Eduardo Mendoza indaga en su propia vida para construir una ficción en la novela 'El rey recibe'

El escritor Eduardo Mendoza
EUROPA PRESS
Publicado 04/09/2018 14:28:07CET

"Quería escribir la novela de un personaje que fuera pasando por los momentos importantes de mi historia personal"

BARCELONA, 4 Sep. (EUROPA PRESS) -

El escritor Eduardo Mendoza ha indagado en sus memorias para construir una ficción en la novela 'El rey recibe' (Seix Barral), primera parte de una trilogía que empieza con las peripecias de un periodista barcelonés en la década de los 60 y principios de los 70, ha explicado él mismo en rueda de prensa.

"No son unas memorias disfrazadas, pero parten de la misma idea que podría haber dado lugar a unas memorias", ha advertido este martes en rueda de prensa el autor, que ha recalcado que la historia, que refleja la historia de Barcelona y Nueva York, bebe de elementos autobiográficos, que plasma de forma cronológica e histórica.

Descarta haber convertido en su 'alter ego' al protagonista de la historia, Rufo Batalla: un plumilla que recibe como primer encargo la cobertura de la boda de un príncipe en el exilio con una bella señorita del alta sociedad, aunque comparte con él algunos episodios y vivencias.

"Quería escribir la novela de un personaje que fuera pasando por los momentos que a mi me parecen importantes de mi historia personal, ésto es lo que empecé a hacer y estoy haciendo", ha explicado Mendoza, que finaliza esta historia en la muerte de Carrero Blanco y que prevé, de entrada, culminar la serie en el año 2000.

No contempla la posibilidad de que la novela atraviese el siglo XXI, y argumenta: "Han de pasar 25 años para que algo sobre la historia reciente se pueda convertir en novela".

CAMBIO DE REGISTRO LITERARIO

Tras publicar diferentes historias de humor e ironía, la nueva novela supone un cambio de registro, aunque la historia aguarda situaciones cómicas y recoge "la inconfundible voz y tono irónico" de Mendoza (Barcelona, 1943), han explicado el escritor y su editora, Elena Blanco, en rueda de prensa en la Biblioteca de Sant Gervasi de Barcelona.

"Había llegado el momento de cambiar de registro y de plantearme la posibilidad de hacer algo con mis memorias, es el triste privilegio de la edad. No tanto porque yo hubiera vivido cosas muy interesantes, o cosas que nadie sabe, porque la época está más que cubierta, peinada, analizada, pensada, retratada, sino porque creía que hay que ir dejando constancia de lo que hemos vivido", ha dicho.

"No podía hacerlo en forma de memoria porque me aburre muchísimo, además hay que tener una fidelidad y rigor en el dato que no me apetecía", ha explicado el autor, que para ambientarse en la época ha releído libros de esos años y revisitado programas de televisión neoyorkinos.

TESTIGO DE MOVIMIENTOS SOCIALES

El protagonista acaba por trabar amistad con el príncipe que le encomienda, entre otras cosas, escribir la crónica de su peculiar historia, mientras que el opresivo ambiente de la gris España franquista se queda pequeño para Rufo, que viajará a Nueva York con poco dinero y grandes esperanzas.

Rufo Batalla se convierte en testigo de los fenómenos sociales de los años 70, como la igualdad racial, el feminismo, el movimiento gay, el desplazamiento de los grandes centros culturales y la deriva de la cultura hacia nuevas formas de expresión.

SOCIEDAD PASIVA

Sobre el protagonista, ha dicho que es un joven pasivo, pero activo: "Las cosas le pasan, pero él las aprovecha, es muy consciente de que es un personaje pasivo que vive en una sociedad marcada por la pasividad".

Inmerso ya en la escritura de la segunda parte de la trilogía, que no descarta que acabe por ser tetralogía, ha admitido que el joven se escaquea de situaciones, pero ha dicho que "hay que perdonarle, porque en esta etapa todavía es joven, y ya tomará responsabilidades en sucesivos libros".

CENSURA

"En aquella época había unas características muy fuertes que marcaban la dictadura, la censura, aquella sociedad era como era, había cosas muy nocivas que ahora no tomamos en consideración, y otras que ahora nos parecen terribles y que en aquella época todo el mundo sabía como sortearlas", ha observado.

Sobre la censura, ha comentado: "Hacer la 'puta i la ramoneta' era un mérito por si mismo", ha destacado el escritor, que ha descartado que la opresión sobre la libertad de expresión de la época se pueda comparar en la totalidad de su alcance con la de la actualidad.