BARCELONA 25 May. (EUROPA PRESS) -
El dramaturgo Salvador Távora y la compañía La Cuadra de Sevilla presentan a partir de este miércoles en el Teatre Victòria de Barcelona su visión particular del mito de Carmen, con una puesta en escena que se aleja de los clichés y de la visión complaciente que extendió Georges Bizet.
El montaje 'Carmen. Ópera andaluza de cornetas y tambores' se estrenó en el Festival Castell de Peralada en 1996 y, tras 15 años de andadura y casi mil representaciones en 24 países de los cinco continentes, regresa a Catalunya para explicar la vida de una mujer que "murió asesinada por querer ser libre siendo pobre, mujer, obrera y gitana", señaló Távora en un almuerzo con los medios.
El director sevillano explicó emocionado que su bisabuela, Carmen, que compartía con la protagonista tanto el nombre como la profesión de cigarrera, se había sentido indignada al ver la versión de la ópera de Bizet que mostraba a Carmen como una mujer frívola.
Recordó que su abuela siempre le contaba la historia de su bisabuela, y de la belleza y la fuerza de Carmen, que dignificó su oficio y el de sus compañeras antes de que se convirtiera en un "mito deformado" que no correspondía con la realidad de esa época convulsa.
"La Carmen que yo propongo puede ser reivindicada hoy en día porque es una mujer que lucha por su libertad y sus derechos, tanto en el amor como en el trabajo", aseguró Távora.
El objetivo del espectáculo, señaló, es utilizar el cante y el baile, tanto para divertir como para contar una historia: "La belleza de la imagen, la fortaleza de los trombones y la pasión del cornetín fascinarán a los espectadores", aseguró.
"Nuestro espectáculo no pertenece al lenguaje literario y no se centra sólo en el texto", dijo recordando que en la propuesta participan 30 músicos que no utilizan partituras.
A lo largo de los 15 años que la llevan representando, la acción de 'Carmen' se ha concentrado, ajustando los tiempos escénicos y los momentos dramáticos para conseguir ganar más impacto.
Otros de los cambios introducidos para las funciones de Barcelona son el cambio en algunas escenas para aumentar la tensión dramática y la decisión de no utilizar toros, que anteriormente formaban parte del espectáculo.
La ópera contenía una escena en que los toreros lidiaban al toro y posteriormente lo mataban para simbolizar que era una corrida, porque según Távora era un símbolo del sufrimiento de Carmen y conseguía que "la muerte se hiciera creíble y subiera al escenario".
Sin embargo, y después de una larga polémica, decidió no usarla en la mayoría de las actuaciones: "De las 1.000 representaciones que hemos hecho de Carmen sólo 80 han sido en plaza de toros y, de estas, en 60 ocasiones el toro ha sido lidiado mientras que en el resto ha sido recortado: una práctica en que no se mata al animal ni se le clavan banderillas.