Actualizado 02/04/2008 18:04 CET

Con 'Crucero de Otoño', Luis del Val pretende reflejar la hipocresía occidental

EP

MADRID, 2 Abr. (EUROPA PRESS) -

La novela con la que Luis del Val ha quedado finalista del Premio Primavera de Novela 2008, 'Crucero de otoño', de alguna manera también es fruto de un viaje. "Aunque es producto de mi imaginación me despertó la figura de los 'gentleman dancers', señores mayores que en los cruceros estadounidenses sacan a bailar a las mujeres cuyos maridos no pueden hacerlo, que conocí cuando me embarqué en uno de estos barcos", explicó el autor a Europa Press.

A raíz de esa figura, escribió 'Crucero de Otoño' en la que embarca a un espía, un senador y un multimillonario, entre otros, en un crucero por el Mediterráneo que se convierte en escenario de crimen y amor. "Crucero de otoño porque los personajes son otoñales y porque la vida es un viaje", comentó.

"Espero que atrape desde el principio, suscite alguna emoción y ayude a entender la hipocresía occidental", confesó el periodista y escritor sobre una novela que pese a ser ficción tiene mucho de la sociedad real. "Un crucero es un microcosmos en el que cabe todo el mundo: personas jóvenes y más mayores; personas con frustraciones y otras con esperanzas, canallas y criminales. Es una ciudad en la que sucede todo lo que puede acontecer en una sociedad", reconoció el también asiduo colaborador de la agencia OTR/Press y de la Cadena Ser.

Este escritor, con títulos de no-ficción también, reconoce que se encuentra más cómodo con la novela. "Los ensayos exigen ser riguroso y documentarse y yo soy desordenado y indisciplinado", confesó. Pero sea ficción o no, dijo que es "impagable y enormemente sorprendente que alguien dedique unas horas de su vida a leerme".

PREMIO PRIMAVERA 2008

A raíz de un viaje personal a Perú en el año 2000 el catedrático de Historia Agustín Sánchez Vidal (Salamanca, 1948) se dio cuenta de que la civilización Inca "esconde una historia que no nos es ajena" y se vio obligado a contarla. Lo hizo en 'Nudo de Sangre' (Espasa), su segunda y última novela, con la que ha ganado el Premio Primavera de Novela 2008. Luis del Val quedó finalista con 'Crucero de Otoño', una obra con la que espera ayudar a entender algo de la hipocresía occidental.

"En un viaje personal a Perú me di cuenta de que la civilización Inca esconde un tesoro, que no nos es ajeno y ¿qué mejor para una novela histórica de aventuras?". Con estas palabras Sánchez Vidal explicó a Europa Press el punto de partida de la novela que le ha valido el Premio Primavera de Novela 2008, convocado por Espasa Calpe y Ámbito Cultural.

Al salmantino pronto le atrajo una civilización sin registros escritos, sin arte figurativo ni moneda que se comunicaba y llevaba las cuentas a través de cuerdas y nudos. "Desde una cultura en la que la escritura ha jugado un papel tan importante, impulsado por la invención de la imprenta, es difícil de entenderlo pero, en el fondo, es la base de la cultura universal", reconoció Sánchez Vidal.

"Es de la revolución de las cuerdas y de los tejidos de donde los narradores sacamos los instrumentos más importantes para nuestro oficio: las tramas de los relatos, los nudos dramáticos y los desenlaces en las historias. La escritura es una especialización del entrelazo de palabras", apuntó.

Tras dejar reposar el viaje, el autor quiso compartir esta civilización, las "historias increíbles" que oyó y los "paisajes espectaculares" que presenció. Le llevó tres años ponerlo sobre el papel pero finalmente lo hizo, tras documentarse mucho a la vuelta, en 'Nudo de Sangre', que ,ambientada en el Perú colonial de los siglos XVI y XVIII, relata la búsqueda del tesoro de Atahualpa y la ciudad perdida de Vilcabamba cuando los jesuitas fueron expulsados de España por Carlos III.

Esta novela histórica y de aventuras incluye una historia de amor. "No es porque una novela tenga que tener una historia de amor, pero es que entre los intercambios de sangre que se dieron entre los españoles y los incas hubo muchas. He seleccionado las que me permiten navegar por la historia con más libertad", comentó.

El catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza admitió que para hilar la realidad y la ficción aplicó el sentido común. "Hay una regla de oro: si sustituyes algo que existió por algo ficticio tiene que ser para mejorarlo".

Pese a dejarse llevar por la lógica confesó que no siempre fue fácil y que pasó por la fase de rechazo y de no dormir, pero defendió que son escalones imprescindibles. "Sin resistencia no obtienes materiales interesantes. Hace falta encontrarse con problemas y enfrentarlos para dar lo mejor de uno mismo", apostilló.

Al final no sólo consiguió finalizar su segunda novela sino que la misma fuese premiada. "Cuando empiezas con la novela, tras publicar libros de no-ficción dignos, te da miedo hacer el ridículo. Ahora que me he arrancado, me confirmo y voy a dedicarme a esto", concluyó.