ALICANTE, 12 Nov. (EUROPA PRESS) -
Casi tres siglos después del ataque que dio origen al milagro, Calp sigue viviendo en octubre su acto más sagrado y emocionante. Una representación que no solo recuerda un hecho histórico, sino que mantiene viva la identidad de todo un pueblo.
La noche en la que la historia vuelve a respirar
Cada octubre, Calp deja de mirar al mar para mirar hacia dentro. En su Plaza Mayor la historia se convierte en presente. Miles de personas, vecinos y visitantes, se reúnen bajo la luz cálida de los focos para revivir el acto más esperado de las fiestas de Moros y Cristianos: El Miracle. El silencio se hace espeso. El murmullo desaparece cuando se oye el grito de los niños: "¡Foc en Ifac, moros a la costa!" Y en ese instante, el pueblo de Calp deja de ser espectador y se convierte en protagonista de su propia historia.

1744: un hecho real que cambió el destino de Calp
El Miracle tiene sus raíces en un episodio histórico documentado. El 22 de octubre de 1744, siete galeotas barbarescas desembarcaron en la costa calpina con la intención de saquear la villa. Calp, con una población escasa y sin fortificaciones sólidas, parecía indefensa. La tradición cuenta que un vecino, Moncófar, de padre musulmán y madre cristiana, traicionó a los suyos abriendo la puerta del Portaleta los invasores.
Pero en medio del caos, surgió la figura de Caragol, un joven calpino que logró cerrarla, salvando así a su pueblo. Los vecinos atribuyeron aquel acto heroico a la intercesión del Santísimo Cristo de la Suor, protector espiritual de la villa. Desde entonces, aquel milagro se convirtió en leyenda, devoción y símbolo de un pueblo que no ha olvidado.
Del recuerdo al escenario: 1976, el renacer del Miracle
Durante más de dos siglos, la historia del milagro se transmitió de generación en generación. Fue en 1976 cuando un grupo de vecinos decidió rescatarla de la tradición oral y convertirla en representación viva. Nació así la Fiestas de Moros y Cristianos de Calpe, que organizó por primera vez la puesta en escena del Miracle como parte del programa festero. Aquella noche de estreno, la emoción fue indescriptible. La Plaza Mayor se llenó, los parlamentos resonaron, los arcabuces retumbaron y el Cristo volvió a aparecer sobre el castillo iluminado.
Desde entonces, el Miracle no ha dejado de representarse cada mes de octubre, convirtiéndose en el corazón espiritual de las fiestas de Calp.
El acto que diferencia a Calp
A diferencia de otras localidades con fiestas de Moros y Cristianos, Calp tiene su propio relato. El Miracle no es un desfile ni una batalla simbólica: es una representación teatralizada de un hecho histórico documentado. Su singularidad reside en:
-Ser una escenificación realista basada en la historia del ataque de 1744.
-Contar con personajes propios: Moncófar (la traición), Caragol (la valentía) y el Cristo (la fe).
-Representarse en el mismo lugar donde sucedieron los hechos: la Plaza Mayor y el Portalet.
-Implicar a toda la comunidad: festeros, músicos, técnicos, familias y generaciones enteras.
Esa autenticidad ha convertido al Miracle en uno de los actos más singulares del calendario festivo valenciano, admirado por su capacidad de emocionar sin artificios, solo con verdad, historia y sentimiento.
Un legado que se hereda
El Miracle es, ante todo, un patrimonio emocional colectivo. No pertenece a una filà ni a un grupo concreto, sino a todo el pueblo. Las generaciones más jóvenes aprenden desde niños a respetar el silencio previo, a entender la historia y a vivirla con la misma intensidad que sus mayores. Cada año, los vecinos asumen los papeles protagonistas, herederos de quienes los interpretaron décadas atrás. Ser Caragol o Moncófar es un honor, una responsabilidad. Y en cada edición, el mismo aplauso final se repite: orgulloso, largo y emocionado.
Una emoción que une más allá del tiempo
Cuando el castillo se ilumina y los arcabuces estallan, algo sucede. El aire se llena de pólvora y devoción. El pueblo se mira y se reconoce en un mismo gesto: el de pertenecer a una historia compartida. Y en ese instante, cada calpino -da igual su edad o su filà- sabe que lo que le une a los demás no es solo una fiesta, sino una memoria común. Una memoria que sigue viva, que da sentido al presente y que distingue a Calp del resto.
Un milagro que sigue ocurriendo
Casi tres siglos después del ataque de 1744, el Miracle continúa siendo el eje de una identidad. La devoción al Cristo de la Suor, el respeto por la tradición y la emoción de revivir la historia cada octubre hacen de este acto un milagro renovado. Porque el verdadero milagro no es el de 1744, sino el de un pueblo capaz de mantenerse unido en torno a su pasado. Y mientras Caragol siga cerrando la puerta del Portalet y la plaza estalle en aplausos, Calp sabrá que su historia sigue latiendo.
(Información remitida por la empresa firmante)