada de grandes mandos del Cuerpo Nacional de Policía, a los cuales tenía que enfrentarme con serenidad", continúa en la carta.

Juan Carlos asevera que los altos mandos "venían de no interrumpir un acto en el que participaba el escuadrón al que pertenecía Bea, y que sabían de la gravedad de la caída". Explica además que todos le expresaron "su sentir" y le ofrecieron apoyo, pero que cuando les preguntaba por qué su mujer no llevaba casco, "cambiaban el rictus de la cara y ... ¡plof magia! desaparecían!, ese mando no volvía por el hospital y mandaban a otro".

"Bea falleció por no llevar casco, como me aseguró Sonia, la doctora que tan amablemente la trató en la UCI y tan humanamente me dijo que Bea había fallecido", dice Juan Carlos, quien agradece a la médica la atención prestada.

Según dice Juan Carlos, Bea fue enterrada en la tarde del sábado en su pueblo, Fariza de Sayago (Zamora), rodeada de familiares y amigos, que acudieron de todos los puntos de España y de fuera para darle el último adiós, y desearle un futuro mejor.

Critica que no fue enterrada con un funeral de Estado, no hubo fotos, ni cámaras. "Simplemente silencio, sólo roto por las lágrimas y sollozos de la familia y amigos y por el relinchar de Vaporoso, su caballo, al que trajeron unos compañeros desde Zaragoza", dice.

Juan Carlos también da las gracias a todos los que acompañaron a Bea en " su último destino forzoso" y a todos lo que "han rezado una oración por el descanso de su alma". Y concluye diciendo que "a los que no le dieron el casco, ni las botas reglamentarias, ni el uniforme de su talla, a esos... simplemente desearles que el nombre de Beatriz les atormente dentro de sus cabezas para el resto de sus vidas".

SIN PROTECCIÓN

Por su parte, el portavoz de la Confederación Española de Policía, Lorenzo Nebrera, criticó que, como ocurre con todos los agentes de Caballería en España, Bea "no llevaba ninguna prenda en la cabeza que le protegiera", y llamó la atención sobre este "hecho lamentable" que la Dirección General de la Policía "ni siquiera está estudiando aplicar".

Según explicó Nebrera, la joven no cabalgaba su montura habitual, que había sido trasladada para una comisión de servicio en Zaragoza, sino otro animal, que el responsable sindical describió como "muy peligroso y nervioso" que ningún otro funcionario quería utilizar.

En este sentido, destacó que a la fallecida, que llevaba un año de servicio en su puesto, ni siquiera se le habían facilitado unas botas reglamentarias de jinete, utilizando unas provisionales de goma no apropiadas para su labor. "La mitad del vestuario que tiene lo tuvo que comprar ella", insistió.

Nebrera calificó de "auténtica aberración" que no "haya dinero" para dotar de material de seguridad a los funcionarios destinados en caballería, "pero sí para los vehículos blindados" que utilizan los altos cargos.