Luz Gabás publica 'El latido de la tierra', un canto a la España vacía

Publicado 13/09/2019 13:28:33CET
Luz Gabás, autora de 'El latido de la tierra'
Luz Gabás, autora de 'El latido de la tierra' - PLANETA - Archivo

   MADRID, 13 Sep. (CHANCE) -

"Un grupo de amigos reunidos tras mucho tiempo. Una mansión anclada en el pasado. Una mujer sacrificada a su legado. Un crimen con una víctima sin identificar, unos nuevos vecinos que llegan para trastocarlo todo. Secretos, mentiras, amores y traiciones. La fidelidad a la familia. Los pecados de los padres que recaen sobre los hijos. Un mundo antiguo que quiere resurgir de sus cenizas", así vende la editorial Planeta el último libro de Luz Gabás, El latido de la tierra, una novela ecléctica, tan ecléctica como cualquier persona, que mezcla la novela negra, con la novela romántica y la trama generacional que envuelve la herencia y la tradición.

Una historia que surgió en una noche de invierno, una noche nevada en la que Luz Gabás y sus editoras se encontraban frente al fuego reflexionando sobre la vida: "Empezamos a hablar de quién soy yo ahora, después de tantos años, cuando nuestro cuerpo empieza a perder consistencia perno nuestra mente sigue pensando de manera similar a cuando éramos más jóvenes", explica Luz. "El mundo me llama señora cuando en mi cabeza todavía me suena extraño. Esto es un drama, para mí lo es y lo ha sido. Entonces me planteé esta novela como una reflexión sobre cómo recuperamos el pasado y cómo nos enfrentamos a él, qué cara el ponemos y cómo nos arrepentimos. ¿Hay excesiva nostalgia? ¿Cómo nos adaptamos a los nuevos retos del futuro, esta generación que ha sufrido tantos cambios?", continúa diciendo.

Para presentar su nueva novela, la editorial Planeta nos ha trasladado hacia un pequeño pueblo de Guadalajada, llamado Majaelrayo, un pueblo con una población que no alcanza los cincuenta habitantes, un pueblo con sus casas rústicas de piedra pizarra donde todos los vecinos son una gran familia. ¿El motivo? El paisaje en el que Luz Gabás desarrolla su novela, un pueblo despoblado donde tan solo queda una familia que lo habita, una familia que carga con la responsabilidad de mantener una gran casa: Elegía. Una casa que obliga a Alira a tomar la decisión de alquilar algunas habitaciones de la mansión para poder seguir manteniendo su herencia y no abandonar dos de sus mayores pasiones: la naturaleza y su pequeño pueblo, que tanta libertad y vida le ofrece.

"Hay un gran conflicto en todas sus novelas, del que Luz siempre habla, y es el conflicto entre el arraigo y la libertad, entre la tradición y la libertad. Y esto es algo que estalla en este libro. Es su novela más sentida, porque en todos los meandros de la novela está ese conflicto", explica Laura Franch, editora de Planeta.

"Está en la historia de amor, está en el arraigo a la tierra, en la casa y está también en un ingrediente fundamental de esta novela, que es el presente de esta generación, hacia donde estamos yendo". Luz ya ha publicado tres novelas anteriores, Palmeras en la nieve, Regreso a tu piel y Como fuego en el hielo, pero esta es sin duda alguna la más romántica e intensa de todas ellas, porque va un paso más allá de los sentimientos, de las relaciones de amor de los personajes. Habla también de la lucha entre el individuo y la sociedad, y la evolución de ambos, de todo lo que corta nuestra libertad, del deseo de volver a la naturaleza.

"Haciendo esta reflexión sobre el pasado para escribir esta novela me topé con que mi vida ha estado siempre ligada al mundo rural y al concepto de la casa, que puede ser un honor, pero también una carga", explica la autora. La figura de la casa es un concepto que siempre está muy presente en las historias de Gabás, ya que es uno de los núcleos más importantes de la vida en familia y de la propia personalidad de una persona. En El latido de la tierra no podía ser de otra forma: "En la historia hablo de lo que significa mantener una casa en estos pueblos. Tener una casa grande implica un gasto económico importante. Hoy en día, o la transformas en algo o no puedes hacerte cargo de ella. Yo las recuerdo como seres eternamente enfermos e insaciables. Te engulle y tienes una relación de amor hacia ella, sí, pero también de responsabilidad. Es un placer, pero también una carga", comenta Luz.

La presentación del libro no solo ha acogido a periodistas de todas partes de España, sino que también ha contado con la participación de todos los pueblerinos de Majaelrayo. Son esos habitantes los únicos que conservan la historia del lugar, un lugar que podría llegar a perderse con el paso de los años.

Por eso, para Luz Gabás es tan importante hablar de la naturaleza y los pueblos deshabitados, pero, principalmente, es importante hablar de ese mito que envuelve a los pueblerinos y los define como personas tontas y brutas: "Me apetecía que se viera el mundo rural con naturalidad. No hay tanta diferencia entre las personas, de la ciudad y el campo. De hecho, yo vivo en un pueblo de pocos habitantes porque quiero, y he estado vinculada al mundo rural, pero además he estudiado, he viajado, he salido y puedo hablar de cine y de lo que quieras", comenta Luz con pasión, la misma pasión que vuelca en su novela para hacer comprender a sus lectores que pueblo y ciudad solo tiene de diferente la distancia hasta un hospital o un centro comercial, y no sus habitantes. "No hay tanta distancia, tenemos que dejar la barrera entre campo y ciudad, cada persona es como es y cada persona se adapta al entorno que desea. Los seres que habitan en esta novela, que habitan en el campo, son normales e igual de urbanitas, ya sean del campo o de Nueva York. Es lo mismo, tenemos que acabar con esa imagen inferior del mundo rural", explica.

Siendo una novela tan íntima, los lectores se preguntarán cuantos hechos están basados verdaderamente en la vida de la autora. Luz ha ahondado en sus más profundos recuerdos, en su pozo, para plasmar algunas de sus emociones y fantasmas más vividos; ha recordado como era durante su época adolescente y ha plasmado en las páginas de la novela muchos de sus recuerdos, en busca de que los lectores puedan sentirse identificados también con esa etapa en la que ella misma admite encontrarse, ese limbo en la mediana edad en el que no sabes hacia dónde te estás dirigiendo, en el que te cuesta comprender que el paso del tiempo también nos afecta y nos aleja de la juventud.

Siguiendo ese hilo de querer aportar elementos comunes entre todos, Luz Gabás escoge en este libro un amor diferente al resto de sus novelas: el primer amor, ese amor adolescente que te marca para toda la vida: "El recuerdo del primer amor es muy común a todos y por eso quería que fuese plasmado en la historia como uno de los principales focos románticos. En la vida de una persona, es tan intenso el primer amor que es un buen símbolo de ese pasado que yo quiero evocar. Si yo miro hacia atrás y sigo anhelando ese primer amor, ¿qué he hecho con mi vida? Vaya desperdicio. Por eso he escogido la figura del primer amor, porque es un claro ejemplo de como funciona el pasado, el presente y el futuro", dice la autora.

Esta novela es un juego continuo de saltos temporales, en el que nos movemos entre el presente y diversos pasados, para así poder desarrollar toda la historia: "Quería una disrupción temporal, quería muchas prolepsis y analepsis porque yo decía 'cómo vivo yo', yo vivo constantemente acordándome del pasado y pensando en el futuro. El tiempo lo llevamos alterado siempre en nuestra mente, estamos hechos de pasado y futuro y el presente es una suma de ambos. Yo quería convertir eso en estructura narrativa y jugar con el tiempo".

Un hecho que hace especial y diferente esta novela. Un detalle más que conforma una historia sobre la vida misma, sobre los pasados que no volverán y los futuros inciertos a los que nos enfrentamos día a día. Pero, sobre todo, una historia que habla sobre las bondades de la vida rural y sus retos, sobre esa España vacía de la que tantos hablan.

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