Archivo - Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y de la Audiencia de Barcelona - David Zorrakino - Europa Press - Archivo
BARCELONA, 26 Sep. (EUROPA PRESS) -
Fiscalía solicita 70 años de cárcel para un profesor de yoga y crecimiento personal, que se autodenominaba "maestro iluminado", acusado de los presuntos delitos de abuso sexual, trato degradante y lesiones a 5 mujeres que acudieron a él en un momento de vulnerabilidad emocional, por los que será juzgado el próximo lunes en la Audiencia Provincial de Barcelona.
En el escrito de acusación consultado por Europa Press, el ministerio público sostiene que el acusado impartía una pseudoterapia que, según él, consistía en "trabajar el ego de la persona y el crecimiento personal", haciendo creer a las víctimas que fuera del grupo todo lo que les esperaba era dolor.
Las víctimas fueron captadas en momentos de especial vulnerabilidad emocional por diferentes situaciones personales, como una ruptura sentimental, un accidente, una enfermedad o desarraigo.
Algunas de ellas formaron parte de este grupo durante más de 10 años, en los que sufrieron tratos vejatorios y tuvieron que superar "pruebas" para conocer sus límites, tales como comer comida del suelo con las manos atadas a la espalda o realizar juegos sexuales que consistían en simular una violación.
Lo hicieron hasta que una de ellas lo denunció en diciembre de 2020 --posteriormente siguieron sus pasos cuatro victimas más-- lo que motivó su detención en abril de 2021 en La Pobla de Lillet (Barcelona).
TRATO "DENIGRANTE"
Bajo el pretexto de la sanación personal, el acusado citaba a las víctimas en su domicilio para realizar unas primeras sesiones individuales que combinaba con meditación --por las que les cobraba--, en las que se nutría de información sobre sus vidas que después utilizaba para atacar sus puntos débiles.
El ministerio fiscal afirma que, de forma progresiva, las introducía en sesiones grupales y 'retiros' en los que mermaba el autoestima y autonomía de sus alumnos, "provocando que se creyeran todos los comentarios despectivos que les dirigía y ensalzando estos al 'maestro' como único salvador".
El acusado, que llegó a autodenominarse como "maestro iluminado", instruyó a sus alumnos para que no explicasen nada de lo que hacían en el grupo, haciéndoles creer que nadie los entendería y bajo amenaza de someterlos a castigos o a la expulsión, lo que provocaba en las víctimas una gran ansiedad al creerse perdidas y fuera del control del procesado, que les auguraba una vida llena de desgracias.
Fiscalía asegura que las sometía a un trato "denigrante y humillante", menospreciándolas continuamente delante del resto, consiguiendo su anulación, con el objetivo de doblegar su voluntad y someterlas a prácticas sexuales que, de otro modo, hubiesen sido inconsentidas.
En paralelo, ejercía un control absoluto sobre sus rutinas y sus relaciones sociales, instándolas a elegir entre su círculo de amistades o él, a dejar su trabajo o a su pareja, siempre bajo amenaza de expulsión.
PRÁCTICAS "EXTENUANTES"
El ministerio público describe sesiones y actividades "extenuantes", en las que presuntamente sometía a los alumnos a un debilitamiento físico y mental, en paralelo a una dinámica de hostigamiento, ostracismo e insultos constantes.
Entre estas actividades, destaca 'retiros' que incluían baños en el río en invierno, caminatas por la montaña sin posibilidad de descansar, comer, beber u orinar --incluso a mujeres en avanzado estado de gestación--, y la prohibición de tomar medicación en caso de lesionarse, conminando a las víctimas a "aguantar el dolor".
También describe agresiones físicas grupales, en las que el acusado animaba a los alumnos a golpear a otros, episodios en los que obligaba a las víctimas a acostarse con otras personas del grupo o externas a él, con él mismo o a participar en orgías, así como intentos de modificar su orientación sexual.
Estas prácticas formaban parte de "pruebas" que el acusado exigía a sus alumnos, que estos debían cumplir si deseaban continuar en el grupo, y que fueron ganando intensidad a lo largo del tiempo, teniendo las mismas, cada vez más, un contenido sexual.
La Fiscalía sostiene que si accedieron fue porque no tenían ya "ninguna capacidad de enfrentamiento hacia el acusado" y tras haber visto su autoestima y su capacidad de advertir los límites morales dañados.
El propósito del acusado era satisfacer "sus delirios sexuales", siendo consciente de que con la disciplina que les había impuesto había conseguido eliminar cualquier oposición de sus alumnos, destruir su personalidad, su capacidad de pensar y de cuestionarse la corrección de las esperpénticas acciones que les obligaba a realizar.
Mediante estas prácticas, les hizo creer que él era su única salvación, destruyó su personalidad y su moral, así como su capacidad para tomar cualquier decisión o para entender la perversidad de sus acciones, provocándoles daños psicológico "de carácter grave", por los que han requerido tratamiento a su salida del grupo.