Actualizado 04/05/2007 18:37 CET

Justo Navarro funde realidad e irrealidad en la novela 'Finalmusik'

BARCELONA, 4 May. (EUROPA PRESS) -

El escritor andaluz Justo Navarro mezcla realidad e irrealidad en su última novela, 'Finalmusik' (Anagrama), la narración de los últimos días en Roma de un traductor antes de regresar a su Granada natal, durante el verano de 2004 en el que Italia vivía bajo la amenaza de un grupo islámico.

En la novela, Justo Navarro acerca a la relación de este traductor con una variopinta galería de personajes: una limpiadora, un ex boxeador, un monseñor polaco-alemán, una profesora de semiótica, un economista corrupto y el escritor de éxito del que traduce las obras.

Justo Navarro (Granada, 1953) aseguró hoy en Barcelona, durante la presentación del libro, que ésta bien podría ser "una memoria imaginada" de los hechos acaecidos entre el 9 y el 15 de agosto de aquél año, si no hubiera sido porque los grandes acontecimientos sucedieron en la realidad, pero no así "los detalles íntimos".

El autor de 'El alma del controlador aéreo' explicó que era "interesante" ubicar la trama de la novela en esos días de amenaza, en los que el obispo de Milán advirtió de una nueva guerra mundial o el criminal más buscado en Italia fue abatido a tiros en plena calle.

Sin ser autobiográfica, el traductor que protagoniza la novela "sigue los pasos" reales que el escritor dio en Italia, donde residió durante un año. "La Roma del narrador coincide con la mía", sostuvo, y la novela se circunscribe en el "ruido de mi memoria".

El escritor afirmó que "siempre" ha tenido "un mayor sentido de la irrealidad que de la realidad" y que desde que era un niño "estaba dividido entre lo que yo creía que eran las cosas y lo que en realidad eran". "La irrealidad siempre ha formado parte de mí", añadió.

Esta "irrealidad", confesó, le llevó a pensar cuando era joven --bajo la creencia de que cualquier persona bautizada podía ser Papa-- que, tras la muerte de Juan XXIII, vendrían a buscarlo de Roma para ser el nuevo pontífice.

Para él, esta novela ha supuesto la "felicidad" de inventar personajes y hacerlos hablar y una "celebración" de la literatura, que demuestra seguir siendo el embrión de la industria del entretenimiento.

Justo Navarro aseguró que escribir "es descubrir cosas que desconoces" y remarcó que la alegría "es un componente esencial de la literatura", señalando que hasta en autores como Franz Kafka "desprenden alegría entre líneas".

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