Hoy sale al mercado 'Vinagre y rosas', el nuevo disco de Joaquín Sabina, con el que pone fin a los grandes conciertos

Europa Press Cultura
Actualizado: martes, 17 noviembre 2009 8:53

MADRID 17 Nov. (EUROPA PRESS) -

Después de '19 días y 500 noches', un disco "muy humilde" hecho de un tirón, "sin dormir", Joaquín Sabina se quitó el miedo a su voz rota y decidió mostrarla "sin maquillajes". "La gente prefirió eso". Con aquel trabajo quedó muy contento y no ha sido hasta ahora, con 'Vinagre y rosas', que sale hoy a la venta, que el cantautor vuelve a estar satisfecho con las 12 nuevas canciones que se incluyen en este trabajo, un mano a mano escrito con la colaboración de Benjamín Prado.

Pero ahora, los miedos, son otros. "Entre mis terrores y pesadillas está subir al escenario. Sueño que me subo y estoy en 'bolas' sin saberme la letra de ninguna canción", confiesa el músico en declaraciones a Europa Press.

Sabina publica hoy nuevo trabajo tras cuatro años de silencio (su anterior CD fue 'Alivio de luto'). El artista presentará este trabajo en una gira de año y medio, que comenzará el día 20 en Salamanca y con la que recalará "por primera y última vez" en el Madison Square Garden.

La última experiencia con una gira de directos la protagonizó junto a Joan Manuel Serrat en 2007. "El lado bueno es que ahora no tendré que darle la mitad de lo que gane a un catalán", bromea Sabina, que se enfrentará al escenario "solo bajo el foco, sin Serrat". "Cada vez tengo más respeto al escenario, pienso si podré aguantar la gira... Quizá es exceso de responsabilidad", declara.

UNA DESPEDIDA

Más que a estar delante de 45.000 personas en cualquiera de los macroconciertos en Hispanoamérica (que visitará tras la gira en España, a partir de enero de 2010), Sabina teme, por ejemplo, cantar de nuevo en la Plaza de Toros de Las Ventas. "Va a ser la última gira grande, me despido de ese público y luego cantaré en teatros y clubs", anuncia.

Muchos de sus amigos y colegas aseguran que en 'Vinagre y rosas' está "el mejor Sabina", pero el cantante y compositor le quita importancia, aunque reconoce que el público sí está "ante el Sabina más saludable". "No sé si es el mejor Sabina, pero sí sé que estoy cerca de saber si son canciones guapas o feas, porque no me dan vergüenza", confiesa un músico que siempre ha considerado que el fin de escribir una canción es el querer conquistar a una mujer. "Y a veces sirven".

La mejor canción, para Sabina, es aquella que "se acerca a lo que has soñado, cuando las haces como si fueran las que te gustaría oír en la voz de Leonard Cohen o Chavela Vargas", explica.

"DOS DEPRESIONES Y UNAS COPAS"

Y parece haberlo conseguido con la ayuda de Benjamín Prado, con quien se marchó a Praga a escribir. "Nos sirvieron dos depresiones y unas copas", dice, para contar cómo fue el proceso de escritura de temas (en uno de ellos también ha participado Luis García Montero).

Ahí están 'Tiramisú de limón', con música de Pereza, al igual que 'Embustera'. O la especie de autobiografía en 'Viudita de Clicquot, así como el homenaje a Praga en 'Cristales de Bohemia'. También están 'Parte meteorológico', 'Ay Carmela', 'Virgen de la Amargura', 'Agua pasada', 'Menos dos alas' (en tributo al poeta Ángel González) o 'Crisis'.

"Su bache sentimental (en referencia a Prado, al que acababa de dejar su novia) y mi seca (por la sequía a la hora de componer por encontrarse en un momento de "felicidad doméstica") la curamos juntos en Praga", recuerda Sabina, que califica de "matrimonio sin sexo, como todos los matrimonios" el que protagonizó con el poeta.

Y es que, según dijo, "en la melancolía florecen las mejores musas" y ser feliz no sirve para la creación. "Tiene que haber más vinagre que rosas", considera un autor que más que hablar de buenos o malos, en sus letras hay "más de perdedores".

"LOS DE LA CEJA"

Sobre el momento actual que vive la política española y recordando su implicación en política, que el músico define como "cuando lo de la ceja" en apoyo al "primer Gobierno" de Zapatero, Sabina señala que aquel apoyo fue "por el miedo a que llegara la derecha y por apoyar una política de buenismo progresista".

"Entonces, había que dar la cara. Y sigo teniendo ese miedo, pero no sé lo que haría si me dicen ahora que haga la ceja", confiesa señalando que más lejos de ser un político es "sólo un lector de periódicos, y no soy optimista" ante la "crisis brutal".

Pero la peor crisis, a su entender, es la "educacional, el lenguaje de los 'grandes hermanos' y los 'triunfitos', que hablan con faltas de ortografía". "Es algo atroz", denuncia.

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