Edurne Pasaban, la primera mujer en todos los techos del mundo

Edurne Pasaban
EUROPA PRESS - Archivo
Publicado 04/03/2019 9:01:36CET

   MADRID, 4 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La vida de Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es la de toda mujer que se adentra en un mundo predominantemente masculino, aunque a más de 8.000 metros de altura. Decepciones, tragedias e incluso dos dedos amputados plagan un camino de nueve intensos años hasta convertirse en la primera mujer de la historia en ascender los 14 ochomiles del planeta.

   Muy lejos del Himalaya, la guipuzcoana comenzó a dar sus primeros pasos junto a su primo Asier, a los 15 años, escalando en roca. De Euskadi y los Pirineos, los retos se fueron ampliando a los Alpes, con la ascensión al Mont Blanc, y a los Andes, donde durante la década de los noventa alcanzó las principales cumbres.

   Fue entonces cuando la atención de Pasaban se dirigió a Asia, y sus siguientes once años se centraron en afrontar la hazaña himaláyica. Sin embargo, su primer intento, la subida al Dhaulagiri en 1998, quedó frustrado a solo 272 metros de la cima. Aquella experiencia, lejos de desanimarle, le empujó a intentarlo dos años después con el techo del mundo.

   PRIMER OCHOMIL: EL EVEREST

   El Everest se presentaba ante sus ojos como la oportunidad de conseguir su primer ochomil, pero todavía le hizo sufrir un par de años antes de ofrecerle la gloria. Así, en 1999 y 2000 se quedó sin hacer cumbre en sus intentos de ascensión por la cara norte y sin oxígeno, e incluso esa última experiencia le produjo problemas de congelaciones en los pies.

   En mayo de 2001, en una expedición junto a otros cuatro alpinistas, Pasaban lograba coronar el Everest con la ayuda de oxígeno artificial y por la vía del Collado Sur, la que 48 años atrás habían empleado el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay para convertirse en los primeros hombres en alcanzar la cima de la montaña más alta del planeta (8.848 metros).

   Contaba entonces con 28 años y con una energía inmensa para continuar la aventura, a pesar de la decepción que supuso la masificación existente en la cumbre. Ese mismo año, en otoño, el Himalaya le volvió a llamar para afrontar de nuevo el reto del Dhaulagiri. Una vez más, la séptima montaña más alta del mundo le privó de su cima, que renunció a coronar en el último momento por el riesgo de la subida, y se cobró además la vida de su amigo Pepe Garcés por un resbalón durante el descenso.

   Ni desistió ni desfalleció en su intento de conseguir la gesta; en mayo de 2002 hacía cima en el Makalu (8.463 metros), el 'Gran Negro', en la frontera entre el Tíbet y Nepal, y en octubre hacía lo propio en el Cho-Oyu (8.201 metros). En 2003 se sucedían las cumbres del Lhotse (8.516 metros), el Gasherbrum II (8.035 metros) y el Gasherbrum I (8.068 metros).

EL DRAMA DEL K2 Y LA DEPRESIÓN

   Llevaba ya seis ochomiles cuando decidió asumir el reto del K2 (8.611 metros), la segunda montaña más alta del planeta y quizás la más difícil de escalar. Era 2004, el año en el que se cumplía medio siglo desde la primera ascensión a su cima, y junto al programa de TVE Al filo de lo imposible y compañeros como Juanito Oiarzabal emprendió la subida. Los problemas se sucedieron desde el comienzo, con retrasos y con un descenso infernal, donde la congelación le provocó que le tuvieran que ser amputadas las falanges de dos dedos de los pies. Sin embargo, era afortunada: ninguna de las seis mujeres que habían hollado el K2 antes que ella vivía para contarlo.

   El drama vivido le hizo replantearse su futuro. Pasaban valoró regresar a la cómoda vida que podría proporcionarle su formación como ingeniera industrial, pero la montaña pesó más. Meses después, en 2005, estaba coronando el Nanga Parbat (8.125 metros); ya entonces se convirtió en la mujer viva con más ochomiles en su haber, con ocho.

   A su vuelta a casa le esperaba un dolor peor que cualquier inclemencia meteorológica en el Himalaya: la depresión. "He visto más cerca la muerte en la depresión que en la montaña", confesó en una ocasión en una entrevista a Mundo Deportivo. Durante un año y medio luchó contra ella, y llegó a estar cuatro meses hospitalizada tras dos intentos de suicidio. "En dos ocasiones intenté quitarme la vida. He estado en tratamiento durante toda mi vida deportiva", reveló en una entrevista a la Eitb. Solo cuando recuperó la ilusión retomó su proyecto en el Shisha Pangma, aunque sin hacer cumbre.

   El Broad Peak (8.047 metros), en 2007, hizo correr la cuenta hacia los 14, y al año siguiente el Dhaulagiri, 'la montaña blanca', no se le resistió en su tercera intentona, ni tampoco el Manaslu (8.156 metros). 2009 quedó reservado para el asalto al Kanchenjunga (8.586 metros), un ascenso exitoso pero que se cobró de nuevo su precio en congelaciones e incluso a nivel psicológico. "Bajando, a 7.400 metros, me abandoné. Les dije a todos que me dejaran allí. Ellos fueron los que me bajaron. Gracias a ellos estoy aquí", confesó a la televisión vasca.

   El temible y letal Annapurna (8.091 metros) fue el inicio de la recta final de su reto en 2010, que concluyó en el Shisha Pangma (8.027 metros) al quinto intento. Era la primera mujer de la historia en coronar los 14 ochomiles y, sin embargo, mientras bajaba, un vacío enorme se apoderaba de ella.

   El fantasma de la depresión acechaba, pero Pasaban buscó motivaciones para seguir adelante. El año de su gesta, recibió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo y el Premio Nacional del Deporte, que le colocaron en lo más alto del deporte español. Ahora, ofrece conferencias y clases en las que explica los valores que le han llevado a sobrevivir, en la montaña y en la vida: el sacrificio y la constancia.

Contador