Un testigo vio al acusado de matar a un compañero de obra en Santoña atacarle por detrás

Los hermanos del acusado dicen que en el Hospital de Cruces sólo se le diagnóstico un brote psicótico sin avisarles de la esquizofrenia

Europa Press Cantabria
Actualizado: martes, 10 marzo 2009 15:46

SANTANDER, 10 Mar. (EUROPA PRESS) -

El peón que hace dos años mató a un compañero de obra en Santoña le atacó por detrás, sin que mediara discusión alguna y sin que la víctima le hubiera amenazado previamente ni tuviera ninguna herramienta en la mano, según ha relatado hoy otro trabajador de la obra, que fue testigo de los hechos a una distancia de tres metros.

De esta forma, contradice la versión del acusado quien, en su declaración de ayer, aseguró que la víctima le hacía "la vida imposible", además de que ese día le gritó y le amenazó con un destornillador. José H.S. también sostiene que sólo le dio cuatro de las doce puñaladas que se le imputan, y que todas fueron de frente.

El testigo ha desmentido igualmente el motivo que dio José H.S. para el inicio de la discusión, cuando dijo que se debió a que el fallecido, gruísta, no le subió una manguera que necesitaba para su trabajo de montador de grandes tabiques. Tanto este peón como el encargado de la obra han relatado que la citada manguera ya había sido subida antes de los hechos, que sucedieron a primera hora de la mañana.

Varios compañeros de la obra de Santoña en que ocurrieron los hechos testificaron hoy en el juicio que se sigue en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, y en el cual también han declarado los hermanos del acusado, que han hecho hincapié en que meses antes se le diagnosticó un brote psicótico, pero que en ningún momento se les advirtió de que posteriormente fuera a desarrollar la esquizofrenia paranoide que sufría.

El acusado, natural de Sestao y residente en Castro en el momento de los hechos, se enfrenta a penas de 16 años de internamiento en un centro psiquiátrico por un delito de asesinato, por parte del Ministerio Fiscal, y de 22 de cárcel o internamiento en centro psiquiátrico penitenciario, en el caso de la acusación particular, ejercida por la familia de la víctima y que extienden la responsabilidad a la madre del acusado por no prestar atención al tratamiento psiquiátrico que se le recomendó antes de los hechos, cuando tuvo un primer brote psicótico.

La defensa pide la libre absolución por la eximente de alteración psíquica o una pena de un máximo de cinco años, y entiende los hechos como un homicidio, algo que rechaza la acusación particular al entender que hubo ensañamiento por la forma en que se atacó a la víctima.

"NIÑO, ME HA PINCHADO"

El trabajador de la obra que presenció el ataque relató como vio que el acusado se "abalanzó directamente" sobre la víctima, que estaba de espaldas a él, sin que hubieran hablado antes y sin que llevara una herramienta como el destornillador al que se refirió el acusado. "Podría asegurar que no llevaba nada en la mano", manifestó.

Tras el ataque, el agredido se desplazó andando hasta él y le dijo: "Niño, me ha pinchado". Después, "cayó muerto" a los pies del testigo, a quien no le dio "tiempo a nada". "Fue un amén, se me cayó muerto", expresó.

A continuación, José H.S. salió corriendo, algo que también vio desde un piso elevado otro compañero, que oyó los gritos y bajo, encontrándose con el finado "bocabajo" y ayudando a sacarle. Desde un quinto piso, el encargado de la obra también oyó los gritos, y bajó, viendo a la víctima "en el suelo" mientras sus compañeros le tapaban las heridas. Estaba "inmóvil" y en un "charco de sangre", añadió otro.

El encargado de la obra definió a la víctima como una persona con un "comportamiento correctísimo" a quien se le "podía tener perfectamente en la obra" porque era "responsable". Otro de sus compañeros, el que estaba junto a él cuando le mataron, dijo que era una "buena persona" y le describió como "un tío acojonante".

Ninguno de los testigos tuvo problemas en la obra con el fallecido, y relataron que conocían, por otros, la existencia de discusiones previas entre ambos. El encargado de la obra contó que la víctima decía de su luego agresor que "era un déspota".

Tras el ataque, el acusado cogió su coche y, a la altura de la zona de las conserveras de Santoña, colisionó con otro vehículo. Le preguntó a su dueño si funcionaba, y lo utilizó para desplazarse hasta Vizcaya, donde entregarse. Esta última parte la narró el propietario de ese vehículo, que admitió que José H.S. no se lo pidió, pero señaló que optó por "retirarse" al ver que éste tenía un cuchillo.

"EL SHOW DE TRUMAN"

Los hermanos del acusado han narrado el proceso de deterioro mental que experimento José H.S. y que les llevó, seis meses antes de estos hechos, a ingresarle en el Hospital de Cruces (Barakaldo, Vizcaya).

Si bien en un principio notaron que decía cosas de las que "a veces" se reían, pronto las encontraron "preocupantes". Así, primero le vieron "distinto" con la familia, con quien abandonó el trato en celebraciones como las navidades o cumpleaños. "Ni sobrinos ni nada", relató uno de los hermanos.

Posteriormente, José H.S. mostró un "comportamiento extraño", temeroso de que le "andaban persiguiendo" y sosteniendo que "la televisión le hablaba" y que lo que le pasaba era "como el show de Truman".

Ante esta situación, pidieron que fuera ingresado en el Hospital de Cruces, para lo que fue necesario una ambulancia y también presencia policial ante el temor a que reaccionara violentamente. Aunque no le gustó e insultó a sus hermanos, accedió voluntariamente a ir.

Allí le diagnosticaron un brote psicótico y un tratamiento. Pero ambos hermanos han criticado que no se les informara del riesgo de que sufriera esquizofrenia. "La doctora nos dijo lo de los brotes psicóticos, pero nunca habló de esquizofrenia", dijo uno, que admitió que sí se les advirtió sobre la peligrosidad.

"Yo no sabía que era un enfermedad real, sólo un brote psicótico, y ahora resulta que es esquizofrenia", añadió el otro, que preció que ese diagnóstico se lo hicieron ya en el Hospital Valdecilla de Santander.

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