Imagen del ascensor averiado dos años después de la dana en una finca de Benetússer (Valencia). - EUROPA PRESS
Vecinos de una finca de Benetússer, en lista de espera para cambiar la cabina y el espejo aún manchado de barro: "Está todo patas arriba"
VALÈNCIA, XX (EUROPA PRESS)
Dos años después de la dana de octubre de 2024, el ascensor de Rut, Nuria, María Josefa, Paulo Vicente y el resto de vecinos de una finca de la localidad valenciana de Benetússer, sigue reflejando los estragos que el agua provocó en los hogares de miles de personas. Esta comunidad se encuentra en lista de espera para cambiar la cabina del artefacto, que conserva el mismo espejo, aún con manchas, y que no ha podido recuperar al cien por cien el servicio en todo este tiempo. "Está todo patas arriba".
Rut, una de las propietarias, explica a Europa Press TV que, tras la barrancada, estuvieron 18 meses esperando una primera reparación del ascensor que, aun así, no ha dejado de tener problemas, agravados por las lluvias frecuentes que caen en esta zona.
De hecho, las tormentas de principios de octubre, coincidiendo con unas obras de la red eléctrica en la calle, provocaron que se vuelvan a inundar espacios del inmueble, como el almacén y el garaje, y que el ascensor tenga de nuevo problemas.
"Hemos vuelto a empezar y estamos igual", lamenta esta vecina, que se ve obligada a subir cinco pisos a pie. "Afecta a la logística diaria, pero sobre todo afecta a las personas más mayores que hay en el edificio, las que están enfermas o con movilidad reducida. Incluso tenemos vecinos desplazados desde hace casi dos años, que se encuentran en una segunda vivienda porque no pueden vivir aquí", recalca.
"Pasados dos años, nos preguntamos por qué los centros comerciales no han tenido problemas para encontrar piezas para reponer en sus ascensores mientras que sí los hay para las personas particulares, que es donde está la gente con movilidad reducida, la gente mayor, la gente con dificultad para desplazarse o los niños, ¿Por qué nosotros no?", se pregunta.
Rut hace notar que su ascensor "sigue teniendo la cabina llena de barro" y advierte que no es un caso único. "Hay muchos ascensores más. No es la cantidad del principio, por supuesto, pero sigue habiendo mucha dificultad por la mano de obra y por las piezas. Esto lo podíamos entender en una fase inicial, porque era mucha demanda de golpe, pero ahora...", apunta.
María Josefa tiene 84 años y cuenta cómo influye esta situación en su día a día: "Si la bolsa (de la compra) es grande o tengo dos, dejo una abajo y subo una. Y el carro igual. Tengo que sacar las cosas del carro y luego subirlas".
La vecina subraya que el ascensor "hace muchísima falta". "Estoy operada de la cadera, que tengo prótesis y todo, y tengo que ir bajando las escaleras cogida a los lados. Y subir igual, así que muy mal. Y hay más personas mayores aquí en la escalera".
Una experiencia similar es la que sufren dos hermanas residentes en el edificio, una operada de reducción de estómago y la otra a la espera de una intervención quirúrgica en las rodillas. "Desde la dana siempre hemos tenido problemas. Nos cuesta la vida a subir y, encima, no nos podemos bajar a mi padre, que está con mi hermano, porque tiene 90 años, y si hay que llevarlo al hospital o hay que llevarlo al médico, no lo podemos bajar", inciden.
"Hemos estado un año y medio sin que el ascensor estuviera arreglado y luego volvió a llover, y se estropeó otra vez. Y esto es el pan nuestro de cada día. Se vive como puedes porque tienes que subir y bajar y tienes que seguir con tu vida", resumen.
"UN CAOS" PARA PERSONAS MAYORES
Su vecino Paulo Vicente, alquilado en la finca, se siente un "privilegiado" porque vive en el primer piso. "Pero hay personas mayores que viven más arriba y es un caos para ellos, muy difícil. A veces, cuando podemos, ayudamos", explica. El ascensor se ha arreglado en algún momento, pero "no ha quedado al cien por cien. La verdad es que ha sido como si no hubiese", apostilla.
Con este panorama, el sentir de los vecinos es unánime: "Hemos ido cambiando todo lo que nos han ido diciendo para arreglarlo, pero nunca ha funcionado. Dos años después de la dana, hay muchos más problemas, aparte de los que tenemos nosotros, en otros pueblos afectados: hay muchas cosas sin arreglar, está todo patas para arriba. Y eso después de dos años", recalcan.
EL SECTOR PONE EL FOCO EN EL ESFUERZO REALIZADO
Por su parte, el presidente de la Asociación de Ascensores de la Comunidad Valenciana, Ascencoval, Emilio Carbonell, pone el foco en el inmenso volumen de aparatos que quedaron destrozados por las inundaciones y en el esfuerzo que ha hecho el sector para poder dar respuesta.
"Han sido dos años de muchos frentes: el primer impacto, realizar presupuestos, la búsqueda de la financiación, búsqueda de técnicos, poner de acuerdo a las comunidades, la toma de decisión de aceptar los presupuestos, ver cómo se podía afrontar con la Administración, establecer las prioridades...", enumera.
"Ha sido mucho trabajo, mucha coordinación y siempre pidiendo paciencia a todo el mundo, porque evidentemente todo el mundo quería tener su problema resuelto lo antes posible", comenta Carbonell, que enfatiza que la reparación de ascensores es un trabajo especializado que "no se puede hacer de cualquier manera". "Por eso, al final, las cosas se hicieron a su ritmo y se hicieron bien", asevera.
Las cifras que ofreció Ascencoval a un año de la tragedia, en septiembre de 2025, dejaban una radiografía preocupante: un total de 780 ascensores dañados estaban todavía en ese momento pendientes de arreglar. Cabe recordar que se calcula que la dana arrasó un total de 7.530 ascensores, sobre un parque de 28.553 instalaciones existentes en los municipios afectados.
Carbonell declara que ahora "más o menos todo ha vuelto a la normalidad", aunque, "evidentemente, sigue habiendo circunstancias y personas que no puedan acceder a sus viviendas". Este portavoz expone que son "circunstancias aisladas que pueden deberse a múltiples problemas y que se irán resolviendo tan pronto se pueda".
En este punto, el presidente de Ascencoval reivindica que "el sector está continuamente dando servicio a todas estas personas que por algún motivo se ha quedado su ascensor inutilizado".
Aquí recuerda que en Valencia y el área metropolitana se registran con cierta frecuencia lluvias torrenciales, lo que se suma a las dificultades de 2024, cuando el destrozo sufrido por "muchas instalaciones a la vez sobrecargó el sistema, que no daba abasto".
Ahí el sistema "se tensionó mucho y hubo un momento de saturación muy grande", reconoce Carbonell, quien pide tener en cuenta que "se triplicó el trabajo durante la época posterior a las inundaciones y, por tanto, necesitas el triple de personal para instalar".