Cansancio, dolores de cabeza, frustración, impotencia... El exceso de responsabilidades puede hacer que el cansancio se apodere de ti
Madrid, 28 de septiembre de 2017.- Ser madre es un trabajo que requiere disponibilidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana y los 365 días del año. Cuidar a un hijo, o varios, se convierte en una prioridad absoluta; y hacerlo adecuadamente es el objetivo por el que se desviven para que su pequeño tenga todo lo que necesite y pueda disfrutar de una vida tranquila y con el menor número de preocupaciones posible.
Todos hemos sido hijos, y hemos vivido mejor o peor. Todos hemos tenido detrás la figura de una madre que ha velado por nosotros en cada momento y se ha esforzado al máximo para que no nos falte de nada, y ese afán, ese cúmulo de responsabilidades, puede ser totalmente agotador. Tanto, que muchas acaban extenuadas y requieren ayuda de especialistas para poder seguir adelante sin derrumbarse.
Este desgaste y sus consecuencias componen lo que se conoce como Síndrome de Burnout. Se trata de una respuesta del organismo del ser humano cuando se ve sometido a largos periodos de estrés intenso tanto física como emocionalmente. Observando antecedentes y las personas que lo han sufrido, es común encontrarlo en aquellos o aquellas que trabajan constantemente en contacto directo con personas que requieren de mucha ayuda o en situaciones de mucha tensión. Médicos y enfermeras son los más proclives a padecer el síndrome, incluso policías.
Ni es nuevo, ni es un término excesivamente joven. Ya en 1960, se usaba para determinar tanto las causas como las consecuencias de los agentes de policía de libertad condicional. Su situación laboral, con tantas vidas pasando y un excesivo cúmulo de responsabilidades y exigencias les llevaban a un estado de continuo estrés y desgaste; algo que en la actualidad puede verse también en psicólogos, trabajadores sociales... y madres.
El gran inconveniente del Síndrome de Burnout, además de sus consecuencias, es que puede confundirse fácilmente con un cúmulo de enfermedades debido a su sintomatología. Como bien explican en etapainfantil.com, las personas víctimas de dicho síndrome tienen dolores de cabeza continuos, cansancio extremo, dificultades gastrointestinales e insomnio. Y no solo eso, ya que también entran factores emocionales. Ansiedad, irritabilidad, distanciamiento afectivo y hasta depresión son algunas de las dificultades que provoca.
No tratarlo puede llevar al sujeto a sufrir anhedonia, que es ni más ni menos que la pérdida de la capacidad para disfrutar. El continuo malestar, la tensión, el estrés y todos los perjuicios que acabamos de listar hacen que el sujeto se vea envuelto en una continua sensación de impotencia, e incluso desesperación, desde que se levanta hasta que se acuesta. Hay que intentar tomar medidas en cuanto se observe el primer cúmulo de síntomas que apunten al Burnout, siempre tratando con especialistas que puedan determinar debidamente.
Puede que muchas madres se sientan identificadas al leer esto, y es tremendamente fácil de entender. Tener un hijo es una responsabilidad total que exige de una atención continua, y muchas madres además tienen que combinar esto con su vida laboral, aumentando exponencialmente el nivel de exigencia y responsabilidades. Sumemos también las obligaciones del hogar, aunque cada vez se repartan más entre miembros de la casa. Ordenar, limpiar, ver que el pequeño lo ha puesto todo patas arriba otra vez, volver a limpiar, volver a ordenar...
La frustración que genera este constante bucle de rehacer, con ese trasfondo de continuo cuidado y el aditivo de querer ser una madre perfecta, componen los ingredientes perfectos para caer en el Síndrome de Burnout. Un desgaste continuo entre mantener el orden en casa, prestar atención al pequeño, acompañarlo a sus actividades extraescolares cuando es más grande, llevar en la cabeza horarios, trabajo por hacer, evitar que tenga problemas y un sinfín de tareas que se agolpan en la cabeza.
Para evitar caer en este horrible bucle con tan malas consecuencias, lo mejor es organizarse. Todas las madres, y los padres han de entrar también en esto, deben mantener unas prioridades a lo largo del día, reservar unas horas para desconectar de tanta exigencia y pedir ayuda sin cortarse un pelo. Es imposible llevar tantas cosas hacia buen puerto con una sola persona haciéndolo todo, se debe cooperar, trabajar en equipo para que no haya un total desgaste. Es más fácil llevar una gran carga cuando hay más brazos para soportarla.
Y este es uno de los grandes problemas de la sociedad actual, de esa que tiene a unas madres perfectas que lo llevan todo al día y se cargan con demasiadas responsabilidades. Una familia con niños tiene más de dos componentes, y si todos se ayudan los unos a los otros es imposible que aparezca este síndrome tan molesto y, por desgracia, tan común en los tiempos que corren.
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Autor: Pedro Fernández
Empresa: OlimpoMarketing