Imagen de María Santísima del Dulce Nombre. - JORGE CARBÓ
ZARAGOZA 21 Feb. (EUROPA PRESS) -
La imagen de María Santísima del Dulce Nombre, titular mariana de la Cofradía de La Humildad y Dulce Nombre de Zaragoza, ha sido repuesta al culto tras culminar satisfactoriamente el proceso de restauración al que ha sido sometida en las últimas semanas.
La sagrada imagen fue trasladada para su intervención al taller del imaginero Francisco Berlanga de Ávila, autor de la propia talla devocional.
El escultor, natural de Sevilla y discípulo de Francisco Buiza Fernández, ha sido también el encargado de ejecutar el resto de imágenes del misterio, incluida la de Nuestro Señor Jesús de la Humildad.
Con esta actuación, se ha garantizado el máximo respeto a la concepción original de la obra, siguiendo los criterios técnicos y artísticos que el propio autor imprimió en ella durante su ejecución entre 1993 y 1994.
La reposición al culto de la Virgen coincide con la celebración del solemne quinario en honor de Jesús de la Humildad, en un marco de especial intensidad espiritual para la corporación. Para esta ocasión, la imagen ha sido situada en el altar de cultos levantado por el equipo de priostía, que ha cuidado cada detalle para realzar la profundidad teológica y estética del conjunto.
María Santísima del Dulce Nombre se presenta vestida de hebrea, siguiendo la tradición iconográfica propia del tiempo de Cuaresma, con indumentaria sobria que acentúa el recogimiento y la contemplación del misterio de la Pasión.
La imagen, de 1,72 metros de altura, es una talla de candelero en madera policromada para vestir, concebida según los cánones de la imaginería sevillana. Su rostro recoge el instante exacto en que María rompe a llorar ante el sufrimiento de su Hijo, condenado a muerte por el Sanedrín.
La expresión refleja un dolor contenido, profundamente humano, que se funde con la ternura maternal de quien acompaña a Cristo en su Pasión. Especial fuerza expresiva adquieren sus manos, dispuestas en actitud de llevarse una a los ojos para enjugar las lágrimas.
Este gesto de enorme naturalidad humaniza la escena y acerca al fiel al drama íntimo de la Madre. El llanto, plasmado con delicadeza en la policromía del rostro, transmite la desolación de María ante la condena injusta de su Hijo, siendo testigo impotente de su sufrimiento.
Los orígenes de la imagen se remontan a la etapa anterior de la corporación, cuando la cofradía estaba constituida como Hermandad de Jesús ante Caifás.
En 1992 se firmó el contrato con Francisco Berlanga para la ejecución de la Virgen, inicialmente prevista bajo la advocación de María Santísima del Desconsuelo, con un presupuesto fijado en 700.000 pesetas.
El escultor se comprometió a entregarla para la Cuaresma de 1994, tomando como base un original suyo de 1984 realizado para Sevilla, en referencia a la imagen de María del Carmen Doloroso, con la que guarda un evidente parecido.
La imagen fue bendecida el 19 de marzo de 1994 en una solemne función celebrada en la iglesia de Santa Mónica, por el entonces obispo auxiliar de Zaragoza, D. Carmelo Borobia Isasa, junto con la imagen de Jesús de la Humildad.
El hermano mayor de la cofradía, Alejandro Longines, ha destacado que "la vuelta al culto de la Virgen del Dulce Nombre supone un momento de profunda emoción para todos los hermanos. Hemos querido que su restauración la realizara su propio autor para preservar con total fidelidad la esencia y la expresión que él mismo concibió hace más de treinta años".
Longines ha subrayado además que "la coincidencia con el quinario de Jesús de la Humildad no es casual, sino providencial. Contemplar a la Madre vestida de hebrea, en actitud de enjugar sus lágrimas, en el altar preparado por nuestra priostía, nos ayuda a vivir con mayor intensidad el misterio de la Pasión y a renovar nuestro compromiso cristiano".
Finalmente, el hermano mayor ha invitado a todos los fieles y devotos a acercarse al templo para "reencontrarse con el rostro de una Madre que llora con nosotros y por nosotros, pero que también nos enseña a esperar con fe".
La advocación del Dulce Nombre remite a la tradición de la Iglesia que celebra el nombre recibido por la Santísima Virgen ocho días después de su nacimiento, según la costumbre judía, agradeciendo los beneficios y gracias que los fieles reciben por su mediación. Esta fiesta fue instituida por el papa Inocencio XI en 1683, si bien ya se celebraba en España desde el siglo XVI.
Con su regreso al culto, en el contexto del quinario de su Hijo y enmarcada en el altar preparado por la priostía, la Cofradía de La Humildad y Dulce Nombre invita a hermanos y devotos a contemplar de nuevo el rostro de la Madre que llora con esperanza, testigo fiel del misterio redentor de Cristo.