Crítica | Misión Imposible: Fallout, el blockbuster era esto

Misión Imposible: Fallout
PARAMOUNT PICTURES
Actualizado 23/07/2018 11:32:26 CET

MADRID, 23 Jul. (EUROPA PRESS- Israel Arias) -

Tras sorprender con la eficaz Jack Reacher (2012), el binomio Tom Cruise - Christopher McQuarrie confirmó esas buenas sensaciones en Nación secreta (2015), quinta entrega de Misión Imposible. Tres años después, el dúo dinámico del 'action-packed' eleva la franquicia a un nuevo nivel en Misión imposible: Fallout, un blockbuster ejemplar, un filme frenético, divertido y con algunas de las mejores secuencias de acción de las últimas décadas.

Las dichosas 'set pieces', que otras sagas taquilleras solo utilizan para justificar su astronómico despilfarro en CGI mientras convierten la pantalla en un caos inane lleno de ruido y destrucción, son aquí la feliz constante a la que se agarran Cruise y McQuarrie para ir armando un auténtico titán del cine palomitero. Misión imposible 6 despliega un rosario de enormes y demenciales escenas de acción perfectamente ejecutadas y hábilmente hilvanadas por un guión al que, a pesar de estar plagado de artimañas y vericuetos inverosímiles, es lo suficientemente hábil y autoconsciente para no dejar sus costuras totalmente al descubierto.

Una destreza que también exhibe a la hora de aprovechar de forma muy inteligente el legado de las cinco entregas anteriores. Un bagaje que Misión imposible 6 emplea tanto para dar algo de profundidad a sus personajes como para apuntalar con una sólida base una trama central que, y sin entrar en más detalles, es secuela directa de Nación Secreta. El guión de aquella, por cierto, también lo firmó McQuarrie.

Persecuciones por tierra, mar y aire, brutales peleas, tiroteos, lealtades enfrentadas, traiciones y demás aparatosos y enérgicos trances se suceden de forma imparable mientras Cruise -el más especial de todos los efectos con los que cuenta McQuarrie- hace, una vez más, su magia y, en ese constante 'in crescendo' de dos horas y media que es Misión imposible: Fallout, despliega ese 'no-sé-qué' que nadie sabe lo que es pero que, en estos trances veraniegos, es lo único que importa. Gracias Enrique. Y, sobre todo, gracias por esa actitud Tom.