El padre de Sara: "Le vi un moratón en un brazo y me dijo que había sido el vampiro"

Trib.-El padre de Sara: "Vi a la niña un moratón en un brazo y me dijo que había sido el vampiro", en alusión a Roberto
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Actualizado 09/05/2019 13:42:39 CET

Vecinos de la pequeña coinciden en que oían llorar a la víctima "desde que se levantaba y hasta que se acostaba"

VALLADOLID, 9 May. (EUROPA PRESS) -

El padre de Sara, la niña de 4 años de cuya muerte, en agosto de 2017, están acusados su madre y el novio de ésta, ha mantenido que hasta que él abandonó el domicilio conyugal, el 16 de junio de ese año, su pequeña nunca había presentado hematomas ni lesiones extrañas, situación que sí comenzó a generalizarse a raíz de la aparición de Roberto H.H. en la vida de su mujer, ambos dos compañeros de banquillo.

La esperada declaración de Marinel F, sobre todo porque la defensa de Roberto trata de sembrar dudas respecto de que el padre biológico pudiera ser el autor de los hechos, se ha producido en el octavo día del juicio con jurado que se sigue en la Audiencia de Valladolid, donde el primero ha explicado que las únicas lesiones que apreció en su hija fueron unos hematomas en el culete durante su estancia con la víctima y la hermana mayor de ésta en Pedrajas de San Esteban entre los días 23 y 28 de junio, así como un hematoma en un brazo, en una fecha que no ha podido determinar.

Respecto de los moretones en la nalga, Marinel, en declaraciones recogidas por Europa Press, recuerda que al preguntar a la mayor de las hermanas, Andrea, de 12 años, ésta le explicó que Sara se había lesionado al golpearse accidentalmente con una puerta, si bien respecto del hematoma observado en el brazo refiere que fue Roberto.

"Vi a la niña un moratón en un brazo y me dijo que había sido el vampiro", calificativo con el que la peque se refería a Roberto, el nuevo novio de su madre, ha apuntado Marinel F, quien a lo largo de su declaración ha dejado bien claro que mientras él permaneció en el domicilio conyugal, hasta el 16 de junio, con incursiones esporádicas en el inmueble a partir de entonces para asearse y ver a las niñas, Sara nunca tuvo que recibir asistencia médica por hematomas y tan sólo fue atendida por algún resfriado.

"Era una niña normal, alegre", ha incidido su padre, quien ha explicado que la última vez que vio con vida a su hija fue el 7 de julio de 2017, ya que al día siguiente se marchó a Rumanía.

No fue hasta el 11 de julio y el 28 de julio cuando recibió sendas llamadas de su expareja, la también acusada Davinia M.G, en el primer caso para contarle que había llevado a la niña al Hospital Campo Grande para ser atendida de la hinchazón que presentaba en los labios, lo que activó el protocolo de malos tratos, y en el segundo por un supuesto golpe en la sien con una mesilla que se había dado la niña.

La tercera llamada la recibió en su país de origen el día 3 de agosto, fecha de la muerte de Sara en el Hospital Clínico Universitario, centro en el que se hallaba ingresada desde el día anterior tras haber sido hallada en el domicilio inconsciente, con numerosas lesiones--tenía algunas de la uñas de pies y manos arrancadas--y con signos de haber sido violada vaginal y analmente.

Precisamente, Marinel ha roto a llorar al recordar la llamada que un policía nacional le hizo ese día para darle la triste noticia de la pérdida de su única hija, ya que la mayor es fruto de una relación anterior de Davinia.

Durante su declaración, el testigo, que está personado como acusación particular, con petición de condena tan sólo para Roberto, ha relatado también las vicisitudes que tuvo que pasar cuando Davinia inició su nueva relación y él, que aún permanecía en el domicilio, tuvo que irse una noche, el 30 de mayo, a dormir a un hostal e incluso pasó una semana, entre los días 16 y 23 de junio, pernoctando en el coche de la acusada en plena calle.

Marinel también ha asegurado que sabía por referencia, tanto por comentarios de la familia de Davinia como de ella misma, que Roberto no soportaba a los ciudadanos de origen rumano, como era su caso, y ha añadido que en una ocasión su todavía mujer, que a lo largo de su declaración ha roto a llorar, llegó a confesarle que su nuevo novio había instalado en su móvil una aplicación para tenerla controlada.

LOS CONTINUOS LLANTOS DE SARA

La jornada ha contado igualmente, entre otros, con el testimonio de un matrimonio vecino de Davinia y Marinel en el que ambos han coincidido al afirmar que la niña Sara "no cesaba de llorar, desde que se levantaba y hasta que se acostaba", con la particularidad de que la pareja declarante ha definido a la primera como una mujer "descontrolada y que perdía los papeles" y, por contra, ha atribuido al segundo un papel "pacificador".

De hecho, el matrimonio ha subrayado que en dos ocasiones se vio obligado a llamar a la policía ante los llantos que procedían del piso cuando el mismo se hallaba tan solo ocupado por Davinia y sus dos hijas. "Tras venir en la primera ocasión la policía, Davinia nos dijo que era militar y que no sabía con quién estábamos hablando", ha recordado Felisa R, quien, al igual que su esposo, ha añadido que al abandonar el edificio los policías, la acusada se plantó ante su piso y empezó a dar timbrazos y aporrear la puerta.

"¡La niña lloraba muchísimo, desde que se levantaba y hasta que se acostaba!", han indicado los vecinos, que también han relatado que la noche previa al 2 de agosto, cuando Sara fue hallada inconsciente en su dormitorio, escucharon cómo Roberto gritaba a la pequeña para que se terminara la cena porque si no la daba un "cocotón".

También han testificado dos profesoras de Sara cuando ésta tenía 3 años y cursaba Primero de Infantil en el curso 2016-2017, quienes, en la línea del padre de la pequeña, han puesto de manifiesto que en momento alguno observaron hematomas o lesiones en el cuerpo de la niña, al menos hasta finales de junio de 2017, y que ésta sí era algo retraída y presentaba problemas de aprendizaje que requerían del apoyo de un logopeda.

Ambas docentes ha incidido en que era Marinel el que normalmente llevaba a la niña al colegio y una de ellas ha relatado algún encontronazo registrado con Davinia, en las escasas ocasiones en las que ella acudía al centro, sobre todo porque "se quejaba de que no tenía tiempo cuando se la llamaba para cambiar a Sara cada vez que se hacía sus necesidades".

El juicio entra este viernes en su noveno día con más testificales. Tanto Davinia como Roberto se exponen a una posible condena de prisión permanente revisable.

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