FERNANDO LEZAUN/WARNER MUSIC
MADRID 3 Oct. (EUROPA PRESS) -
Tras seis trabajos de estudio, la banda de Berriozar ha tocado techo. 'En mi hambre mando yo' es la confirmación de que han encontrado un sonido y un lenguaje propio, pero elevándolo a su enésima potencia: Marea en estado puro.
Repasemo su historial. 'La patera' y 'Revolcón' fueron, en su momento, un tiro en la sien. Guitarras frenéticas y crudas, letras descarnadas y viscerales directas y grandes intenciones de resucitar el rock duro español, algo ablandado a finales de los 90.
'Besos de perro' y '28.000 puñaladas' fueron dos discos que confirmaron a Kutxi Romero como uno de los mejores escritores de canciones en español. En el plano musical, había evolución: perdían en crudeza, pero ganaban en sofisticación.
'Las aceras están llenas de piojos', sin embargo, fue -dentro de todo lo que nos gustó- un paso atrás. Grandes letras, pero en ocasiones inconexas, demasiado monótono en comparación con los dos trabajos anteriores y con mucha falta de definición en los instrumentos.
Con 'En mi hambre mando yo' toda la banda se ha resarcido. En la parte musical se hace evidente: cada instrumento ha encontrado su lugar y su sonido en cada una de las canciones. Digamos que ahora se disfrutará mucho más escuchándoles por separado.
Especialmente interesante resulta escuchar la batería de Alen Ayerdi que, ahora sí, gana prominencia en algunas de las composiciones y brilla con luz propia. Como si hubiera cogido una batuta de mando que hasta ahora no había probado y dirigiera la orquesta con mucho atino.
En la parte lírica, Kutxi Romero está más sembrado que nunca. Sus letras -su poesía- podría ser urbana si no fuera un 'Pasapalabra' de lo rural; podría ser literaria si no fuera como meter en una lavadora a Lorca y T.S.Elliot y darle al centrifugado.
Decimos que han tocado techo porque han logrado perfeccionar y limar ese sonido que encontraron hace unos cuantos discos, porque, igual que las letras de Kutxi, han llegado a esa fina línea en la que uno sublima sus trabajos anteriores o se repite como AC/DC.
Sin duda lo llamativo del disco es la ausencia de una canción acústica, una rareza -como lo era 'Los mismos clavos' en su anterior disco- o una balada, excluídas intencionadamente de este trabajo. Que más da. Los Ramones nunca hicieron una canción lenta, ni falta que les hizo.