Vista del Vesubio en Nápoles - EUROPA PRESS
MADRID 3 Ene. (EUROPA PRESS) -
De origen griego y ocupada sucesivamente por romanos, bizantinos, lombardos, normandos, franceses y españoles, Nápoles es una ciudad donde la historia no se conserva en vitrinas: late en cada esquina. Desde su fundación como Parténope hasta convertirse en la capital indiscutible del sur de Italia, la ciudad ha acumulado capas de memoria, conflictos y acontecimientos que hoy se perciben en cada edificio y callejón.
Si toda ciudad tiene múltiples versiones, Nápoles las multiplica hasta el infinito. Aquí, hablar de cultura es hablar de historia, pero también de gastronomía, superstición, fútbol, religiosidad popular y vida al aire libre. Los balcones se convierten en escenarios, las plazas en salones compartidos, y el Vesubio, imponente sobre la ciudad, recuerda que belleza y peligro conviven en perfecta armonía. Nápoles no se explica: se vive.

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Tal vez el primer plan que se pueda proponer para descubrir Nápoles sea simplemente caminar desde el origen de la ciudad, situado en torno al Castel dell'Ovo, donde nació siendo un enclave de los colonos griegos de Cummas bajo el nombre de Parténope. Recorrer el Borgo Santa Lucia, dejarse abrazar por la columnata de la Piazza del Plebiscito o adentrarse en el laberinto de los Quartieri Spagnoli. El recorrido puede hacerse sin guía, aunque nada mejor que dejarse acompañar por alguien que conozca las leyendas --como la del Munaciello-- y las costumbres de la ciudad.
Ya con un mapa mental de Nápoles y, si puede ser, de las diferentes monarquías que la gobernaron, el siguiente paso será profundizar en el arte napolitano, con características únicas gracias a la gran mezcla de estilos que se fraguaron en sus calles. Es especialmente relevante el estilo barroco, más visceral y dramático que el romano --Nápoles fue escenario del trabajo de artistas como Caravaggio y José de Ribera--. Edificios como San Gregorio Armeno, la Cartuja de San Martín o la Capilla Real de San Gennaro son paradas imprescindibles para sentir esa intensidad artística.

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Pero la ciudad también ofrece otros estilos arquitectónicos: la catedral, el propio Castel dell'Ovo y el Castel Nuovo conservan vestigios medievales, mientras que la fachada almohadillada de la Chiesa del Gesù Nuovo es ejemplo del renacimiento véneto aplicado al sur de Italia.
El neoclasicismo también tiene presencia en la ciudad: la Piazza del Plebiscito, con la basílica de San Francisco de Paula, y el Teatro di San Carlo son ejemplos de la influencia borbónica, especialmente del rey español Carlos III que, mientras fue rey de las Dos Sicilias, permaneció en el Palazzo Reale, edificación que combina barroco y neoclasicismo.

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RESTOS DE LA ANTIGUA ROMA
Pero si hay un plan obligado al visitar Nápoles es ir a Pompeya. La ciudad, junto a Herculano, que quedó sepultada por una erupción del Vesubio en el 79 d. C., es una ventana única al mundo de la Roma imperial. Caminar por sus calles es como viajar en el tiempo: se conservan casas, templos, panaderías, talleres y hasta los frescos que decoraban las paredes, ofreciendo un retrato sorprendentemente real de la vida cotidiana.

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Esta experiencia se puede complementar con otras visitas: por ejemplo, un tour por la Nápoles subterránea o una visita a los templos griegos de Paestum, situados cerca de Salerno. Además, Nápoles tiene uno de los mejores museos arqueológicos del mundo donde se guardan grandes obras de la Antigüedad, como el Mosaico de Issos que muestra a Alejandro Magno luchando contra los persas.
PIZZA, PERO TAMBIÉN MARISCO Y PASTA
Pero no todo en Nápoles es historia: su gastronomía es un viaje en sí misma. Más allá de la pizza Margherita, la ciudad ofrece pizza frita, spaghetti alle vongole o a la puttanesca, mozzarella de búfala, cuoppo di mare y parmigiana di melanzane. Los postres, como el sfogliatello o el babà al ron, son imperdibles, especialmente en lugares emblemáticos como el Gran Caffè Gambrinus.
Para disfrutar de la pizza napolitana, dos recomendaciones son La Locanda del Grifo, en el centro histórico, y las pizzerías de Diego Vitagliano, consideradas de las mejores del mundo, donde incluso se pueden tomar talleres para llevarse un pedacito de Nápoles a casa.

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Las compras y la superstición son parte de la vida cotidiana: Via Toledo y Via dei Tribunali muestran el pulso de la ciudad, mientras que el corno napolitano, amuleto contra el mal de ojo, es un recuerdo tradicional que debe regalarse y no comprarse para uno mismo. Via San Gregorio Armeno, famosa por sus belenes, revela cómo lo sagrado y lo popular se entrelazan en la ciudad.
UN HOTEL CENTENARIO
Para coronar la experiencia, nada como alojarse en el Eurostars Hotel Excelsior, inaugurado en 1908 y hogar de numerosas personalidades. Con vistas al Vesubio y al Castel dell'Ovo, el Excelsior es un fragmento vivo de la historia napolitana. Por sus pasillos han pasado Alfred Hitchcock, Winston Churchill, Juan Carlos I y artistas como Jennifer Lopez o Vasco Rossi. Además, el cine ha encontrado aquí escenarios memorables, como en Viaggio in Italia de Rossellini o Il giudizio universale de De Sica.

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Sus salones, decorados con lámparas de cristal de Murano y mármoles de Carrara, se abren al golfo de Nápoles. Tomar un aperitivo al atardecer o degustar un babà al ron con vistas a Capri e Ischia es uno de esos pequeños lujos que definen la experiencia napolitana. Con 100 habitaciones de lujo y 22 suites, cada espacio tiene personalidad propia.

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Nápoles es única y múltiple a la vez. Sus distintas caras se pueden descubrir en un viaje completo o disfrutar solo de algunas, pero siempre dejando una huella imborrable en quien la recorre.