MADRID, 15 May. (CHANCE) -
El mundo de la música llora la muerte de B. B. King, el rey del blues. Lucille, su guitarra, con la que compuso 29 álbumes y dio 15.000 conciertos por todo el mundo, se quedó muda esta madrugada en Las Vegas. Desde hacía dos semanas se sabía que la leyenda musical recibía cuidados paliativos en su casa, tras un agravamiento de la diabetes y la hipertensión que le fueron diagnosticadas hace una década. En el mes de octubre de 2014 sufrió un desfallecimiento en un concierto que le obligó a cancelar toda su gira, aunque su salud no hizo más que empeorar hasta que anoche decidió apagarse para siempre a los 89 años.
Aquel chaval, nacido en una familia de jornaleros de Mississippi y que fue abandonado por su padre, dio sus primeros pasos musicales en el coro de la iglesia, y, aunque tuvo una adolescencia dura, encontró en la guitarra aquel resquicio de esperanza que le convirtió en el más grande los exponentes del blues. De la pobreza absoluta a ser venerado por las mayores estrellas del rock, Riley B. King ganó 15 premios Grammy y el respeto absoluto de una industria que se rindió a sus pies durante sus más de 60 años de actividad profesional.
SU ÚLTIMA GIRA EN ESPAÑA FUE EN EL AÑO 2011
Le encantaba nuestro país y cada vez que podía se pasaba por alguno de los festivales de blues que pululan por la geografía española para dar un concierto, entre ellos el Jazzaldia al que acudió en numerosas ocasiones, como en su última gira en España en 2011 y cuyo arranque tuvo lugar el Festival Internacional de Peñíscola ante 4.000 personas. Se va para siempre un hombre que nos emocionó con su jazz y con su blues, con su forma de acariciar las cuerdas de Lucille y con su manera de cantar, profunda y rasgada, pero nos quedarán para siempre sus canciones, un enorme legado solo para nuestros oídos.