VALENCIA 20 Ene. (EUROPA PRESS) -
El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) inauguró hoy la exposición 'Julio González versus Pablo Picasso', que reúne 145 obras, que ponen de relieve la "convergencia" entre las creaciones de los dos artistas en sus relaciones con el cubismo, especialmente, en la influencia que el genio malagueño supuso en la búsqueda del "espacio abierto o vacío" por parte del catalán, concepto que revolucionó la escultura del siglo XX.
Así lo explicó el historiador, crítico de arte y comisario de la muestra, Tomàs Llorens, quien presentó en rueda de prensa esta exhibición junto con la consellera de Cultura, Trini Miró; la directora del IVAM, Consuelo Císcar; la directora de la Fundación Picasso, Lourdes Moreno; y el delegado de Cultura del Ayuntanmiento de Málaga, Miguel Briones.
La exposición, que permanecerá instalada en el IVAM hasta el 6 de abril para posteriormente ser trasldada a la Casa Natal de Picasso, incluye los 84 dibujos del Cuaderno número 7 de bocetos preparatorios de las 'Las señoritas de Avignon' de Picasso, que supone un "anuncio de lo que será el cubismo" y una selección de 62 creaciones de González --29 esculturas, 20 dibujos, seis relieves y cinco pinturas-- que desarrollan la "herencia del cubismo en un campo como la escultura", afirmó Llorens.
La consellera de Cultura mostró su "satisfacción" y destacó la "importancia" de esta exhibición porque se ha reunido a dos artistas "irrepetibles" que ejercieron "un papel decisivo" en el arte contemporáneo. En esta línea, valoró el "encuentro fecundo" de los dos genios y consideró un "honor" que sea el IVAM el primero en exhibir este cuaderno por primera vez fuera de Málaga. Asimismo, reconoció el "prestigio nacional e internacional" del museo valenciano, que en 2008 fue visitado por unas 630.000 personas, un 15 por ciento más que el año anterior. Miró confió en que estas cifras sigan incrementándose durante 2009.
Por su parte, Consuelo Císcar, valoró 'Las señoritas de Avignon', obra realizada en 1907 que está considerada la "piedra angular" del arte del siglo XX "al marcar un punto de partida en el que se elimina todo lo sublime de la tradición para que el cubismo se erija con solemnidad", añadió.
Respecto a Julio González, destacó la "revelación inmediata y mística" en la que el artista "rescata figuras representativas de la feminidad tal y como vemos en esta exposición" que, a su juicio, "dialoga, en ocasiones de manera muy simétrica, con los retratos femeninos que esbozó Picasso para 'Las señoritas de Avignon'", indicó.
EL CAMINO DEL CUBISMO
Julio González y Pablo Picasso compartiereon las mismas influencias artísticas a principios del siglo XX, si bien sus trayectorias se bifurcaron cuando Picasso inició el camino del cubismo y del arte contemporáneo. Julio González tuvo una evolución artística mucho más lenta que, con ciertas diferencias, permaneció paralela a la de Picasso, uniéndose ambas trayectorias de nuevo en la colaboración que mantuvieron entre 1928 y 1930.
La mayoría de los dibujos preparatorios del Cuaderno número 7 están dedicados al problema principal al que se enfrentó Picasso a la hora de abordar la realización de 'Las señoritas de Avignon': el estudio de los desnudos femeninos. A lo largo del proceso puede verse cómo los desnudos se van deformando y desarticulando conforme se geometrizan. Es en esta deformación de los desnudos donde Picasso dió el paso definitivo hacia el cubismo, el movimiento de vanguardia más influyente del siglo XX.
A partir de 1921, Picasso había abandonado ya el vanguardismo para protagonizar en primera persona el desarrollo del arte moderno en lo que iba a ser su período más creativo, el de los años 20 y 30. Mientras tanto, Julio González, a lo largo de los años 20 , comenzó a aproximarse lentamente a la herencia de ese cubismo picassiano que dos décadas antes había ignorado.
Lo que le interesaba a González, y en esto residía su originalidad, eran las implicaciones que el primer lenguaje cubista, el que se basaba en el dibujo y en la luz, podían tener para una escultura realizada en hierro. De esa reflexión suya y, en menor medida, de la colaboración con el malagueño entre 1928 y 1930 iba a surgir su aportación capital a la escultura del siglo XX.